A los muchachos de Barcelona les gustan los Levi’s

- 30/09/10
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Que si Barcelona colapsada, que si batallas en las calles, que si contusionados, que si un coche de la policía envuelto en llamas, que si los antisistema, que si alborotadores…

¡Cuánta exageración! ¡Qué ganas de ver las cosas con ojos torcidos!

Atiéndase a este estupendo video de la visita que hicieron a la tienda de Levi’s en el centro de la ciudad. ¡Gócenlo!

Miren a esos muchachos en día de huelga general. ¡Qué sanotes! ¡Qué espíritu de camaradería! ¡Qué amor por el deporte ―lanzamiento de piedras, concretamente! ¡Qué jovial manera de saquear los escaparates! ¡Con qué alegría pasan de mano en mano las piezas de ropa! ¡Qué gráciles saltos para sortear los tornos del metro!

Hay que ser de veras obtuso ―un facha, vaya― para fruncir el ceño ante tales graciosas chiquilladas.

Hay que ser de veras retrógado y conservador para ensombrecer las ganas de vivir de un grupo de chicos con deseos de bailar en torno a hogueras, lucir unos jeans nuevos y arrojar piedras para tensar los músculos y afinar la puntería.

Deberíamos cederles la ciudad una vez al mes. Qué jueguen con ella. Qué la usen.

Total, Barcelona es una ciudad plástica y la rearmamos enseguida como un LEGO.

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De lo importante, que es la carne…

- 26/08/10
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Lo importante, lo que de veras importa, es que en estas latitudes el verano está a pocos días de tocar a su fin.
Veremos de repente la llegada de los primeros fríos y será eso, ay, lo único que veremos. Ciegos a una; baldados los ojos; levantados los muros.
Se esconderá la carne expuesta en las calles y playas estivales bajo yardas de género grueso. Ni morenas piernas, ni felices escotes, ni espaldas largas, ni nalgas y pechos asomando por encima y por debajo de los breves telones que las sujetan.
Esto se va a joder en unos pocos días, señores, señoras, y apenas nos queda postrer consuelo: anuncian última ola de calor.
¡Disfrutémosla! Gocemos de este paisaje de desnudez que es de las pocas expresiones de genuina libertad que todavía pasea Occidente por sus calles, que lo otro que nos trae el curso político son elecciones.
¡Bah!
Elecciones son las del ojo que encuentra la carne en la calle… El pelo suelto y la carretera.

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Barcelona, y los turistas del MGIMO

- 23/08/10
Categoría: Urbanas | Etiquetas:
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Hoy me reuní en Barcelona con tres excondiscípulos. A primera hora de la noche terminamos celebrando en la terraza de Casa Fuster ―la mejor de la ciudad― lo que nos convocaba: los veinticinco años transcurridos desde aquel día de otro mundo en que nos matriculamos en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO).

Dos de ellos y sus familias venían por primera vez a la ciudad ―uno lo hizo desde Bruselas; el otro desde Moscú; (el tercero viajó desde Praga, pero no era su primer viaje acá)― y ello me obligó a enseñarles ciudad por la que camino cada vez menos, más allá del perímetro de Gràcia.

Ya saben: rodear el adefesio que es el Templo expiatorio de la Sagrada Familia y contar la historia de Antoni Gaudí, ese personaje de Chéjov sin Chéjov que lo retratara; atravesar el Eixample y vindicar la obra de Ildefons Cerdà, un tipo que me cae de puta madre; pasear por el Barrio Gótico callándome que es una invención moderna de bastante mal gusto; admirar las columnas del Templo de Augusto escondidas en un patio de luces; detenernos en la Plaza San Jaume y dedicar cinco minutos a la conspicua política de esta región de España; asomarnos a la Plaza Real, ¡asco de plaza!; subir por las Ramblas cuidándome de que mis invitados no fueran robados; comer en el Qu & Qu de Passeig de Gràcia ―me pareció apropiado para quienes paseábamos con seis niños pequeños y acerté― y subir por fin a los Jardinets de Gràcia para acabar rindiéndole pleitesía al Marqués de Cáceres con el mar al fondo, el Tibidabo a la espalda y el cielo al alcance de la mano.

Fui turista por un día, pues. Que también lo es hoy un cicerone. ¡Y de qué amigos!

Esta ciudad jovial que se parece más a, no sé, Arenys de Mar o Sitges que a una capital de provincia no está mal, oigan. ¡Hasta buen equipo de fútbol tiene!

Esta preciosa maqueta que sabe esconder sus mentiras sin los sobresaltos de Emma Bovary observa con codicia los avioncitos que buscan –uno tras otro― el camino de El Prat. No es una ciudad: es una gran alfombra que cubre sus miserias. ¡Con cuánto mimo lo hace, madre mía! ¡Con qué eficacia!

Bien pensado, va y me animo a volver a vivir aquí.

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