Yareyland: el olor del metano

- 07/05/10
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Curioso país.

La cámara de televisión enfoca a unos ancianos que visten guayaberas blancas tocados con sombreros de yarey y el locutor grita con voz de tiple: «¡Viva la juventud cubana!»

Eso fue el pasado 1 de mayo, en plaza de nombre en litigio ―como casi todo en el país de marras―, que si cívica, que si de la revolución.

Días más tarde la junta de venerables nombra nuevo cofrade. Cofrade viejo, en verdad. De apellido Lussón, con historial en las mismas guerrillas que auparon a esos viejos y antes, ¡vaya!, tronado por ellos mismos.

Seguidamente viaja cantante dizque contestatario a la ciudad donde viven todos los viejos, más otros, que huyeron de los viejos primeros y dice que no le gustan los actos de repudio que los viejos, los primeros y los segundos, auspician.

Antes o al mismo tiempo o vaya usted a saber, cesan, cese con fecha de término, los mencionados actos de repudio a instancias de un cura de relevancia. Relevante entre curas y parece que también entre los viejos del «¡Viva la juventud cubana!»

Seguidamente viaja al país una mujer, brillante parlamentaria española, para enseñar a un buen señor cómo se organiza un partido político desde la nada. Partido con el que remover el dominio del yarey. Los sombreritos ni se inmutan ante ese conato de ventolera.

Inmediatamente después un empresario que comparte nacionalidad con la ilustre pedagoga felicita al Comandante Yarey, suerte de viejo de todos los viejos, por su extraordinaria lucidez.

El color del verano. Así tituló Reinaldo Arenas novela hilarante sobre ese país imposible.

El olor del metano podría titularse la que cuente ahora la actualidad de ese país cada vez más curioso. El metano, ya saben: masivo, inocuo y a la vez explosivo.

El reto de su protagonista sería resolver esa última dualidad pareciera que imposible. La clave, se me ocurre, deberá encontrarla en el trenzado del yarey.

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España, aparta de mí este cáliz…

- 05/05/10
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Mañana se reúnen José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. El primero es presidente del Gobierno de España; el segundo, preside el principal partido de la oposición.

Es decir, se reúnen un tipo al que se vio hoy jugando a esto (los gestos, la boca):

http://www.youtube.com/watch?v=ZavzgJhgGdE

Y otro al que, hoy también, se vio jugar a esto (la boca, los gestos):

Esta tarde, comprando en el mercado de abastos de Gràcia ―allí, en parada que yo me sé, venden unos frijoles negros llegados del norte de México que habrían hecho salivar a Linneo― me llegó el siguiente diálogo desde la carnicería contigua:

―¿Lo tendrás para mañana?

―En la tarde, sí.

―Me pasaré.

―Pásate.

En esta España cuya clase política alcanza las cotas más bajas desde, al menos, el salpafuera de Fuenteovejuna, tengo por seguro que la breve transacción en el mercado será mañana mucho más útil a la marcha del país que el encuentro de esos dos zoquetes.

Lástima que sean ellos quienes hablen a los ojos de mosca de los micrófonos y se froten contra las rotativas.

Shin-Divider

De contra:

Por cierto, ¿alguien se perdió la despedida de Félix de Azúa?


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Asalto a la espontaneidad en La Habana

- 03/05/10
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En contubernio con la jerarquía de la Iglesia católica cubana, el gobierno de Raúl Castro acaba de conculcar el derecho a manifestarse a las decenas de ciudadanos espontáneos que se oponían a las marchas de las Damas de Blanco.

Estos opositores de los opositores, según repitió siempre machaconamente el gobierno de La Habana, eran vecinos que veían pasar de pronto frente a sus casas a un grupo de disidentes y les salían al paso. Así porque sí. Les salía de adentro, oye. Y ejercían un derecho tácito: en Cuba, «la calle es de los revolucionarios». De Fidel, vaya.

Se trataba, pues, del segundo grupo de cubanos que ejercía su libertad para manifestarse. Por un lado las Damas de Blanco y por otro los espontáneos revolucionarios. Íbamos avanzando, tú.

Hoy, sin embargo, la Quinta Avenida sólo ha visto pasar a las Damas de Blanco. Luego, cabe suponer que todos aquellos espontáneos han sido visitados por adustos agentes de la Seguridad del Estado, que les han amenazado con la pérdida de sus empleos y hasta con la cárcel. Esas mujeres y hombres que ya se nos iban tornando familiares… Tan monos ellos.

Ay, los pobres. Reprimida ahora su espontaneidad por la policía política. Mirando por los visillos a las Damas de Blanco paseándose impunemente, aguantando la rabia, incapaces de ejercer su derecho a la bendita espontaneidad.

No cuesta imaginar que comenzarán a organizarse para reclamar sus derechos. Que familiares, amigos y correligionarios se constituirán en Piqueteros de Apoyo a los que se oponen a los opositores. Que pronto tendremos a un tercer grupo de manifestantes: los que reclamen el derecho de libre y espontánea manifestación contra las Damas de Blanco y la libertad de los opositores a los opositores. Y ahí, tú verás, tendrá que poner paz la Iglesia Protestante.

Es que esto del castrismo es un sin vivir, caballeros…

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