Jorge Ferrer - 23/06/11
Categoría: Agua corriente, Crisis
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1) Si la situación en Grecia continúa degenerando hasta convertirse en una rémora insoportable para las economías europeas, ¿llegará a igualarse Atenas con Matanzas, la llamada «Atenas de Cuba»?
2) Si para Grecia, ¡Grecia!, vale la hipótesis de que sea anexionada por Alemania, ¿por qué repugna tanto especular con que Cuba sea anexionada por los Estados Unidos?
3) Si Grecia, cuna de la civilización occidental, se va definitivamente al garete y la observamos con menos lástima que recelo, ¿a qué tanto enjuagarle el lomo a la inepta satrapía de los hermanos Castro?
4) Si cuando se escriben artículos sobre la crisis griega los articulistas deslizan aquí o allá fragmentos de Eurípides o Aristófanes, ¿por qué cuando se escribe sobre Cuba no se echa mano de Espejo de paciencia o las notas de Zequeira en el Papel Periódico de La Habana?
5) Si los griegos salen a la calle a afearle el entreguismo a Papandreu, ¿no habrá algún cubano que se levante una mañana, se zumbe la dosis de café con chícharos, y se diga: «Hoy voy a ser aquel Zorba»?
6) Si Peloponeso y Cocosolo son topónimos que participan de cierta vecindad fonética, ¿no convendría erigir a ese barrio habanero en hashtag de Twitter por un día a ver qué tal?
7) Si «un griego» y «una cubana» son expresiones habituales en la pornografía y esa última voz es palabra de inspiración griega, ¿no valdría la pena que busquemos alguna palabra de la jerga cubana para sustituir a la también griega «crisis»?
Y así…
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Jorge Ferrer - 22/06/11
Categoría: Urbanas
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Hoy comenzó el verano. Una estación de mierda en la latitud donde vivo. El calor será poco menos que insoportable. Las facturas que me pasará la compañía eléctrica por el uso del aire acondicionado serán extorsión pura, cuando el resto del año son extorsión disimulada aunque apenas menos onerosa.
Esta ciudad se llenará de turistas, entre los que me molestan especialmente los apestosos ingleses y los detestables italianos. Los turistas de ambas naciones dicen más de la decadencia de Occidente que cualquier tratado de Spengler en adelante. La miseria griega le pone la tapa al pomo.
En la calle donde vivo hay una plácida y enorme residencia de estudiantes que se convierte cada verano en albergue de la gentuza más abyecta del continente. Compran alcohol a mi estimado Visham, el tendero indio que tengo en la esquina, tipo fino, aunque regordete, que les sonríe con desprecio primorosamente disimulado. Beben en las aceras, porque la residencia de marras les prohíbe hacerlo en el interior y vomitan y mean a placer, antes de regresar a sus bonitas universidades.
Yo paso los veranos aquí, uno tras otro, por razones que no vienen al caso. También lo haré este año y como en todos lo haré lamentando que no se nos permita a los barceloneses pegarle algunos tiros a esos ridículos bárbaros. ¡Me complacería tanto cargarme a un par en julio y a otros tres en agosto, por lo menos! Mandar a unas pocas de esas bestias a criar malvas.
¡Bah! Pero también eso nos está vedado. Habrá que consolarse, como cada año, viendo desfilar a los ejemplares femeninos de esa inundación. Observar a las bárbaras y después, tras la siesta, comentar con el bueno de Visham qué tal la calidad de la carne de esta añada. Que vaya magro consuelo estival.
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Jorge Ferrer - 21/06/11
Categoría: e-cuba
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Hoy estuve una hora y media hablando de la blogosfera cubana. Me tomaban entrevista para cierta investigación muy bien llevada por su inteligente artífice.
Hora y media hablando de materia tan vaporosa como las nubes que se alzan sobre toda cazuela de frijoles negros a la hora de cuajar.
Pero, oigan, yo obediente no me quejé y colaboré cuanto pude. Puede que hasta haya dicho algo de valor, que uno tiene sus fogonazos cuando se encuentra delante de un micrófono y una botella de Coca Cola.
Hora y media hablando de algo que no creo exista. Hora y media con el lleva y trae de lo que me parece una entelequia que se devoró a sí misma antes de que, ya cuajada como los frijoles de marras, fuera llevada a la mesa. A alguna mesa. ¡En el remoto y entonces promisorio pasado hasta logotipo le patenté!
Valió la pena esa hora y media, me digo. A fin de cuentas, yo también escribo sobre cosas que no existen y soy el último en discutirle a las palabras su capacidad generadora de realidad.
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