Trey Parker y Matt Stone, los creadores de South Park, son los últimos en la lista de los islamistas radicales. «Muslim Revolution» se hacen llamar esta vez los feroces cancerberos del rostro que nadie puede ver y, por consiguiente, nadie puede atreverse a dibujar.
La lista macabra que conforman hombres libres para quienes los dioses, como las pizzas, se eligen de una carta o se desechan en busca de platos más convincentes. Theo Van Gogh, degollado, o Lars Vilk, amenazado, son otros dos nombres. Por citar apenas dupla. El de un cadáver y el de un hombre libre obligado a cuidarse del fanatismo islamista. Son muchos más.
He invitado a tres caricaturistas cubanos a pensar a ese dios irrepresentable. A ese cuyos devotos ―unos pocos, en verdad― responden con «Revolution» que quiere matar cuando a alguien se le ocurre ponerle cara. Ese dios escurridizo, ese hombre invisible.
Estos opositores de los opositores, según repitió siempre machaconamente el gobierno de La Habana, eran vecinos que veían pasar de pronto frente a sus casas a un grupo de disidentes y les salían al paso. Así porque sí. Les salía de adentro, oye. Y ejercían un derecho tácito: en Cuba, «la calle es de los revolucionarios». De Fidel, vaya.
Se trataba, pues, del segundo grupo de cubanos que ejercía su libertad para manifestarse. Por un lado las Damas de Blanco y por otro los espontáneos revolucionarios. Íbamos avanzando, tú.
Hoy, sin embargo, la Quinta Avenida sólo ha visto pasar a las Damas de Blanco. Luego, cabe suponer que todos aquellos espontáneos han sido visitados por adustos agentes de la Seguridad del Estado, que les han amenazado con la pérdida de sus empleos y hasta con la cárcel. Esas mujeres y hombres que ya se nos iban tornando familiares… Tan monos ellos.
Ay, los pobres. Reprimida ahora su espontaneidad por la policía política. Mirando por los visillos a las Damas de Blanco paseándose impunemente, aguantando la rabia, incapaces de ejercer su derecho a la bendita espontaneidad.
No cuesta imaginar que comenzarán a organizarse para reclamar sus derechos. Que familiares, amigos y correligionarios se constituirán en Piqueteros de Apoyo a los que se oponen a los opositores. Que pronto tendremos a un tercer grupo de manifestantes: los que reclamen el derecho de libre y espontánea manifestación contra las Damas de Blanco y la libertad de los opositores a los opositores. Y ahí, tú verás, tendrá que poner paz la Iglesia Protestante.
Es que esto del castrismo es un sin vivir, caballeros…