Los cohetes de Corea del Norte

- 17/07/13
Categoría: Agua corriente
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No sé si lo he contado antes aquí. Lo traigo a propósito de ese barco norcoreano cargado con viejos aviones y coheticos soviéticos llevados desde La Habana a Pyongyang e interceptados hoy en el Canal de Panamá.

Es noticia que veo circular. Y es noticia mayúscula, aunque todavía a estas horas no se sepa muy bien qué hacer con ella.

Mi historia la roza muy tangencialmente.

Fue en 1992 o tal vez 1993. En uno de esos cuatro años que viví en Cuba entre mis ocho en Rusia y el día en que me largué, que fue uno de junio y 1994. Conducía yo una tarde el coche de mi padre y me embistió por detrás otro con matrícula diplomática. Golpe recio. ¡PUM! Y mis cervicales sufrieron su ay.

Me apeo, rodeo el carro y detrás un coche de la Embajada de Corea del Norte. El cabrón con su sello de Kim Il Sung en la solapa y los ojos y la moral igualmente rasgadas: borracho como un perro el hijoputa.

Soy un tipo moderado, ¡no se ría nadie!, y cuando vi al del embiste y su borrachera lo saludé en coreano. Pocos años antes había pasado cinco semanas en Pyongyang y recordaba lo que se me olvida ahora. El cómo se le dice hola a uno allá.

No le dije que pondría denuncia, porque de nada me habría servido. Pero sí le dije: «Estás borracho, comemierda». Y que me debía el arreglo y que me lo tenía que pagar. Me dio su tarjeta y concertamos cita para el día siguiente.

No recuerdo qué cargo ocupaba el tipo en la Embajada de Corea del Norte, pero sí la casona en Kohly. No era cargo baladí, a juzgar por el casón. Entré, criada mulata, cincuentona, y su qué desea el señor, yo que güisquisito, que siempre me he cuidado como gallo fino, y el tipo, ya sobrio, que qué pena, que cómo lo arreglamos, que quede entre nosotros, camarada, y que busque usted el taller y yo le pago la chapistería –que sabe ahora Dios, Kim, cómo me explicó eso el puto coreano. El güisqui es una metáfora y una eficaz herramienta de traducción, ya se sabe.

No recuerdo por qué bajamos al garaje. Nenas, nenes: ¡en ese garaje había más pacotilla que en la cueva de Alí Babá!

Y había el maná que necesitaba el carro de papá tanto como yo meterme un buen plato de cadne’e’puelco en aquellos años de hambre: una hilera de neumáticos nuevecitos, ¿treinta?, ¿cuarenta?

«Dame cuatro gomas (así le llamamos los cubanos a los neumáticos) y me olvido de esto ahora mismo», le dije. Vale anotar que el tipo me creía alguien importante: 23-24 años y con coche en la Cuba castrista de entonces, había estado en Corea del Norte, discernía en aquella Cuba entre marcas de güisqui y sabía elegir la mejor sin titubear.

A la mañana siguiente, una furgoneta dejó en mi casa cuatro neumáticos nuevos y dos botellas de Chivas Regal, por cortesía de la Embajada de Corea del Norte.

Fin.

Y no, no sé ahora cómo cerrar este post que busca reunir aquella vieja historia y la del tráfico de coheticos cubanos a Corea del Norte vía Panamá.

Pero en ambas, no lo duden, hubo güisquisito y componenda amistosa y un saldemos cuentas, camarada.

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Aviva la llama / Fan the Flame

- 07/06/13
Categoría: Agua corriente, Media
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Conocen mi debilidad por las campañas publicitarias que sirven a Amnesty International. Se han visto otras aquí. Esta, por ejemplo, en favor de la abolición de la pena de muerte. O esta, en vísperas de los Juegos Olímpicos en Beijing.

El insobornable prestigio de Amnesty en defensa de los derechos humanos hace que las agencias de publicidad más punteras pongan a sus creativos a trabajar cada vez que hay que arrimar el hombro. Amnesty les sirve de escaparate, sí, pero que el talento venda algo más que hamburguesas y lo venda bien admira siempre a este impenitente amigo de las hamburguesas poco hechas.

Esta vez ha sido Ogilvy & Mather, oficina de Londres. Y la fuerza visual de estas imágenes, muy hechas ellas a partir de elementos tan simples como unas figurillas de papel y una breve llama que llama a consumirlas –¿estás atento allá, Gaston?– es de una sutileza que llega a tiempo para oler a humo de Estambul. Son extraordinarias.

Fan the Flame / Aviva la llama… ¡Andando!

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Los “Cuban Five” se despiden de Enid Blyton y fichan por los hermanos Coen

- 04/05/13
Categoría: Agua corriente
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La jueza Joan A. Lenard devuelve a uno de los espías de la Red Avispa a Cuba. René de nombre. Y González.

Un movimiento cuya significación política me importa menos ahora que la estilística.

Sin ese René González la retórica de los “Cinco Héroes” experimenta una divertida Kehre, aparte de convertirse en un reto para los diseñadores de la cartelería raulista.

Antes a los espías-presos-y-confesos los manejábamos desde la no por plana menos eficaz prosa de Enid Blyton. La de “los cinco”, ya saben. Yo llevo años trabajando esa narrativa.

Ahora, desgajado uno, se cuelan de repente en la poesía postmoderna de los hermanos Coen. Son pasto del gran Lebowski:

 

Habrá que trabajar con eso.

 

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