Cine Lechuza, un colectivo informal dentro de la Escuela Internacional de cine y televisión, EICTV, de San Antonio de los Baños, Cuba, ha realizado un curioso cortometraje que apunta a la esposa del recientemente dimitido director de la escuela, el realizador guatemalteco Rafael Rosal.
Como es sabido, Rosal se vio obligado a abandonar su cargo hace unas semanas debido a un escándalo en la institución que dirigía. La designación de un sucesor interino, el cubano Jerónimo Labrada, es vista como una intervención del Ministerio de Cultura en la que hasta ahora fue una institución que gozaba de abundante autonomía. (Me consta: tuve la suerte de pasar unos días allí en 1992 editando el documental “Subir hacia atrás”, que dirigió Jamila Castillo). El disgusto del personal de la escuela, sus alumnos y la comunidad de egresados parece mayúsculo.
El cortometraje del colectivo Cine Lechuza, en cuyos créditos solo aparecen la denominación del propio grupo y “el tema”: “Las velas púbicas robadas a la mujer del director”, pretende ser un monólogo de Josephine Wilkie, la esposa de Rosal, con frases tomadas del blog que esta mantenía en la dirección serendipityandmadness.com Con sorna, viene precedido de un aviso: “Esta película es una ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.
Tanto el blog como el material utilizado en el corto muestran a una frívola Wilkie, periodista británica, no precisamente entusiasmada con Cuba y los cubanos.
Tal vez la intervención de la EICTV fuera motivada por algo más que un mero, y sobre todo puntual, problema contable.
(Los lectores de ETDLV y yo mismo agradecemos que me hayan hecho llegar este video, como agradeceremos más información sobre la suerte de esta Escuela magnífica.)
Ya fuera de Cuba, Josephine Wilkie amenaza con contar más, contarlo todo, “more revelations to come!”, amenaza: “The real blog starts here… out of Cuba”, titula.
Guillermo Álvarez Guedes, maestro del humorismo cubano, murió hoy en Miami.
Le debemos mucho los cubanos. Todos los cubanos. Muchas risas, que es el saldo primero de los humoristas. Pero le debemos también, yo diría que se lo debemos sobre todo lo demás, la exposición de un exilio cubano que supo reírse de la sinrazón que había dejado atrás en Cuba, de la nostalgia por una Cuba las más de las veces inventada desde el destierro y, ¡esa fue la verdadera magia del maestro!, un exilio que supo reírse de sí mismo.
Todos los exilios son caldo de patologías. Y el cubano lo ha sido. Duelo y dolor, nostalgia, divorcio de afectos con quienes quedaron atrás, temor a la muerte en tierra ajena, rencor, resquemor, rabia.
Álvarez Guedes consiguió, sin internet ni demás moderneces, vindicar al exilio de Miami, tan injustamente denostado, cuando aún no era más que paisaje de factorías y lágrimas. Y llegar a la Cuba más sórdida en los tiempos del castrismo más sórdido. A las salitas de Santos Suárez y La Lisa y Placetas y Las Tunas. Cassette a cassette, Dios grabado en TDK y también en la hoja de lija de ORWO, mantuvo a toda Cuba unida en torno a la risa que hacía saltar las lágrimas. Por una vez para nación dividida: lágrimas de risa.
Nunca nadie nos hizo reír más durante tanto tiempo, pocos como él glorificaron al exilio cubano de Miami, que es uno de las singulares fenómenos de nuestra historia de los que podemos sentirnos genuinamente orgullosos.
¡Descanse en paz!
Allá en Miami, a donde volvió a la carrera este bobo al que un día se le ocurrió subir a Pennsylvania:
El Servicio Federal de Seguridad (FSB, por sus siglas en ruso; antes por este orden: KGB, NKVD y GPU) ha devuelto hoy el manuscrito de Vida y destino a los herederos de Vasili Grossman.
Un mediodía del mes de febrero de 1961, Grossman recibió en su apartamento de la calle Begovaya, en Moscú, la visita de dos oficiales del KGB, que venían acompañados de sendos testigos. Antes había enviado copias del manuscrito de su novela mayor, Vida y destino, a las revistas Oktiabr y Novi mir. Ambas redacciones rehusaron publicarla y alguien avisó “a quien correspondía” de la existencia de ese manuscrito.
En tiempos de Jruschov, como Grossman anotaría más tarde con triste sarcasmo, no encerraban a los escritores: secuestraban sus libros. Tras incautarse de todos los manuscritos e incluso de las notas que sirvieron para escribir Vida y destino, los adustos agentes llevaron a Grossman por cada una de las redacciones de las revistas para retirar las otras copias. También se llevaron los manuscritos que guardaba en su despacho y en la casa de un primo suyo.
La novela debía desaparecer. Un alto funcionario le dijo que tardaría 250 años en publicarse. Grossman le escribiría a Jruschov un año después que esa no era manera de luchar contra la mentira de la que acusaban a su novela, sino de enfrentar, y ocultar, la verdad.
Años más tarde, el manuscrito que guardaba su amigo el poeta Serguei Lípkin fue sacado al extranjero. A ello ayudaron los disidentes Vladimir Voinovich, Elena Bonner y Andrei Sájarov. La primera versión en ruso apareció en la extraordinaria editorial L’Age d’homme, en Suiza, y un año más tarde fue publicada la versión en francés en coedición con Julliard.
El resto es materia conocida. Un clásico de la literatura del siglo XX que no ha hecho más que crecer. En España, y entre los lectores en español, la espléndida traducción de Marta Rebón para Galaxia Gutenberg ganó centenares de miles de lectores hace pocos años.
Hoy, más de medio siglo después del secuestro, la policía política rusa ha devuelto lo que robó a Grossman y nos robó a todos.
Tardísimo. ¡Tardísimo! Pero da igual. A Grossman le hubiera gustado saber que mucho antes de que se produjera esta devolución simbólica, su nombre, su libro mayor, eran ya una referencia literaria capital sobre el destino de los hombres y sus vidas terribles, azarosas y complejas.