Uno tremendista. Pero pertinente. Que hay que cuidarse la boca con la que pedir perdón por comer fast food. Es del Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM) y será emitido el 16 de septiembre.
Y sé de él porque resulta que hoy lo han prohibido en Reino Unido. Lo ha hecho la Advertising Standards Authority a partir de diez quejas. Léase la «sentencia». Los lamentos de The Lady, que no es la monja sino la revista que publicó el anuncio, ilustran la estupidez reinante.
Los anuncios de los helados Antonio Federici han jugado siempre con la idea del pecado dentro de la Iglesia. Nada extraordinario, porque no se han metido en el fondo de la cuestión. Nada que escandalice demasiado, porque no se han ocupado de la realidad. No han mostrado a sacerdotes sodomizando a niños o niñas impúberes, por ejemplo. Ni a curas abriéndoles las boquitas a esos mismos niños y niñas para meterles dentro sus penes fríos como rincones de sacristía. ¡Y mira que eso último para anuncio de helados iría que ni pintado!
¡Nada de eso! Simplemente han mostrado a sacerdotes homosexuales o a monjas con pinta de tener ganas de follar. O como ahora, a una bella novicia follada y preñada. ¡Vaya cosa! ¡El mundo se va a acabar!
Hoy, por cierto, aparecerá por allá Joseph Ratzinger, actual usufructuario de la silla de Pedro. El teólogo Ratzinger, capataz de institución a la que le crecen los enanos ―expresión, ay, algo desafortunada en este caso. Y seguramente pedirá perdón, como se estila ahora, cuando no vivimos en «sociedad del perdón», sino en sociedad de gente que pide perdón como quien pide la hora.
Diez cristianos ofendidos y dale a prohibir.
¡Bah! Eso Diocleciano nos lo hubiera resuelto en un pispás.
2) No me parece casual que periódicos, telediarios y sucedáneos digitales hayan pasado hoy olímpicamente de las víctimas que debimos haber recordado. Las referencias en la prensa se podrían contar con los dedos de las manos. Incluso de manos a las que la justicia ―es un decir― saudí les hubiera amputado algunos dedos. Véase aquí o aquí.
3) No me parece casual que cuando esta tarde decidí tomarme un respiro y abrí al azar el primer volumen de las memorias de Winston Churchill lo hiciera por la página 258, donde anota lo que sigue sobre la política de «apaciguamiento» con humor que corta como cimitarra:
«Mientras que toda Alemania trabajaba bajo una presión intensa, casi bélica, en Francia consiguieron en 1936 la tan anhelada semana de cuarenta horas de trabajo».
4) No me parece casual que nadie reclame que estos dos buenos señores, Roque Pascual y Albert Vilalta, prósperos empresarios ambos, paguen de su bolsillo la minuta del rescate, cuando es sabido que viajaban porque sí a país, Mauritania, al que Exteriores desaconsejaba viajaran los españoles. ¡Qué va ser eso casual! ¡Es, por el contrario, lo regular!
5) No me parece casual, por fin, que la mayoría dé por bien liberado el terrorista canjeado por los dos bienpensantes y por bien pagado a Al Qaeda el rescate que les servirá para armarse, motorizarse y aceitar la maquinaria de extorsión y crimen. A fin de cuentas, ¿no viajaron estos buenos señores a ayudar a los indígenas? Pues, eso. Ayudados y requeteayudados los dejan. ¡Vaya por Dios (cualquiera que sea este)!
De contra:
Estoy pendiente de la aparición de los liberados ante las cámaras.
Y anuncio que como se bajen con que los trataron bien y toda esa letanía bienpensante –recuérdese la llegada de Alicia Gámez– regalaré mi televisor al primer lector de ETDLV que lo reclame y pase a buscar.
UPDATE:
De recontra:
Pues, nada. Con parece que tres balazos en una pierna y apoyado en una muleta dice un secuestrado que lo trataron “correctamente”.
Pase a buscar mi televisor quien lo quiera…
¡Hay que joderse con esta gente!