Otro discurso de Raúl Castro, personaje

- 20/12/10
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Acabo de leer el discurso que Raúl Castro pronunció ayer. Seis mil setecientas ochenta y siete palabras entre el «compañeras» y el «gracias» que los titulares reducen a lo de «o rectificamos o nos hundimos». Un Raúl Castro en puesto de mando de buque que atraviesa una tormenta. Trasunto de los capitanes Ahab o Nemo. Aunque más bien quepa evocar a los contrabandistas de Enrique Serpa, dada la materia que lo ocupa.

Discurso —en términos tanto retóricos como ideológicos— y programa que comienzan a consagrar a Raúl Castro como el sujeto de una de las paradojas más sofisticadas de una futura historia de la revolución cubana y de las revoluciones en general.

Gris hermano de un dictador omnímodo, Raúl Castro sugiere que dedicará sus últimos años de vida a enmendar los desvaríos de su hermano, mientras: 1) el dictador aún vive; 2) sostiene que toda enmienda parte de los discursos previos del dictador enmendado; y 3) jura que las enmiendas buscan afianzar el desastre, a la vez rentabilizándolo y haciéndolo rentable. ¡Vaya variables de una ecuación!

En un capítulo de Mad Men, Don Draper se ve arrastrado a un local del Village donde una performer perpetra un numerito muy propio del lugar y la época. Narra cómo soñó que Fidel Castro le arrancaba la ropa al grito de «¡Viva la revolución!», mientras Nikita Jruschov observaba la escena desde una ventana.

En shakespeareano, a la vez que hollywoodesco movimiento, el Raúl Castro post-castrista es ahora el exaltado revolucionario, la ropa se la pondrá y quitará «cada cual según su capacidad» y su hermano Fidel es el Jruschov que asiste a los gritos de ¡Viva la revolución! desde la ventana que es la pantalla de un televisor.

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La disidencia cubana según Wikileaks: ¡no quiero llanto!

- 17/12/10
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Los cables filtrados por Wikileaks y publicados en la noche del jueves por el diario El País muestran que los funcionarios norteamericanos no creen en la oposición cubana, conocen muy bien las divisiones internas que la fragmentan, son conscientes del ansia de cada facción por conseguir más dinero y así «opacar» a las otras, saben del divorcio del discurso opositor y la opinión pública cubana, etc., etc.

Muestran lo que sabe cualquiera que atienda a los avatares de casi —subrayo: casi— todos esos pocos que han elegido el duro camino de la «disidencia» a un régimen totalitario, ya sea por convicción o por interés. Metidos en harina, acaban enharinados por la DSE, por la presión familiar que les pide visas y salto a Miami, por los tejemanejes de quienes se lucran con ellos desde el exilio o por las dentelladas de quienes compiten por el favor de los donantes. Las más de las veces también por sus propias miserias, de las que nadie está exento y el hostigamiento de la policía castrista exacerban.

Que a Martha Beatriz Roque la llamen entre ellos «La Bruta», que de Elizardo Sánchez todos tengan la certeza de que colabora con la DSE, que Vladimiro o Payá terminaran siendo caricaturas de sí mismos, que cada vez que nos inventamos un «Mandela cubano» acabemos pifiándola, que la unidad de las Damas de Blanco sea una entelequia vendida a tontos…: todo eso lo saben los diplomáticos norteamericanos, ¡y todos los demás!, en La Habana. Para rizar el rizo hace unos días dos disidentes se pelearon a puñetazos a las afueras de la Oficina de Intereses y ahora muchos buzones de correo —el mío entre ellos— van recibiendo los trapos sucios, jaba a jaba. En ellos la pugna por CUC más o CUC menos es una dolorosa constante.

Eso será lo malo para algunos.

Para otros lo bueno será que aun reconociendo todo eso los diplomáticos norteamericanos terminen cada descripción de las lacras de esa oposición con invariables «los seguiremos apoyando».

Si nos aplicáramos aquello de que cada pueblo tiene no solo el gobierno que merece sino también la disidencia que merece, habremos de concluir que con los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos hemos ganado aliado que no merecemos.

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Dice Wikileaks que dijo Raúl Castro que quería susurrarle cositas a Barack Obama

- 16/12/10
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Mucho wikigoteo hoy sobre Cuba en El País. Como hasta ahora, más ruido que nueces —o mamoncillos, ya que hablamos de la Siempre Fiel.

De entre todo lo que verán en El País —llamado hoy «pro-fascista» por Fidel Castro— lo que más me ha interesado es la búsqueda (presunta búsqueda: Wikileaks es el continente de lo siempre presunto) por parte de Raúl Castro de una vía directa hacia Barack Obama.

China (cubana) y mulato (yuma) contándose sus cositas, por decirlo así.

Lo vemos en el 240644, que glosa reunión de Hillary Clinton con Miguel Ángel Moratinos el 14/12/2009:

During Moratinos, October trip to Cuba, he said, Raul Castro confessed his desire to establish a “secret channel of communication” to the White House.

Ya antes, el 05/12/2009 y según el cable 238314, los españoles habían transmitido el (presunto) mensaje de Raúl Castro. Lo hizo el embajador Manuel Cacho a la Oficina de Intereses en La Habana. Así lo recoge el cable:

The Spanish Ambassador said that Moratinos also is likely to raise Cuba’s interest, as reportedly expressed to him by Raul Castro, for a “political channel” to the USG, particularly to the White House.

A mi juicio, la cuestión es, año más tarde, si ese secreto canal ya existe.

Si ya los caballos practican el arte de los susurros.

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