Celebren o no este día, los convido a ver este hipnótico cortometraje de Claude Lelouch: C’etait un rendez-vous (1976). Una verdadera joya que recomiendo ver a pantalla completa y con el volumen tan subido como se lo puedan permitir.
Un hombre acude a una cita con su amada en un París fantasmagórico por desierto. Quien conozca París difícilmente podrá resistirse al poder absolutamente hipnótico de esta carrera suicida. La gracia, por cierto, le valió a Lelouch ser conducido a la Gendarmería.
Con el cine cubano del siglo pasado nunca se sabe y uno tiene que revisar una y otra vez esa maraña de celuloide para desbrozar el marabuzal, por ralo que sea.
A mí esta escena de Sugar Hill (León Ichaso, 1993) me luce una de las mejores que ha producido, aunque la acción transcurra en isla tan distante de la de Cuba como Manhattan.
Hay alguna que otra escena de Sugar Hill, la tercera película que León Ichaso dirigió, que me pone cada vez a rascarme el cogote. Las escenas con Abe Vigoda —cuando le explica a Wesley Snipes qué es ser italoamericano y qué es ser negro en la lucha por el control del negocio de las drogas, por ejemplo—, porque con Vigoda y su cuerpo contrahecho, León Ichaso se coló en el imaginario godfatheresco por amplia y definitiva avenida.
Pero esta escena de Sugar Hill, hmm, esta escena es tremenda como todas esas cosas cubanas que no son cubanas en verdad.