Hoy estuve una hora y media hablando de la blogosfera cubana. Me tomaban entrevista para cierta investigación muy bien llevada por su inteligente artífice.
Hora y media hablando de materia tan vaporosa como las nubes que se alzan sobre toda cazuela de frijoles negros a la hora de cuajar.
Pero, oigan, yo obediente no me quejé y colaboré cuanto pude. Puede que hasta haya dicho algo de valor, que uno tiene sus fogonazos cuando se encuentra delante de un micrófono y una botella de Coca Cola.
Hora y media hablando de algo que no creo exista. Hora y media con el lleva y trae de lo que me parece una entelequia que se devoró a sí misma antes de que, ya cuajada como los frijoles de marras, fuera llevada a la mesa. A alguna mesa. ¡En el remoto y entonces promisorio pasado hasta logotipo le patenté!
Valió la pena esa hora y media, me digo. A fin de cuentas, yo también escribo sobre cosas que no existen y soy el último en discutirle a las palabras su capacidad generadora de realidad.
Manolito es Manuel Prieres; Pepito es José Sánchez Boudy. Entrevistado y entrevistador ya tuvieron sus minutos de gloria aquí hace un año. Allá los datos.
Ahora apenas otra deliciosa pieza que acaba de regalarnos esta pareja de freaks. Ese entrevistador que encuentra a gran intelectual y lo entrevista con mimo.
Pedro Pérez Oliva es su nombre y lo conocía como mañoso dibujante y poco más, porque no sigo el día a día —ni siquiera el lustro a lustro— de la pintura pinareña —bueno, y tampoco sigo el década a década de la castrista reunión de unánimes votantes en la Asamblea de esa provincia menguante.
Leo, y confieso que el tipo me da más pena que curiosidad, aunque algo también de la segunda. Dice que le gustan su país y sus árboles llenos de flores y que también le gusta especular sobre la actualidad nacional. Bien, me digo. Eso es un guajiro y yo por los guajiros siento una veneración que tiene asiento nombre a nombre en mi árbol genealógico. Leo que le parece bien que lo expulsaran de la Asamblea de marras —¿tan habituado estaba a las votaciones unánimes de la Asamblea a la que pertenecía que también dio su voto cuando lo siquitrillaron?— y que tomó la decisión de cerrar la Fundación que llevaba su nombre cuando se lo impusieron. ¡Un ciudadano modélico!, me digo. Más: ¡un artista ejemplar! ¡Un cubano uneacista arquetípico! Ya Miguel Barnet le estará enviando cachorrito de chihuahua con lazos y cintas, me sopla Bruno.
Leo más y recomiendo lo hagan también ustedes. Dice, por ejemplo, el buen siquitrillado:
Este hombre (dice de sí mismo) al que hoy le han colocado el traje de “disidente” o “contrarrevolucionario” no tiene ninguna intención de partir de este país. Esta tierra nos pertenece a todos por un derecho que no lo otorga un partido. Creo que fidelidad a la Patria no es fidelidad a un partido. Un partido es una propuesta social, y la Patria guarda en sí el pensamiento y el corazón de todos.
Lo de «corazón de todos» me sobresaltó con su diástole, pero no paré de leer:
Seguiré soñando con un país mejor, derecho que tengo como ser humano. Aquí me quedo, esta es mi tierra y mi gente. Los conflictos del país, económicos, espirituales y políticos, tendrán que ser resueltos por nosotros los cubanos. Los que vivimos dentro y fuera, con nadie más.
Enternecedor, n’est-ce pas ? De ahí a «La Patria es de Todos» no hay más que un paso. Un pasito de nada.
Pero fíjate tú que a novelita tan promisoria le llega un final, una conclusión que es todo promesa de vernissage, todo oleaginoso aquí-no-ha-pasado-nada:
Duermo hoy tranquilo, mañana volveré a coger mis pinceles.
Bien, ¿a qué engañarnos? Muy probablemente, yo también dormiré hoy «tranquilo». Zzzz…
Apenas podrá sobresaltarme, si acaso, el recuerdo de que a otro cubano, a este Oliva, los hermanos Castro lo mandaron a dormir tranquilo y él se fue a llorar la humillación en su pinareña almohada, mientras nos cuenta sus sueños, los que dormirá sin ver cumplidos. Zzzz…