Jorge Ferrer - 08/11/12
Categoría: Agua corriente, Exilio
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Barack Obama ganó ayer las elecciones en los Estados Unidos. La víspera de la jornada electoral dejé aquí mi endorsement a su reelección y me felicito por que esta se haya verificado.
He discutido con algunos amigos y colegas las razones de mi parecer. Algunos, los más benévolos, consideraron que no debía pronunciarme. Otros aseguraron que mi apuesta -por carente de entusiasmo que fuera y así consta en el endorsement de marras- era fruto de mi desconocimiento del “socialista” Obama. Los más belicosos me echaron en cara que la presidencia de Obama favorece a la dictadura de los hermanos Castro.
Todo eso es ahora asunto pasado. (No la dictadura, ciertamente.)
Hoy, ahora, el presidente de los Estados Unidos cuenta con los “four more years” que sus, ellos sí, entusiastas seguidores reclamaban. Serán tiempos cruciales para el destino del país que preside, cruciales para el posicionamiento de ese país en un mundo que veinte años después de que se echara abajo el Muro de Berlín se ha tornado mucho, muchísimo, más complejo que lo que podíamos imaginar entonces, empachados de gloria.
Si nada se tuerce, yo andaré por este mundo (el físico y el digital) los cuatro años que vienen. Y aquí y allá iré comentando lo que venga.
Y si algo o mucho o poco se tuerce, tengan mis hoy tristes amigos republicanos la esperanza de que pasado ese tiempo verán a un cubanoamericano llamando a las puertas de la Casa Blanca. Y si, como dijo hace casi un siglo un comunista cubano, “todo tiempo futuro tiene que ser mejor”, Cuba será entonces una pieza muy distinta en la mesa.
¡Será divertido! ¡Toda una fiesta! ¡Ánimos!

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Jorge Ferrer - 02/11/12
Categoría: Agua corriente, Exilio
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¡Todo un monumento para el cronista futuro esa declaración que un Crescencio le envió al Nuevo Herald! (En el sentido de Le Goff, ya me entienden.)
Después de dedicar su vida, digamos, útil, al Ministerio del Interior de Cuba, Crescencio decidió que su vida inútil sería mejor vivida en Miami, esa patria de los jubilados. ¡Ya lo creo! Y allá se fue andando sobre la firme pasarela que une La Habana y Miami, artefacto que habaniza la segunda mucho más de lo que miamiza la primera.
Ahora, de repente, de ese Crescencio se conoce su pasado, se buscan testigos a ambos lados del Estrecho de la Florida que lo denuncien y allá fue eso, creciente.
Nada especial hasta ahí, más allá del guión habitual: un represor que esconde su pasado o lo maquilla y un par de avispados gestores de exclusivas pegados a las Blackberries.
Tocaba esperar qué decía el Crescencio, si algo. Y haciendo honor a su nombre, el esbirro trasplantado se ha crecido. ¿Disimular? ¿Pedir perdón? ¿Ofrecer la compensación de su presencia en los medios para buscar clemencia? ¡Nada de eso, nenes! Ni asomo del clásico “yo solo cumplía órdenes”, ni un dedito a los que se habrían complacido con medio cachito de minúsculo trocito de disculpa.
Bien al contrario, Crescencio se siente acosado, Crescencio es revolucionario, Crescencio está orgulloso de su vida en el MININT y hasta en Miami muchos se acercan, dice, a agradecerle su bondad, Crescencio denuncia las mentiras y calumnias de los anticubanos. ¡En “la capital del exilio”, oigan!
Sujeto mutante, Crescencio es ya, por derecho propio, un ente poscubano, siendo aún una excrecencia cubana.
Y esta entrevista, guárdenla, es un monumento conjugado a la vez en presente y futuro:
http://www.youtube.com/watch?v=zGevNL7mVBw
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Jorge Ferrer - 05/05/12
Categoría: Exilio, Literatura
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Tras largos años de exilio en el Londres de mediados del s. XIX, el demócrata ruso Alexander Herzen describía así su relación con los nuevos activistas políticos que llegaban al destierro:
“Con todo, sentía que la llegada de todas esas personas no ensanchaba nuestro horizonte. Bien al contrario, lo estrechaba. El diámetro de las conversaciones se redujo y en muchas ocasiones no teníamos nada que decirnos unos a otros. Nada los ocupaba más que la actividad de los círculos a los que pertenecían; de hecho, eso era lo único que despertaba su interés. Muy pronto nos habían dicho todo lo que podía interesarnos de ellos y a partir de entonces solo les quedaba repetirse una y otra vez. Y eso hicieron. La ciencia o la actualidad política los traían sin cuidado; leían poco y apenas hojeaban las páginas de los diarios. Entregados a sus recuerdos y reos de sus aspiraciones, no encontraban placer en la frecuentación de otras materias; nosotros, entretanto, necesitábamos aire fresco que respirar en aquella atmósfera viciada. Habituados a mover ideas de distinta envergadura, nos ahogábamos sin remedio.”
Traducción de Jorge Ferrer
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