—Del carajo… «¡Zapata vive!», que todavía decimos dos o tres…
—…
—Esas visas afean la novela de su vida de mala manera.
—Bueno, el muchacho ya murió, ¿no? Si da para busto, siempre habrá cómo arreglarle el carné de mártir. De eso se ocupará el mañana…
—¡Ese es el problema! Los mártires se construyen desde el mañana de su martirio y esto de cerrar el de Zapata con un puñado de visas… Las mismas que lo colocarán ahora en la larga nómina de presuntos disidentes que apenas lo son para conseguir una de esas mismas visas para sí y el familión…
—Bueno, nadie ha dicho que se cierre… Como quiera que sea, lo cierto es que él no se va con visa, sino en cenizas…
—¡Peor!
—Para él, sin dudas…
—Albañil, disidente y mártir con mater dolorosa de las buenas… El tipo lo tenía todo pa’ novelarlo.
—Pero los demás personajes quieren vivir sus propias vidas. ¿De qué les sirve a ellos la novela que podría servir a otros?
—¡Vaya vidas!
—Fuera de allá, vidas como sepan vivirlas… Como la tuya o la mía, ¿no?
—¡Qué desperdicio de mártir, viejo!
—Ni que nos hicieran falta mártires…
Un UPDATE insoslayable:
Oscar Elías Biscet, dicen desde La Habana, “aceptó ser liberado y no viajará a España”. Luego, parece ser -todo es aún confuso-, permanecerá en Cuba.
Se trata de una noticia de relevancia mayúscula, dicho sin menoscabo de las otras liberaciones. La figura del Dr. Biscet ha ganado, y generado, una admiración y unas expectativas notables en el exilio cubano.
Su puesta en libertad es, tal vez, uno de los acontecimientos más importantes de los últimos meses, en cuando a la oposición cubana respecta.
Las sociedades poscomunistas en las que perviven durante décadas rasgos totalitarios constituyen un campo de trabajo apasionante para quienes quieren imaginar la Cuba del mañana. Digo, para todos aquellos que rebasen la pueril e infantiloide creencia en una Cuba que vea súbitamente muerta la rabia, cuando muerto esté el perro. Que conciban transición milagrosa hacia una, digamos, republiquita próspera cuyos ciudadanos se conviertan de repente a la fe democrática y pasen por aquellos suizos que Estrada Palma imaginaba desandando el Paseo del Prado. (Los nuestros absortos en piernas y voz de las María Elvira del mañana.)
Una idea igualmente pueril supone que los jóvenes de sociedades poscomunistas como las del espacio postsoviético muestran un pobre desarrollo de la conciencia cívica y apenas ofrecen contestación a las élites políticas, económicas y policiales que han diseñado democracias de baja intensidad.
Bien al contrario, cualquiera que atienda a los movimientos sociales de Rusia, Ucrania o, en menor medida, Bielorrusia, encuentra centenares de iniciativas disidentes magníficas, provengan o no del mundo del arte. Hace unos meses comenté aquí una acción de las muchachas de FEMEN, un movimiento de jóvenes de Ucrania que se manifiestan con el torso desnudo y constituyen un fenómeno político y performático admirable.
No son las únicas mujeres del espacio poscomunista con arrestos democráticos basados en mañas de género que pasean su disidencia por el paisaje de esas sociedades postransicionales.
El pasado 1 de marzo el Art-Proyect Voiná (Guerra), concretamente una presunta Fracción Militar-Feminista de la que Voiná dice no ser responsable, llevó a cabo en el metro de Moscú, Rusia, la acción «Lamiendo la basura» («Лобзай мусора»). Esta consistió en perpetrar agresiones a las mujeres policías por un breve comando de supuestas lesbianas que se abalanzaban sobre ellas —la «basura» homófoba— y las besaban en la boca con lascivo ánimo de denuncia.
¡No me negarán que las muchachas de Voiná tienen ganas, además de coraje!
De manera que, ¡ánimo, cubiches! No todo está perdido; al menos no lo estará en el subdemocrático mañana.
Abundante testimonio de la acción «Lamiendo la basura» aquí. Sigue un buen recuento en video: