(Textual x 2): Jaimanitas desafía a Oslo / Encierro terapéutico evangélico en Infanta

- 13/09/11
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Oposición
Imprimir Imprimir


1) Llegan a mi buzón de correo sendas actas de la última reunión mantenida por la Agenda para la transición cubana. Treinta y pico de asociaciones en diez provincias de la Isla que trabajan mano a mano para conseguir a largo plazo —al paso que van, centenario—, la democratización del país y, en términos cortoplacistas, visas para emigrar.

¿A qué creen ustedes que se dedicaron en la otrora poética Jaimanitas estos tropecientos buscavisas a quienes la Seguridad del Estado permitió reunirse sin mayor freno?

Me ahorro contárselos y les inserto fragmentos de ambos documentos.

(…) En Jaimanitas, a las 10 AM del jueves 8 de septiembre del 2011, se efectuó una reunión de la concertación de fuerzas pro democrática Agenda para la Transición Cubana, donde se emitió una declaración para clamar por el veto de las nominaciones al premio Nobel de la Paz de los opositores Oswaldo Paya Sardinas y Oscar Elías Biscet, por la falta de vínculo y simpatía de los mismos con el espectro opositor, por su negativa a escuchar a los demás, ser opuestos a la unidad opositora y porque la obra de ambos está muerta.

Su portavoz Francisco Chaviano explicó que les habían dado un voto de confianza a ambos candidatos en espera de que mejorara su actitud, a raíz de pronunciarse estos por la unidad en sendas declaraciones; pero luego todo resultó una tomadura de pelo.

(…) Creemos que este premio debe otorgarse a quien mantenga una obra viva encomiable en pro de dar solución a los problemas de su pueblo, reconocido además, por la generalidad de sus compatriotas. Pero lamentablemente este no es el caso de nuestros candidatos, quienes se alejan cada vez más del espectro opositor, tanto, que no se puede contar con ellos para nada.

Estamos convencidos de que el Premio Nobel de la Paz en tales manos, no haría ningún bien a la solución del problema cubano. Por tal motivo, llamamos al veto por este año en espera de la debida corrección en las actitudes de estas personas.

¡Dios bendito! ¡Tiemble Oslo que ha hablado Jaimanitas! Y ha dicho que no quiere premios Nobel para cubiche este año, que va y el año próximo sí, pero habrá que ver qué tal se portan. Claman por el veto —¿de qué veto hablan?— y despotrican sobre Payá y Biscet no vaya a ser que los noruegos esos tan distantes se equivoquen y premien al que no te dio.

2) En la Habana, un pastor evangelista díscolo mete en una iglesia a varias decenas de mujeres y niños. Es notición desde isla que promueve el tedio noticioso. Pía que te pía la twittería, rugen los foros: ¡se armó, se armó! Se noticia que esperan tsunami —¿se acuerda alguien de la palabra maremoto?—, que son milenaristas que aguardan el fin del mundo —¿serán acérrimos castristas y se creyeron las chochadas de Castro I?—, que son disidentes y se preocupan por los derechos humanos, que la policía los va a desalojar por la fuerza, que el pueblo rodea el templo como si de Embajada del Perú se tratara.

Y hoy, Michel Suárez habla con el vocero de los evangelistas y leemos este delicioso fragmento de (ir)realidad, a modo de entrevista, de la que entresaco algunas respuestas:

¿Qué sucede exactamente dentro del templo de la Asamblea de Dios?

Hace más de dos años que este templo no es de la Asamblea de Dios. Nosotros estamos celebrando nuestro retiro espiritual anual. No hemos tenido ningún problema. Y todo este ruido ha sido provocado por una situación adversa, de civiles que quisieron entrar. Aquí nadie está secuestrado.

(…)

¿Cuándo se terminará el retiro?

Estamos en un servicio religioso. Dios nos mandó a estar aquí, cuando Él diga que se acabó, entonces se acabó. Estamos viendo milagros, sanaciones. Por ejemplo, una anciana se curó de la presión, después de 25 años enferma. No está tomando pastillas de ningún tipo. La chequeamos constantemente y sus familiares están contentísimos. Además, el Gobierno nos ha brindado ayuda médica.

¿Y si se terminan el agua y los alimentos?

Ya Dios previó todo eso, y nuestro Gobierno va a ayudar.

(…)

Entonces, ¿ustedes no esperan un tsunami?

Esas son suposiciones mentirosas de quienes las han divulgado. Eso no ha salido de nuestra boca. Una cosa así sólo la define Dios. No somos de los grupos que piensan que este año se acaba el mundo.

¿Su padre hablaba de derechos humanos en las prédicas?

Lo refutamos. Es una burda mentira. No nos interesa nada que tenga que ver con la política. El Gobierno no ha tenido ningún tipo de conflicto con nosotros. No tenemos nada que ver con los grupos de derechos humanos. Se han dicho muchas mentiras y el Gobierno lo único que ha hecho es ayudarnos.

Delicioso, ¿no?, este testimonio de evangelistas, una de las plagas que se abalanzarán sobre Cuba en un futuro próximo, aunque ya llevan años sentando plaza. Unos “civiles” quisieron entrar, dice este proscopito y de ahí la mala onda. Dios lo tiene todo biuen organizado, hasta la ayuda que nos dará el gobierno, añade.

Resulta que no es un encierro apocalíptico ni político, papa: ¡es un consultorio del médico de la familia que funciona en régimen de ingreso!

Un consejo para los cuerpos policiales de Japón u Honduras, Paraguay o Zaire, Madagascar o Filipinas. Y Cuba. Cada vez que uno de estos pastores mascatrancas se encierre en un templo con decenas de mujeres y niños, viejas hipertensas incluidas, desalojen el recinto de inmediato. No repartan palos, pero sí libros de Richard Dawkins.

Actualización:

¡Tápense la nariz que llegaron los evangelistas!

Estos dos pertenecen a la congregación del pastor encerrado con su grey en un templo de La Habana.

http://www.youtube.com/watch?v=IgNj2Lfw5jg
© www.eltonodelavoz.com

Memoria del 11 de septiembre

- 11/09/11
Categoría: Agua corriente, Memoria
Imprimir Imprimir


Nunca vi en pie las dos torres del World Trade Center.

El 11 de septiembre de 2001 almorcé en Qu & Qu, un restaurante del Paseo de Gràcia tocando a la Gran Vía. Desde allí subí con Eva y el amigo con el que habíamos comido hasta la heladería de Häagen-Dasz en Rambla de Catalunya. Tomamos los postres. Era un delicioso día de verano en Barcelona. No recuerdo de qué hablamos. No lo recuerdo en absoluto.

Terminados los helados, me aposté en una esquina en busca de un taxi. De repente un amigo al que no veía desde hacía largos meses, tal vez año y algo, detuvo su coche delante de nosotros. No hubo tiempo para alegrarnos del encuentro. O no era tiempo para eso. «Dos aviones se acaban de estrellar contra las torres del World Trade Center», nos dijo.

Fue el primer aviso, todavía ciego.

En el taxi, un locutor de radio describía las imágenes que nosotros aún no podíamos ver. Las de los dos colosos en llamas, que habría dicho antes un guionista de Hollywood. «Seguro son dos helicópteros, que Nueva York está llena de helicópteros», aventuró el taxista.

Tardamos unos siete minutos en llegar hasta Valencia, esquina a Marina, donde vivía entonces. No creo haya imagen que se grabara jamás en mi mente como la que me mostró el televisor hacia el que me abalancé sin cerrar la puerta detrás de mí. Me fui a la cama unas diez horas después con los ojos ardiendo.

En los primeros días de noviembre de 2001, a menos de dos meses del suceso que dio inicio al siglo, viajé por primera vez a los Estados Unidos. Cumplidos mis compromisos con la Feria del Libro de Miami, tomé un avión a Nueva York.

Llegué tarde en la noche. A la mañana siguiente me llevaron a ver el espacio vacío que las torres ocupaban apenas dos meses antes.

A lo largo de estos años he evocado siempre aquel ataque brutal contra Occidente según la cronología que acabo de describir. Los dulces placeres de un día «normal» en nuestras vidas antes del 11/S, la absoluta estupefacción de las diez horas pasadas ante el televisor y la imagen del espacio vacío de la Zona Cero en una ciudad, un mundo, que todavía olía a cenizas, a polvo, a desolación.

Diez años más tarde, años de guerras, de masacres islamistas, de trasiego con las encontradas nociones de libertad y seguridad y de colapso económico, «vacío» es el nombre. La década del vacío. O del vaciado, mejor.

¡Pero arriba esos ánimos! ¡Piensen que en el verano del año catorce del siglo XX estábamos empleados en la Gran Guerra, mientras que ahora ya hemos bailado sobre el cadáver de Osama, ahorcamos a Saddam, tenemos a Gaddafi a punto de caramelo y vivimos entretenidos en «salvar a Grecia»!

Así de gaya es esta que llamamos, cada vez con menos alegría, civilización grecolatina.

De contra:

En la memoria.

ACTUALIZACIÓN:

Una lectora me envía esta imagen generada por Wordle con los nombres de las víctimas según su frecuencia en el luctuoso listado que enlacé arriba.

¡Gracias!

Bendita sea la memoria de las víctimas, sean mayoritarios Michael o Joseph, o sean esas esquinadas Linda y Mary.

© www.eltonodelavoz.com

Michele Bachmann ve la luz en el Versailles, Miami

- 09/09/11
Categoría: Agua corriente
Imprimir Imprimir


Tocando el final del debate de anoche entre los candidatos del GOP asomaron, asomamos, los cubanos. Y no por la cuestión del embargo. Tampoco por la dictadura comunista de La Habana y la posición que EE.UU. debería jugar para ayudar a desmontarla.

Asomaron, asomamos, los cubanos, porque la inefable Michele Bachmann defendía la eliminación de subsidios a los inmigrantes y se sirvió de palanca que había encontrado en reciente viaje a Miami. Allí tuvo ocasión de visitar el museo de la Brigada 2506 —que conozco y me felicito de haber visitado— y tomarse un cafecito en el Versailles —que me felicito de visitar con mucha más frecuencia que el museo. Y vio la luz: hispanos que la animaban a cerrar filas contra toda «blandenguería» con los inmigrantes. Duro con ellos y con sus hijos, la animaron. Y ella, claro, vio servida en bandeja la excusa: si hasta los hispanos abogan por ser duros con los hispanos, ¿por qué no pedir leña?

Véase a Bachmann, veámonos a nosotros (en 1:06:15 —llévese el cursor hasta ese punto para que corra el video):

http://www.youtube.com/watch?v=9xFsaeBLJns

Naturalmente, no ignoro que la cuestión de la inmigración ilegal es un problema que debe enfocarse con pragmatismo y sin demagogias. Pero creo, sé, que también con generosidad.

Que los cubanos, nosotros sí beneficiarios en los EE.UU. de una ley de ajuste hecha a medida y que nos libera, por suerte, de las penurias que enfrentan otros millones de inmigrantes, aparezcamos como valedores del discurso de cero subsidios a las familias de inmigrantes ilegales llegadas de otros países me parece mal. ¡Qué digo «mal»? Me produce vergüenza.

Pero los cubanos, ya lo sabemos, siempre podemos extender los límites del extremismo basado en odio prestado. ¡Cómo si nos faltaran pruebas!

h/t: Ariana Hernández Reguant @ Facebook

© www.eltonodelavoz.com