No van lejos los de alante…

- 22/07/11
Categoría: Agua corriente
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Estuve bastante tentado esta mañana, cuando veía en la FOX la llegada del Atlantis, a dejarme llevar por la retórica de la derrota de los EE.UU. en la «carrera del espacio» que marcaría el fin de los transbordadores, etc. Es un tópico facilón al que uno puede agarrarse como a cualquier otra mala idea que suene convincente y hay mucha gente comiendo hoy de eso.

Claro que lamento, como cualquiera que mira a nuestra relación con el espacio con ojos de niño, que las siluetas elegantes y mastodónticas de los transbordadores no se vuelvan a ver más que en el museo de la NASA en Cabo Cañaveral —uno que cada año me propongo visitar y siempre acabo fallándole por culpa de mi apego a los kayaks y la lectura en Key Largo. La rotunda imagen de esos «aviones» llegando desde el espacio como si lo hicieran desde Baltimore o Frankfurt sirvió siempre de prueba de la incontestable superioridad del programa espacial norteamericano, al menos en lo que a la espectacularidad de las imágenes que produce respecta.

Con todo, y aun cuando en los próximos años parezca que es en Moscú y Kazajastán donde se corta todo el bacalao aeroespacial, me parece promisoria la apuesta de la NASA, y de Barack Obama, por recortar gastos en un proyecto ya desprovisto de gloria y apostar por la búsqueda de un más allá —orbitar alrededor de Marte; volver acaso a la Luna. Crédulo por un día, me quedo con las más recientes intervenciones de Charles F. Bolden, Jr., administrador de la NASA —aquí y, sobre todo, aquí—, antes que con lamento guerrafriesque.

Es de todo punto improbable que yo lo vea, pero me complace pensar que obligados por el colapso financiero se ha tomado el camino que permitirá que un día se hagan realidad las visiones que cierran Blade Runner y que alguien, humano o humanoide, cuente haber visto naves ardiendo más allá de Orión; que la imaginación le ganará la guerra a la costumbre, porque, como dice el dicho, no van lejos los (rusos) de alante, si los (norteamericanos) de atrás corren bien.

La imagen es cortesía de la NASA.

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Dos vistas hoy: Zapata y Yoani

- 21/07/11
Categoría: Exilio, Oposición
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1) Entrevista a hermano de Orlando Zapata Tamayo («¡Zapata vive!», decían).

Nada que comentar, pues es vídeo que parece nota al pie a algo que ya dije aquí hace unos días: «Una de dos: o esta película se está volviendo demasiado tediosa, por larga y por la desidia del responsable del casting, o habrá que convenir en que su guionista es el tipo más retorcido que ha nacido en esta galaxia.»

Bueno, algo que comentar, sí: supongo que todos aquellos que se dieron gusto hablando de lo mal que España trataba a los presos y familiares llegados a esta Península dirán algo a propósito de los Zapata buscando gajos que cortar en Miami para llenar sus neveras tan vacías como en Banes. ¿No?

2) Un tweet de Yoani Sánchez. Dice:

#cuba #GY La vieja discusion de la alineacion politica, yo que no me considero ni de derechas ni de izquierda sino transversal y postmoderna

¡Caray! A Victor Klemperer debemos un libro magnífico sobre la manera en que la jerga totalitaria permea todo discurso enunciado bajo el ominoso paraguas de un régimen dictatorial. Corra a buscarlo quien no lo conozca.

Se me ocurre que este tweet —«transversal»; «postmoderna»— y el palabro «empoderamiento» que alguna vez ha asomado en los discursos alternativos desde La Habana requieren a nuevo Klemperer, tal vez en shorts y con camisa floreada, que nos explique cómo el idiolecto de la jovial indefinición política se adueña, ufano, del discurso de la oposición cubana al totalitarismo.

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Nitza Villapol y cierta obesidad

- 20/07/11
Categoría: Memoria
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En algún momento de los años sesenta, Nitza Villapol, célebre cocinera cubana y divulgadora de temas gastronómicos durante décadas, se hizo una pregunta que anotó con lápiz y regular caligrafía al margen de su ejemplar de Geopolítica del hambre, de Josué de Castro.

«¿Por qué los países socialistas tienen obesidad?», se preguntó.

No se trata de una pregunta baladí. Menos viniendo de mujer de tamaña inteligencia y sensibilidad como la que distinguió a Nitza Villapol. Mucho menos cuando se la sitúa en los años en que fue escrita. Los años que atravesaba Cuba subida a la procelosa nave del «socialismo mundial».

De hecho, me parece que a los bordes de esa pregunta, subiendo por arduos caminos intertextuales, se asoma todo el insondable enigma del hambre bajo el socialismo y la abofada circunstancia de su sublimación, también en términos de silueta.

La imagen es cortesía de Teresa Cruz.

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