Jorge Ferrer - 07/03/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Mimbres de la Voz
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Al teléfono:
―Dime, Ferro, ¿qué?
―Pinchando. ¿Tú, qué?
―Bróder, se me acaba de ocurrir que si Fariñas pudiera oler el potajón que estoy haciendo dejaba la bobería esa de la huelga de hambre ahora mismo…
―No es una bobería, M., aunque pueda parecerlo…
―¿Qué? Tú mismo dijiste ayer que es una bobería.
―Escribí que es un delirio. Bobería es otra cosa…
―Mira, estoy haciendo garbanzos: taquitos de jamón, trozo de pierna de puerco, un choricito de Burgos que te tengo que pasar…
―Y papas, ¿no?
―Y sus papitas, ¡sí, señor! ¡Y par de zanahorias!
―Suena sabroso…
―Llama a Fariñas, dale…
―¡No jodas más con eso, asere! ¡Respeta!
―Esa gente está loca, Ferro, y tú lo sabes… Y el de Galicia ese que pusiste ayer… ¿Te has fijado en que todos los huelguistas son negros? Es una rebelión racial, bróder… Están marcando el terreno para apoderarse de Cuba…
―¡No hables mierda! ¡Y respeta, coño!
―Yo respeto a los que luchan, que en Cuba es robar, disfrutar de la gozadera buscándose el baro, jugar por la izquierda o salir echando a ganarse la vida aquí… ¡Y ganársela de verdad, como me la gano yo! Los mártires son comemierdas que quieren que mañana les pongan su nombre a una esbec…
―¿No se habían acabado las esbecs?
―¿Qué se yo? ¿Vienes a comer garbanzos?
―Estoy ahí a las dos, ¿llevo el postre?
―No: ¡tráeme a Fariñas!
―¡Cabrón!
―Dale…
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Jorge Ferrer - 06/03/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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María Eugenia Arencibia, una amiga residente en La Coruña, se acercó esta mañana a hablar con Javier Fernández, el músico cubano que se declaró en huelga de hambre ante el Consulado de Cuba en Santiago de Compostela, Galicia. De vuelta a casa, me relataba lo que había visto: «Cuando miré a los ojos a ese hombre, supe que su decisión y su dolor son auténticos: ese hombre llegará hasta el final».
Más: «Con un hilito de voz me dijo: “es la primera vez que me siento libre”».
Mañana hará una semana que Javier Fernández no ingiere alimentos sólidos. Le dijo a María Eugenia que pronto dejará también de beber. Fernández, negro como Zapata y Fariñas -condición racial que él mismo menciona en el documento que ha circulado-, está dispuesto a inmolarse. Desistiría, dice, si todos los presos políticos cubanos son puestos en libertad. De lo contrario está dispuesto a llegar «hasta el final»
Hasta el final.
Desde primera hora de la tarde tengo aquí delante un post-it con el número de teléfono de ese hombre que ha elegido el martirologio. Los lectores de esta página saben lo que creo de la opción que ha elegido. Saben que me opongo rotundamente al delirio que ha desatado la muerte de Orlando Zapata Tamayo, ese delirio suicida.
He manoseado el teléfono unas cinco veces a lo largo de la tarde y la noche con la intención de hablarle, intentar disuadirlo, explicarle que su sacrificio es estéril. En una ocasión llegué a marcar su número. No hice la llamada.
¿Qué puede decirle un hombre sentado ante su confortable mesa de trabajo a quien se ha decidido por una muerte falazmente redentora? ¿Puede entrevistarlo como si nada? ¿Preguntarle qué tal le va con la muerte que le llega y desearle suerte? ¿Puede, por el contrario, decirle que está equivocado, que morirá en vano, que dejará huérfanos -a cambio de nada- a su hijo ya nacido y a la criatura que espera su mujer?
Darle voz a quien se quiere morir, ¿no incitará a otros a seguir su camino? ¿No lo animará a seguir con su empeño una vez que encuentra el eco que reclama?
Por otra parte, silenciarlo, ¿no será un acto miserable hacia quien da la vida por todos, uno incluido?
Hay ocasiones en que la capacidad de servir de altavoz de los que carecen de acceso fácil al espacio público genera dilemas éticos difíciles de resolver.
En cualquier caso, sean cuales sean las decisiones que yo tome, publicar este post, por ejemplo, siempre me resultará infinitamente más sencillo tomarlas que lo que le significó a Javier Fernández elegir su camino.
Yo no me juego nada. Él se lo está jugando todo.

De contra:
Documento redactado por Javier Fernández acerca de su huelga de hambre (es cortesía de María Eugenia Arencibia):

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Jorge Ferrer - 03/03/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Leo que se podrían paralizar los vuelos chárter entre Estados Unidos y Cuba. Vuelos comerciales que transportan a los cubanos a visitar a sus familias en Cuba. Puente aéreo que reúne a familias divididas por el castrismo, a hijos de padres, a hermanos de hermanas…
¿Qué paraliza los vuelos? ¿Una guerra? ¿La puñetera crisis? ¿Un inopinado desplazamiento del imán del Triángulo de las Bermudas?
Nada de eso. Resulta que allá por 1993 en una lectura bíblica ―¡ojo al dato!― cierta Ana Margarita Martínez conoció a recién llegado de Cuba, se casaron, fueron felices, el tipo era «magnífico conmigo», «muy protector», cuidaba de sus hijos y los ayudaba a hacer las tareas, hasta que un buen día salió a comprar tabaco… y lo fue a comprar a La Habana.
¡Horror! El modélico marido era un espía de Cuba, Juan Pablo Roque… ¡Ay, qué dolor, qué pena!
Pero ¿qué coño tiene que ver esa historia de novelita de serie B con el trasiego de afectos entre el exilio y sus familias en la isla?, se preguntarán.
Pues resulta que la de la lectura bíblica cayó en crisis: ¡seducida por espía y no era Sean Connery! ¿Qué hizo? ¿Seguir con su vida y apartarse de los focos?
Nananina. Presentó una demanda contra el gobierno de Cuba por haber mandado a Miami al 007 que la sedujo y, ¡agárrense!, ganó, en dos juicios sucesivos, una indemnización de ¡27.1 millones de dólares! ¡27.1 millones de dólares, mamá! (Los cien mil esos que joden el redondeo, ¿por qué serán? ¿Por el palo de la noche de bodas, acaso?)
Y sí, ahora se podrían paralizar los vuelos que reúnen a las familias cubanas, cientos de miles de personas separadas por el castrismo, para hacer caja con la que pagarle a Ana Margarita Martínez su indemnización por que el marido le salió culeco. A fin de cuentas, pensará la medio viuda, su condición de seducida por espía merece reparación inmediata a expensas del dolor cotidiano de tantos exiliados y emigrantes.
¡Hay que joderse con los cubanos, señoras, caballeros!
¡Lo nuestro, mírese como se mire, es de alquilar balcones!
Reconciliación, dicen. ¡Puah!

De contra:
Por cierto, no contenta con los veintisiete y pico millones asignados, que no cobrados, la despechada lectora de la Biblia anda buscando wanikiki para hacer una película que cuente su historia.
Sigue el comercial…
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