Otro Adonis muere entre colmillos

- 14/07/11
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba
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Hoy llegó a España el cadáver de un joven cubano. Venía entrampado entre los hierros del tren de aterrizaje del avión en el que cruzó el océano, no sabemos aún si vivo o muerto.

Los detalles que se han hecho públicos —su nombre, Adonis; las iniciales de sus apellidos; su edad—, indican que este Adonis ya cadáver viajaba provisto de documentación. Con toda certeza sin visa para un sueño, que cantaba ahora no me acuerdo quién.

Al otro Adonis, al que le dio nombre, lo trocearon los colmillos de un jabalí. A este lo aplastaron otros colmillos. No se trata, no, del primer cubano que llega a España en las fauces de un avión. Recuerdo a otros dos que llegaron congelados hace años. (Update: en Café Fuerte los cuentan uno a uno.)

Un hombre tiene que estar muy desesperado para esconderse entre esas maromas de hierros gélidos y de abrazo de oso —o jabalí. Uno tiene que estar muy hasta los huevos de un país para hacer eso. Y aunque sé muy bien que no solo son cubanos quienes se juegan así la vida —la vida que tengan y la vida que quieran tener—, que sea precisamente ciudadano de ese país quien viajó esta madrugada sin escalas de Rancho Boyeros al Instituto Anatómico Forense de Madrid me luce es dato a contemplar con la misma desazón con la que se contempla esa fotografía horriblemente coloreada, esa espalda cebreada por la muerte, ahí arriba.

(La imagen es cortesía de elmundo.es)

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Esa Habana cuyo paisaje cambia

- 13/07/11
Categoría: Cambios en Cuba
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Leo que el gobierno de Cuba busca poner orden en el paisaje de timbiriches en que se ha convertido la mutante Habana. Lógico, me digo. Y bien pensado, que no es cosa de reconvertir de nuevo La Habana desde la desidia. De estropear esa ciudad reducida con saña y eficacia rotundas a ruinas de ensueño permitiendo que cualquier vendedor de fosforeras, discos de timba o home-made tangas se apodere como le venga en gana de los espacios entre las columnas que maravillaron a tantos. Mímense las ruinas buscadas por las lentes de tantos turistas que acuden al parque temático del castrismo.

La Habana de la segunda mitad de la década de los noventa ya padeció una primera mutación. Se enrejó como nunca antes. Cada portal una jaula, parecía ser la consigna ciudadana. Se centroamericanizó a marchas forzadas y los soldadores fueron por un lustro y pico los reyes de esa ciudad de soldados. Todavía medran, que sigue habiendo mucho que enrejar.

Ahora, rótulo aquí, mostrador allá, los «nuevos cubanos», nada que ver con el «hombre nuevo», están modificando el paisaje de la ciudad. ¡Cuánto desconcierto el de esos díscolos cuentapropistas! ¡Cuánto exhibicionista descaro!

Conocemos el viejo tópico manoseado por geógrafos, historiadores de la cultura, urbanistas y esa suerte de profesión mística que es la de los ecologistas: el hombre transforma el paisaje.

Es otra la cuestión que ha de interesarnos a propósito de La Habana que muta: ese paisaje que transforman los hombres, ¿será capaz de transformarlos también a ellos mismos?

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Cuba y el gato de Schrödinger

- 29/06/11
Categoría: Cambios en Cuba, Excepcionalidad
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Cuba no tiene porque ser una Caja de Pandora, como algunos suelen pensar. Es decir, una que de ser abierta desataría todos los males.

Es otra caja Cuba, se me ocurría esta tarde en la sobremesa, cuando me vino a la cabeza esa vieja superstición de la física pensando en asunto bien distinto. Un fogonazo, ya saben.

Cuba es otra caja, digo. Más precisamente, la caja de Schrödinger, la que sirve de isla a su célebre paradoja. Con su gato, su botella ponzoñosa, y su puñetera partícula radiactiva (una, pero con múltiples nombres: cubanidad, patria y Castro son solo algunos) que, si se desintegra, rompería la botella y daría muerte al gato sin que desde fuera de la caja sepamos si el minino maúlla o ya calla para siempre.

Donde dice «mecánica cuántica», léase «mecánica castrista», por ejemplo.

El gato que puede estar vivo o muerto, la partícula fatal que lo decide todo, el pomo lleno de veneno y expuesto siempre al golpe del martillo, la realidad que vale así y vale asáo, según se la quiera ver, por indiscernible desde toda visión «clásica».

Si es que a Cuba, por ponerle alguno, siempre le han venido bien los apellidos alemanes. Humboldt fue uno. Imaginarla como Gato de Schrödinger sería concederle otro avatar que alimente su sed de excepcionalidad.

De contra:

Y, sí, me compré un regalito salido de la sobremesa. (También compraré el del “is alive” cuando lo encuentre…)

Este:

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