Pero hete ahí que en medio de ese torrente de informaciones se cuela Cuba, ese lindo paisito del Caribe —“la tierra más hermosa…” y todo aquello— y también quiere aportar lo suyo al ruedo noticioso.
Mientras los periódicos proclamaban urbi et orbi que Superman renuncia a la ciudadanía norteamericana, una veintena de SEALs se aprestaban a descerrajarle un tiro en la jeta a Osama bin Laden. En Pakistán, nada menos.
El mundo no es hoy más seguro, ni están más limpios el aire o los mares —lo último es manifiestamente obvio.
Todo es mucho más simple: los Estados Unidos se ocuparon de hacer el trabajo debido. (¡Vaya sorpresa!) El de cobrarse la muerte de miles de hombres y mujeres en la persona de quien los mandó a matar en nombre del odio a lo que representan nuestros valores —tan amplios ellos, que no difusos, que incluyen la capacidad de cuestionarlos y hasta la magia de volverlos al revés.
¿Qué rayos importa, pues, que a dibujante y empresa que distribuye comics se les ocurriera dar de baja a Superman para amasar otro puñadito de dólares a cuenta del antiamericanismo? ¿Qué coño importa, pues, que ya no contemos, ay, con el favor y el sabor de la criptonita?
Una buena hamburguesa, un vaso de Coca Cola y el convencimiento de que cumplir con el deber para con los vivos y los muertos es un oficio. A mí me basta con eso, como bastó para liquidar a psicópata hijo de puta.
Y Superman, dicho sea de paso, jamás me hizo ni puñetera gracia.
Se avecinan días con una buena cantidad de noticias que prometen robarnos el sosiego. Y más bien por gusto.
Enumero unas pocas: el (dicen que esperado) VI Congreso del Partido comunista de Cuba y el desfile militar que lo acompañará; los encuentros (del siglo, y sumen cuatro) entre el Barça y el Real Madrid; la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton; el cincuentenario de la fracasada invasión de la Brigada 2506; los estertores del régimen de Libia y las dudas de la OTAN y Obama sobre el qué diablos hacemos ahí y cómo lo hacemos… Y largo etcétera.
Atendiendo nuevamente a la vocación de servicio público de la que vanamente se ufana ETDLV, les confío, y recomiendo, una herramienta magnífica para sortear el aluvión de informaciones baladíes que nos asaltarán desde todos los rincones de pantallas y papeles.
A saber, la adictiva exposición de la vida de una familia de águilas en Decorah, Indiana. Una media de 60.000 personas sigue en todo momento el streaming de la cámara instalada sobre el nido por Raptor Resource Project. Ahora mismo, cuando redacto esta nota, somos 46.997 los internautas que seguimos las plácidas peripecias de esa casa que se alza a ochenta pies del suelo de una granja de Indiana. Tan plácida que uno de los aguiluchos lleva diez minutos ignorando la trucha que le trajo su padre.
Atiendan a esas águilas, oigan. Se trata, creo, de uno de los proyectos más extraordinarios que viven en la Internet. A veces uno tiene la sensación de que si de atender al decurso de la vida animal se refiere, hacerlo con la vida del hombre tal como la reflejan los periódicos es la peor de las opciones. La más estéril, al menos.
Dedíquenle al menos diez minutos al día al nido de Decorah, IN, aunque después, yo también, volvamos a pasearnos entre tomeguines y urracas.