Jorge Ferrer - 07/04/11
Categoría: Media | Etiquetas: Agua corriente
Imprimir
El diario El País se hacía eco esta tarde en su edición digital del inminente arribo a España de un avión fletado por el Gobierno de España con un centenar de familiares de presos políticos cubanos y algunos de estos.
Concluiría así una larga operación que ha sacado de las cárceles de Cuba a buena parte de los presos que la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) presidida por Elizardo Sánchez recomendó poner en libertad, a ruego de la Iglesia Católica cubana. España medió y ofreció asiento en la Península a los desterrados y en los finales de esas estamos. Más bien, aquí están. Más precisamente, aquí estarán, pues deben andar de camino al aeropuerto en Rancho Boyeros cuando escribo estas líneas.
Concluida la operación, llega la hora de evaluarla y de asomarse al espacio en que nos sitúa. Y ya me ocuparé de ello con menos prisas, si bien ya algo he ido adelantando. Significativamente en esta columna en El Nuevo Herald.
Volviendo a El País, y mientras resuenan en mis oídos los peros a la operación Iglesia/Estado y la acusación de «Nuevo Mariel» que se filtra por los mentideros cubiches, no he podido evitar sonreír cuando he visto hoy la manera en que titula la noticia su edición digital.
Lo hace así:

¿Reos? ¡¡¡Reos???
Corro al mataburros, a ver si, alfabetizándome, me tuerce la sonrisa.
¡Nada de eso!
Las acepciones primera y segunda de la voz «reo» corresponden a trucha marina y a turno en una cola. Entiendo no son esas las que interesaron a los redactores de El País.
Estas son las que siguen…

De escalofrío, señores, porque una de dos: o los redactores del diario El País consideran que los presos políticos cubanos bien presos estaban o los consideran, si los llamaron “a la uruguaya”, gente antisocial y de modales groseros.
En ambos casos, ay, coinciden punto por punto con la idea que de ellos tienen los medios de La Habana.
© www.eltonodelavoz.com
Jorge Ferrer - 17/03/11
Categoría: Actualidad, Media | Etiquetas: Agua corriente
Imprimir

Yo me recuerdo con 14 o 15 años escrutando el cielo de Moscú, donde vivía entonces, a la espera de que se levantara el hongo producido por la explosión de una bomba atómica. Tenía la certeza de que en cualquier momento lo vería alzarse sobre los edificios vecinos. Una certeza que en algunos días o a lo largo de algunas semanas era absoluta.
Y no es que fuera precisamente eso lo que me convertía en un adolescente algo lunático. Millones de adolescentes —y adultos y ancianos— que vivieron aquellos primeros años de la década de los ’80 en las grandes capitales a uno u otro lado del Telón de Acero compartieron ese miedo al Armagedón inminente. Un somero resumen de la impronta cultural de aquellos años «en los que se acababa el mundo» puede verse en este rincón de la web de la Universidad de Colorado.
Aquel peligro fue conjurado, felizmente. Y el fin del bloque soviético trajo la amenaza, muy exagerada y apenas creíble, de la libre disposición de las llamadas mininukes por parte de agentes terroristas. Asunto del que se han ocupado con moderado éxito el cine y charlatanes de toda especie.
Aún antes tuve ocasión, todavía en Moscú, de vivir la tragedia de Chernobyl. Por aquellos años el puesto que ocupaba mi padre en una institución financiera internacional me regalaba la dicha de leer cada fin de semana la prensa occidental que él traía a casa. No era poco, viviendo bajo la censura soviética, dedicar las tardes del sábado o el domingo a la lectura de Financial Times, Newsweek, US News & World Report y, muy especialmente, costumbre que todavía alimento, la sin par The Economist. Todas ellas cubrieron el accidente de la planta nuclear en Ucrania con isotópicos pelos y amenazantes señales. Luego, a pesar del criminal secretismo de las autoridades comunistas, también conocí ese miedo venido del átomo.
Todo eso había quedado atrás, mero recuerdo de la adolescencia y la primera juventud, hasta la histérica abundancia de los medios acerca de los peligros que nos llegan desde la Prefectura de Fukushima. Los medios europeos, ojo. Titulares como maldiciones bíblicas —charlatanería encaramada al pedestal de fango de los periódicos; politiquería fitomedieval; periodismo convertido en antropología para escolares —toda esa insufrible letanía sobre el savoir-être nipón: gente que, ¡fíjate tú!, ni llora ni asalta supermercados——, cuando no en mera proyección de las aventuras de un Godzilla al que apenas se ha visto escama, o dos.
¿Y saben qué? Harto estoy. Luego, métanse Prefectura, díscolo átomo, fisura en el contenedor y jolgorio fin-del-mundista por la misma primera plana donde les quepa.
Ni los japoneses, las víctimas de ahora o las que sean mañana, merecen ser reducidos a meros figurantes de los histéricos vicios de los lectores de periódicos de la mañana en Barcelona o París, ni mucho menos todos los lectores que todavía vamos a abrevar a esas charcas de papel merecemos se nos avise que debemos ir contratando a stalker.
© Ilustración: Tsunanime, cortesía de Álen Lauzán
© www.eltonodelavoz.com
Jorge Ferrer - 12/03/11
Categoría: Media | Etiquetas: Agua corriente
Imprimir
De las tantas fotografías del paisaje descalabrado que ha sido hoy el nordeste de Japón, estas tres.
1)

2)

3)

Un aeropuerto engullido por las olas y un depósito de vehículos convertidos de repente en cochecitos de juguete.
Aviones y automóviles, dos emblemas de cómo nos movemos sobre la superficie del planeta con ufano rostro de dueños del paisaje, desorbitados por una sacudida del subsuelo. Lo hondo descoyuntando lo superficial y nuestro trasiego con/por esa superficie.
Según una anécdota, acaso apócrifa, alguien preguntó en una ocasión a Salvador Dalí qué opinión le merecían las obras de Alexander Calder. Dalí habría respondido, más o menos: «Hombre, si uno decide dedicarse a hacer esculturas, lo menos que debería conseguir es que se estén quietas».
Y la tierra a la que robamos las distancias, claro, no se está quieta por mucho que la sometamos a permanente bondage con cintas de asfalto y corredores aéreos. ¡Ni que fuéramos escultores!
© www.eltonodelavoz.com