Ese hijo de puta de Muammar al-Gaddafi padeciendo al fin el revoloteo de mariposas en el estómago. El miedo que le tuvieron, y tantos le tienen, metido de pronto en su propia jaima y evacuado en la letrina adjunta. Megalómano repugnante, sátrapa con ínfulas de Mesías, autor de aquel ridículo Libro verde —da gusto, y es un decir, repasarlo esta noche—, caricatura de sí mismo y de todo un mundo «no alineado», tercerviísta…
Inenarrable el placer de saberlo contestado por los hijos de la Jamahiriya, como inenarrable el asco que producía verlo jaleado por Occidente, dándole tratamiento de hijo pródigo a quien solo se ha prodigado con la muerte y la prédica terrorista, antidemocrádica e islámica. También en la compra de adhesiones, habilidad que Gaddafi cultivó con mimo y éxito sostenidos.
Acabe como acabe la rebelión en Libia, acabará con sangre, ¡ya corre!, y ojalá que no ahogada en ella. Voto por ver ceacesquizado a ese monigote.
Como llamo a recordar que no todos se rindieron al fármaco del appeasement con Gaddafi, no. Ay, ¡es siempre tan reconfortante recordar a los clásicos!
De contra:
Es noticia en desarrollo. Sígase Al-Jazeera (English) para updates… Y en Twitter, claro, que es la hoja sobre la que primero se inscribe lo que pasa…
Dice Jean-Claude Duvalier (Baby Doc) que ha viajado a Haití «a ayudar». Imagino que conoció que la epidemia de cólera podría remitir y de ahí la idea: «¡A ayudar al cólera!»
Los periódicos de la tarde informan que está siendo recibido por sus partidarios —tiene partidarios, sí— y evaluando la situación antes de pronunciarse. Una rueda de prensa prevista para hoy parece haber sido pospuesta para mañana.
Tales funestas noticias y el asco que me produce el perdón que pidió Baby Doc al pueblo haitiano en cuanto aterrizó se me han atragantado al recordar algo que me decía el propio Caroit cuando nos vimos en La Habana en los primeros 90s.
«Ustedes los cubanos viven de espaldas al Caribe y no se dan cuenta de que el futuro de esta isla está prefigurado en lo que sucede en Haití o la República Dominicana», me reprochaba. Y ante mis juveniles protestas en favor de los discursos cubanos sobre la «insularidad» y la «excepcionalidad», repetía que precisamente ambas circunstancias convertían a Haití en un buen espejo en el que mirarnos.
No sé si Jean-Michel continúe pensando así veinte años después. Me encantaría pensar que ese paisaje de miseria y dictadores que van y vienen sea mero entorno circundante, pero no espejo.
He terminado la lectura de las memorias de Orlando Bosch: Los años que he vivido (Miami: New Press, 2010, 342 pp). Unas 150 páginas de texto, más abundante material sacado de las hemerotecas y el archivo fotográfico del autor.
Por extremas que sean las pasiones que despierte Orlando Bosch en valedores y detractores, su vida es una que merecía ser leída.
Activista estudiantil en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), dirigente del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Santa Clara, responsable de decisivos envíos de armas a Cuba desde Miami para las tropas de Fidel Castro, temprano organizador de la resistencia contra el régimen comunista instaurado en la isla por el propio Castro, protagonista crucial del inicio del movimiento guerrillero en el Escambray, organizador de campos de entrenamiento de exiliados cubanos en la Florida, responsable de operaciones militares contra intereses de la Cuba revolucionaria y de una amplia nómina de sabotajes dentro y fuera de Cuba, preso en varias ocasiones por su lucha anticastrista, entre ellas por la presunta autoría intelectual (junto a Luis Posada Carriles) del atentado al avión de Cubana de Aviación que se saldó con la muerte de 73 personas en 1976, etc., etc., Orlando Bosch es una figura atendible de los últimos sesenta años de la historia de Cuba.
«Luchador por la libertad» o «terrorista», según se le apliquen unos u otros baremos, el hecho es incontestable: Orlando Bosch contó –y contó bastante— en esa historia y valía la pena que la contara —y la contara bien— en sus memorias.
No ha habido suerte. Y no sé exactamente qué falló. Si la directora editorial Nancy Pérez Crespo o una idea errónea, por pobre, del noble género que se ocupa de contar los años que se han vivido, como reza el título.
Libro soso, prosa intransitable, lagunas o hiatos imperdonables, polémicas de nulo interés, regodeos absurdos, escenitas envueltas en celofán.
Uno siente que hay libro, porque hay hombre transitando por la historia, pero termina por no ver ni libro ni hombre ni historia.
Una lástima, oigan. No son muchos los cubanos que han dedicado toda la vida a la lucha contra las últimas dictaduras cubanas. La del dictador Batista —así lo llama Bosch que sabe de lo que habla— y la del dictador Castro.
Tampoco son muchos los que han decidido enfrentar a ambos regímenes con las armas, con la violencia. Violencia contra violencia. Ojo por ojo, aunque desde el exilio anduvieran tuertos de medios contra uno y, sobre todo, contra el otro.
Y sea cual sea la opinión de cada cual sobre tales empeños, y aun cuando se trate de una radicalmente contraria a esos afanes, todos deben leer esa historia. Conocerla. La de los que se concibieron vencidos como pueblo y no se quisieron dar por vencidos como hombres. Y eligieron el camino del gatillo y la pólvora.
Que el resultado de este empeño editorial sea calamitoso no hace justicia a los lectores. Tampoco a Orlando Bosch.
UPDATE:
Un lector me pregunta dónde comprar el libro.
Dónde puedo comprar el libro de orlando bosh dime si lo puedo ordenar online o lo tienes en pdf un abrazo
Antes de publicar el post llamé a Librería Impacto, la única referencia que me aparecía con existencias. Nadie respondió al teléfono y preferí no anotarlo, porque su site en Internet tampoco respondía. Vuelvo a llamar ahora y la amable librera me confirma que disponen de ejemplares del libro, cuyo precio “oscila entre los $20 y $25 y tal vez menos”.