Entre otras incontables bondades de los canales que permiten subir segmentos de video a la Internet y hacerlos de dominio público, la publicación de materiales rodados en Cuba por turistas, sobre todo por los cubanos que viajan allá desde Miami, le permite al voyeur asomarse a las calles de la isla y escuchar a sus gentes hablando «en privado».
Admito que soy un fan entregado de esos por lo general breves asomos a la realidad, estampas de barrio cuyos personajes —que muchas veces no han visto Youtube o Vimeo en sus vidas— regalan al curioso.
Así, por ejemplo, esta brevísima escena llegada al Tubo hace unos minutos que recoge mensajes de muchachos de en torno a los quince años destinados a, tal vez, la madre de uno de ellos o acaso un vecino que ya «se fue»: sus deseos y su idea, nada sofisticada, del sistema político en el que crecen.
No se trata solo de que esa sea Cuba también, sino de la certeza, avalada por la espontaneidad de los actores, de que esa es más bien Cuba.
Artista y performer radicado en Cuba, Hamlet Lavastida (1983) estudió en San Alejandro y el Instituto Superior de Arte, donde tomó parte de la Cátedra Arte de Conducta de Tania Bruguera.
Reflexión es una obra de 2009. Condensa algunos de los mejores aciertos de Lavastida: irreverencia, subversión de los discursos políticos y un manejo notable de los recursos narrativos.
Hay abundante testimonio fotográfico de sus performances en La Habana aquí.
En la sobremesa de esta tarde, comentábamos el debate electoral de ayer y unos amigos llegados desde los Estados Unidos intentaban comprender el por qué de las encendidas pulsiones nacionalistas en Cataluña —especialmente, la tozudez en materia lingüística. Algunos nos dimos a la tarea de ilustrarlos.
Tras larga media hora de infructuosos afanes —encadenados enarcamientos de cejas; miradas cómplices cruzadas entre ellos—, uno preguntó entre el estupor y el aburrimiento:
—Pero ¿por qué tanto lío cuando todos estaremos hablando chino dentro de 25 años?
Ahí el diálogo se avivó:
—No creo que en 25 años China sea lo que se espera de ella —dijo uno.
—Pero Goldmann Sachs sigue diciendo que…, etc. —peroró otra.
—Yo diría que al menos medio siglo le falta… O un poco más —dijo un tercero y adelantó teoría.
Un cuarto de hora más tarde, expuestas ya las posiciones de cada comensal, alguien preguntó qué asunto nos había llevado a China.
—La política de Cataluña, esta Comunidad autónoma —le recordé—. Las elecciones del domingo.
Reímos.
—Elecciones —dijo alguien que había callado hasta entonces—.Y pensar que dentro de los que ustedes quieran años -pongan siglo, si les complace-, no es que estemos todos hablando chino, que lo estaremos… ¡Es que también estaremos votando a las franquicias o filiales outsourced de su Partido comunista!