Todos somos (algo) seminolas

- 14/05/10
Categoría: Oposición, Poscomunismo | Etiquetas:
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Los españoles, se sabe, evacuaron la Florida en 1763, tras cedérsela a los ingleses a cambio de recuperar La Habana. La península quedó entonces virtualmente despoblada, porque no sólo los españoles bajaron a Cuba.

También lo hicieron quienes con ese viaje se convirtieron en los primeros norteamericanos que visitaron la Isla: los indios seminola que acompañaron a los colonizadores en su viaje.

Poco se sabe de la suerte de aquellos pioneros norteamericanos y su avatar cubano. No eran turistas; iban a asentarse en aquella isla española. Sin embargo, parece que muchos regresaron más tarde a los Cayos de la Florida y desconozco qué no les gustó en Cuba como desconozco si lo hicieron en embarcaciones precarias y fueron entonces los primeros balseros en enfrentar las corrientes del Golfo. Cabe suponer que abominaron de los mismos españoles a los que siguieron.

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Quienes ahora pensamos desde fuera de Cuba en cómo debe ser la Cuba futura, quienes le diseñamos futuros, como quien talla en el aire, deberíamos, se me ocurre, recordar más a menudo aquel episodio con viaje de ida y vuelta.

Atraídos súbitamente a Cuba por un cataclismo político, los seminolas volvieron a casa en cuanto olieron barracón. En cuanto se apartaron de aquel delicioso olor a vainilla, que según Chateaubriand despedían las tierras de la Florida.

Ni nosotros ni nuestros hijos vivirán ya en aquella isla para la que diseñamos futuros perfectos. No se olvide ese detalle. Y actúese en consecuencia.

Y no, no se trata, como creerá el lector apresurado, de renunciar a pensar en Cuba y actuar por Cuba.

Simplemente, se trata de hacerlo asumiendo que todos somos, cuando menos, seminolas.

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«Castrofascismo», «castrocomunismo» y otros ismos…

- 30/04/10
Categoría: Memoria, Poscomunismo | Etiquetas:
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¿Seré el único a quien repugna esa manía de equiparar al castrismo con los horrores del nazismo? E incluso con los horrores del comunismo soviético o chino.

El asunto parece materia para Álvarez Guédes, francamente.

Chiste de cubanos a los que el castrismo les parece poco y quieren más, que los cubanos siempre son «los más». En realidad lo parecería si no fuera porque tratamos con millones y millones de muertos. Con millones y millones de víctimas de los Lager y el Gulag.

Pero eso es lo que hay.

A algunos castrismo no les parece bastante para denominar al régimen dictatorial que padece Cuba y la ideología caudillista del totalitarismo insular. A la manera de franquismo o estalinismo, por ejemplo. No. ¡Qué va! Le llaman «castrofascismo» o «castrocomunismo», como si el apellido añadiera horror, porque toma otros horrores prestados. Castrismo les parece poquito, y allá van. Todavía no he visto lo de «castropolpotismo», pero supongo que será por prurito de eufonía.

He tenido ocasión de llamarle la atención a quienes abusan de esa hipertrofia de la razón. En uno de los casos alguien se refirió al «Holocausto del castrofascismo» y le avisé que no convenía jugar con esa hipostasis, por falaz. Le mencioné los seis millones de judíos exterminados en las cámaras de gas, más los horrores que padecieron millones de europeos bajo el estalinismo y el nazismo, y le sugerí que concluida la guerra civil en Cuba hacia 1966, la dictadura apenas había asesinado por motivos políticos y mucho menos lo había hecho en masa. De Holocausto, nada, pues.

¡Mamita! ¿Cómo se me ocurrió? Tuve que leer en respuesta a mi aviso que «lo de los judíos no fue nada», ¡sic!, ¡SIC!, comparado con las víctimas del comunismo. Cuando alguien te dice que el exterminio fabril de millones de personas fue «nada», compáreselo con lo que se lo compare, sólo cabe deducir que se trata con un alienado, para llevarlo suave.

Esto de no saber justipreciar el horror del totalitarismo cubano e incurrir en la ridiculez de equipararlo con el nazismo o las prácticas genocidas del estalinismo o el maoísmo no me parece asunto baladí.

No se trata, ojo, de la identidad de los mecanismos de control social implementados por el fascismo, el comunismo o el castrismo, en tanto regímenes totalitarios. Para comprender las prácticas comunes a esos sistemas de coerción y «castigo» bastan, incluso sin aturdir demasiado a la bibliotecaria en la Biblioteca municipal, un buchito de la Arendt, una cucharadita de Foucault y una raspita de Agamben.

Pero, oye, en serio: ¿de veras no se sabe que los hombres de la Gestapo, las SS y el NKVD dispararon a bocajarro, al pecho, la cabeza o la nuca a centenares de miles de ciudadanos día a día, noche a noche, durante años? Lo hicieron en sus casas, en las celdas, en los guetos, en el universo concentracionario, en plena calle; lo hicieron ante las zanjas que los propios condenados cavaban y a las que veían lanzar primero a sus hijos aún vivos…

La cuestión es qué idea del último medio siglo cubano tienen quienes equiparan los grandes genocidios del s. XX con la revolución de 1959. Y de qué servirá esa idea cuando se trata de pensar y se trate de hacer un país futuro. Ésa es cuestión menor, sin embargo.

En realidad, lo que me repugna, lo que me asquea, es el insondable desprecio que esas personas y sus alardes manifiestan por el largo centenar de millones de víctimas del estalinismo, el maoísmo y el fascismo.

¿Será que a falta de genocidio propio estiman que es válido insultar la memoria de los muertos ajenos?

Más: ¿de veras se necesita recurrir a hipérboles improcedentes y odiosas para denunciar lo que hemos soportado y soportamos los cubanos?

Diría que no.

A mí me basta el horror del castrismo sin apellidos para denunciarlo. El de sus fusilados, el de sus presos, la saña con que se trató a los plantados, los muertos en las cárceles y en el mar, las penosas condiciones carcelarias que padecen dos centenares de presos políticos, el dolor del exilio, el acoso a toda forma de disidencia, el ostracismo que padecen los opositores, los actos de repudio y largo et cetera… Pero también: y punto.

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Elecciones en Cuba para «delegados de circunscripción»

- 24/04/10
Categoría: Poscomunismo | Etiquetas:
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Mañana hay elecciones en Cuba, leo en Granma. Elecciones de esas que en Cuba llaman elecciones.

Eligen a los delegados de circunscripción.

Del fútbol dijo alguien, más o menos, que era un juego de veintidós hombres corriendo tras un balón y que siempre ganaban los alemanes. Parodiando se podría decir que las elecciones en Cuba son un juego que involucra a ocho millones de personas y siempre acaba ganando un tipo de apellido Castro.

Ahora hay suerte, sin embargo. Que antes uno ante eventos de esta ridícula índole solía denunciar la farsa, denostarla, etc. Coger lucha, vaya.

Pero desde que Porno para Ricardo publicó el disco «A mí no me gusta la política, pero yo le gusto a ella, compañeros» ya uno se toma elecciones y delegados de circuncripción en otros, hilarantes, términos.

Disfrútese de PPR durante la jornada electoral, el recuento y la lectura de sus resultados. ¡Alivia!

Porno para Ricardo – El delegado

Shin-Divider

De contra:

De Gorki Águila, mencionando este tema en concreto, escribí antes en post que fue reproducido en la revista Mistura (pp. 14-16).

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