Ventajas de vivir en una maqueta

- 15/01/10
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Son las 00:40. Vuelvo a casa y a dos manzanas se detiene un coche a mi lado. Nos separan dos metros y medio, y una motocicleta aparcada en la acera. Y mis llaves, sujetas por una anilla que hago girar sobre el dedo índice.

En el coche viajan cuatro muchachos.

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El conductor me pregunta qué calle es la próxima. «Torrent de les Flors», respondo. Sin pausa, me apunta con algo que él quiere parezca una pistola.

―Acércate despacio ―me dice. Habla con acento sudamericano.

―No ―respondo.

―¡Qué te acerques, joder! ―reclama.

―No ―repito―. Uno nunca se acerca a un comemierda con una pistola falsa. Acércate tú ―lo animo. Lo de «comemierda», claro, era buscando empatía continental. Pero no captó el guiño o no quiso.

―Dame la cartera ―dice el muchacho, y a esas alturas ya es evidente que son cuatro tontos que creen ―aunque ya comienzan a dudar― haberse topado con otro.

―No llevo ―respondo. Tampoco hay que forzar las cosas.

―¡La cartera! ―lo intenta otra vez poniendo una cara de malo más falsa que la pistolita.

―Lo dejamos, ¿o qué? ―pregunto con muy contenida guapería.

Uno de los «compinches» le da un manotazo en el hombro al hombre malo de la pistolita y el coche sigue viaje entre carcajadas.

Y también yo sigo mi camino, contento de vivir en Barcelona y no en Caracas o Cali.

En la ciudad donde (casi) todo es falso, también lo son (casi todos) los atracos.

Ilustración: Instalación de Steven Earl Weber.

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Patio de luz

- 20/12/09
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patio de luz

Hay una mujer que estornuda cada noche en torno a las dos. Repetidamente. Lo hará en unos pocos minutos. Sniff. Sniff. Dos veces siempre. Sus estornudos son como campanadas que me avisan de que he de irme a la cama. Hay dos argentinos, un par como los estornudos, que copulan antes con unas ganas extraordinarias. Ella es de lo mejorcito que he oído follando. La huelo cada vez que me la tropiezo en el supermercado. Huele súper y huele a mercado. Suelo poner algo de Charly García en Spotify cuando acaban. Hay unos vecinos, que por pobres o por gusto o tal vez por vicio, compran pescado barato que fríen una noche sí y otra no, llenándome la mesa de un insoportable olor al Moscú de los ochenta. Les gustan los arenques. ¡Vaya si les gustan! Hay una madre con hija adolescente y díscola. No me gustan sus peleas, que son sonoras y en un catalán exquisito que casi siempre acaba estropeándose con algún «joder», así fritado en español.

Patio de luz, le llamamos en España a esos tubos por los que sube la vida. Aquella bíblica columna de fuego. En Éxodo, ¿se acuerdan?

«Patio de luz», ¿quién ideó denominación tan extraordinaria?

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