Jorge Ferrer - 10/06/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Leo que Moratinos ―«Curro» para sus amigos― se reúne hoy en París con Bruno Rodríguez, ministro de exteriores cubano. Reunión de urgencia, reunión-sorpresa, para tratar aquello de la «posición común», su revisión que si sí o si no, y todas esas cosas sobre las que Moratinos y Bruno Rodríguez conversan cada vez que los reúnen el oficio o la fatiga.
Hace dos días, desandando Torrent de les Flors, mi perro y yo nos tropezamos con la bella Lola y su amable dueña. Lola, como mi perro, es una graciosa frenchie, y tiene unos cuartos traseros ―un culo, vaya―, que a Bruno le parecieron la mar de apetecibles. Y no lo disimuló, el muy canalla, olisquea que te olisquea y encaramate que te encaramate. Mi perro también responde por Bruno Rodríguez, como el ministro que verá mañana a Curro.
Bruno, por Bruno Schulz, y Rodríguez porque tal es el apellido de su ama. Consta en su pasaporte porque así se lo inscribió: Bruno Rodríguez.
La similitud entre mi Bruno y Lola ―cada uno pensará que se mira en un espejo cuando se para frente al otro― y la, digamos, química entre ambos nos movió a su dueña y a mí a seguirlos reuniendo. Porque va y hacen cría, comentamos entre risas. Así, pactamos un encuentro para hoy jueves a las siete de la tarde en la Plaza de la Virreina, en Gràcia.
De manera que en unas pocas horas dos Brunos Rodríguez ―el ministro cubano y mi perro― tendrán encuentros íntimos en sendas ciudades europeas.
Con la dueña de Lola acordamos que no dejaremos que Bruno la monte así a la brava y a la primera. Somos gente y perros con modales. Y creemos que deben conocerse muy bien antes de la penetración y la amenaza de prole.
Nada sé de cómo han tratado ese asunto Miguel Ángel Moratinos ―Curro― y el otro Bruno Rodríguez. Consta que se conocen desde hace mucho. Va y ellos sí ya se consideran aptos para hacer cría.
¡Exitará tanto hablar de cárceles llenas de «hombres sin mujer» , mientras se piensa en Repsol y su drill, baby, drill!

De contra:
Les debo imagen del pasaporte de mi Bruno Rodríguez, que no tengo scanner en casa.
La tendrán mañana.
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Jorge Ferrer - 09/06/10
Categoría: Poscomunismo, Transición | Etiquetas: Agua corriente
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Me divierte esa propuesta de La Habana partida en dos que leo.
Proponen que lo que quedó de la antigua provincia Habana después de que la segregaran de la capital y pasara a llamarse coloquialmente «Habana Campo» sea subdividida a favor de dos nuevas provincias, Artemisa y Mayabeque. De paso, la primera le hurta a Pinar del Río tres municipios y entre ellos San Cristóbal, al que Raúl Castro tiene por la esperanza blanca de la producción de alimentos. (Tengo para mí que a los pinareños no les va a gustar que se lleven la jama para La Habana ―así la seguirán llamando por los siglos de los siglos. Porque una cosa es que se la incauten en camiones y otra a la manera de Saddam, pero ese es otro asunto y tampoco San Cristóbal es precisamente un Kuwait.)
Lo que me divierte, digo, es que no podían haber imaginado denominaciones más sugerentes para las nuevas provincias que Artemisa y Mayabeque. ¡Prodigioso, oye! ¿Cambios quieren? Pues, les prometen deliciosas alegorías de cambios. Provincia con nombre de diosa protectora de los partos y provincia con nombre de río. Habrá parto y todo fluye. Dos ideas que calarán profundo en las poéticas almas de los cubanos. Referencias a Heredia y Heráclito ya correrán de boca en boca en los corrillos del Parque Central. «La bomba H», dirán los entusiastas a los incrédulos.

El «poco a poco» de Castro II continúa ―cómo no, tratándose de señero amante de las artes―, por la poesía. La lírica de influencia greco-latina y el neosiboneyismo: ¡qué no harán con la simpar Artemisa o con el bucólico Mayabeque! Imagínense lo que esa dupla dará a Palmas y Cañas cuando güineros y corralillenses se enfrenten en justa repentista: Artemisa que rima con «pisa» ―«pisar» en lengua guajira es lo que es― y Mayabeque que rima con «teque».
Y hay más provecho. De paso, muchos pinareños podrán librarse del sambenito de tales. Ahora serán artemiseños, aunque en secreto se llamarán habaneros. ¡Cuánta alegría la de todos esos antes tildados de bobos por altivos habaneros de rancio linaje y ahora convertidos en listos por ley que se votará ―hasta el más pinareño de los pinareños lo sabe― por unanimidad!
No hay cambios en Cuba, dice tanto hombre de mala fe. A ver si cuando este hachazo a la geografía política muestre sus bondades ―¿alguien duda de ellas conociendo la extraordinaria eficacia administrativa del socialismo cubano?― se convencen de que la nave va. Surca las aguas del Mayabeque bajo la atenta mirada de Artemisa, sus flechas listas para clavarse en las carnes del astado que… Oye, ¡y las vacas donde están!
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Jorge Ferrer - 07/06/10
Categoría: Memoria, Poscomunismo | Etiquetas: Cuba futura
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Traudl Junge fue una de las secretarias de Adolf Hitler. Y fue ella la encargada de tomar al dictado el testamento de su jefe, dos horas antes de que éste se suicidara.
Junge, quien sentía un apego personal por Hitler que le era correspondido, recuerda la sensación que le produjo escuchar el testamento del hombre que había arrastrado a Alemania a la ruina y la devastación. Gitta Sereny lo anotó:
«En ese momento creí que sería la primera persona sobre la faz de la Tierra que entendería por qué fue necesario todo aquello; que diría algo que lo explicaría […], que lo justificaría todo, que nos enseñaría algo, que nos dejaría algo. Pero entonces, Dios mío, cuando empezó a dictar la lista de ministros que designaba para suceder a su Gobierno, de forma tan grotesca, pensé (sí, recuerdo que ya lo pensé entonces) qué poco digno era todo aquello. Volvió a repetir las mismas frases, con el tono tranquilo habitual en él, y, para finalizar, volvió a emplear aquellas terribles palabras para referirse a los judíos. Después de toda aquella desesperación, de todo el sufrimiento, ni una sola palabra de compasión o de dolor. Recuerdo que pensé: “Nos ha dejado sin nada. Con la nada (Ein Nichts)”».
Sus palabras son extraordinarias y me imagino serán semejantes a las que nos confiarán quienes registren las últimas voluntades de los hermanos Castro. O de cualquier dictador que conduzca a su país a la ruina. Porque, ¿qué legado dejan después de años persiguiendo una utopía siniestra? La nada.
Cita: Gitta Sereny, El trauma alemán. Testimonios cruciales de la ascendencia y la caída del nazismo (Barcelona, Península, 2005; tr. de Ana Duque de Vega), p. 369.
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