La MTV, que ha sido para la cultura pop del fin de siglo lo que las rayas para las cebras, emitió hace unos días documental muy especial de su célebre y exitosa serie True Life. Lo rodaron en Jeddah, considerada la ciudad más abierta de Arabia saudita, y entrevistaron a cuatro jóvenes saudíes que quieren saltarse los límites de la heterodoxia wahabita.
No son los únicos: son apenas los elegidos en casting que dejó fuera a otra docena.
Bajo el régimen de Abdulá (Abdullah Bin Abdulaziz Bin Abdulrahman Bin Faisal Bin Turki Bin Abdullah Bin Mohammed Bin Saud = خادم الحرمين الشريفين الملك عبد الله بن عبد العزيز آل سعود), cuyo código legal es la sharía, o ley islámica, esos atentados contra la religión de Estado se pagan caros. Con la cárcel, con la espalda desgarrada a latigazos, con la retirada de la autorización para viajar al extranjero… Y si la cosa es muy escandalosa, con la amputación de miembros o con la decapitación.
Hablamos, ojo, de atentados tan desmesurados como enamorarse de una muchacha en Facebook o de cortejarla mediante mensajes de texto desde la Blackberry, organizar una banda de rock o querer vestir a las jóvenes saudíes con colores menos negros que el petróleo.
Como era de esperar, sobre los cuatro valientes jóvenes que contaron sus historias a MTV ―que nos las contaron a todos nosotros―, pende ahora la amenaza de juicio. Y algunos de los castigos antes descritos. Se los acusa de haber «declarado abiertamente sus pecados».
¡De ampanga! ¡Porque benditos sean los que pecan bajo esas satrapías con rostro y modos del año 1.000! ¡O donde sea!
Mera pretensión, por cierto. El enorme talento de masas enormes de jóvenes árabes o persas, sus ansias de libertad y la evidente caducidad de los sistemas opresivos que padecen son promesa de cambio de la que apenas dudo.
El periodista Jorge Moreta (Salamanca, 1972) ha escrito un magnífico libro sobre Cuba. Dice que se trata del libro que le hubiera gustado leer, que por eso lo escribió.
Pues de paso, y sin que nos conociéramos, escribió el libro que a mí me gustaría leyeran quienes viajan a Cuba. Y todos a quienes interesa ese país aquí.
Cuba más allá de Fidel se enmarca en la literatura de viajes, un género mal tenido por género menor. Moreta ha sabido emular el rango de mayoridad de que lo dotaron un Bruce Chatwin o un Richard Kapuscinski. Su prosa es aritmética fiesta; su mirada, puntero láser.
La crónica de los más de 3.000 kilómetros que recorrió en Cuba es la de quien mira un país y sus gentes desde la distancia crítica, pero desde el acercamiento antropológico, la excursión en la historia y la lectura atenta de las más diversas manifestaciones de la cultura ―tan diversas como para incluir el boxeo o la piratería, la Guerra fría o la literatura de Reinaldo Arenas, el Benny o Camilo Cienfuegos, Herbert Matthews o Meyer Lansky, la colonización de Cuba o las Guerras de Independencia, la mitomanía de Ernesto Guevara o la locura del Chory…
Toda Cuba quiso entrar en este libro en lo que constituye una iniciación a 500 años de historia y política, mientras Moreta recorre la isla en un auto rentado, de Oriente a Occidente, constatando la ruina en que el castrismo ha convertido al feudo que unos poquísimos gobiernan por medio siglo.
Buscavidas y jineteras, turistas del sexo y policías corruptos, obtusos guías castristas y generosos espontáneos, son algunos de los personajes que asoman aquí o allá por ese paisaje trazado con humor y tiralíneas.
Jorge Moreta firmará ejemplares de Cuba más allá de Fidel (Altaïr, 2009) en la Feria del Libro de Madrid.
El libro ha sido finalista del Premio Internacional de Literatura de Viajes «Camino del Cid» y del Premio de la Crítica de Castilla y León.
Lo hará el sábado, 5 de mayo junio, de 18,00 a 20,00 horas, en la caseta nº 52 de la librería Mapas Perseo, especializada en literatura de viajes, y el domingo, día 6, en las casetas de la Librería Altaïr (nº 44), de 12,00 a 14,00 horas, y De Viaje (caseta nº 34), de 18,00 a 20,00 horas.
Y no, no hay descuentos para lectores de ETDLV. Se los debo.
La última operación del ejército israelí ha dejado (parece que) diez nueve víctimas ―y no diecinueve como se escribió en día en que los diarios han sido enormemente felices. Con los diarios e Israel servido en la picota pasa lo que cuando a un grupo de niños ociosos les das un balón. Comienzan a patear que da gusto.
Porque patear a Israel o patalear porque si Israel esto o lo otro, ya se sabe, es el deporte preferido de todos los periódicos menos puñado escaso.
El furor informativo ha sacado hoy a pasear toda su rabia contra la única democracia de Oriente Medio. Masacre, matanza, «baño de sangre», chillan entusiastas. Un somero vídeo que cierto joven azerí subió a Youtube sintetizaba lo que pasaba por la cabeza de muchos, aunque no todos sean tan explícitos o sinceros como Ahmadineyad o los prebostes de Hamás. La misma Hamás que mantiene secuestrada la Gaza a la que viajaba el barco intervenido.
¿Quiénes viajaban en ese barco, el Mavi Marmara, oye?
Oh ―nos dicen plañideras las rotativas―, pobres civiles. Dulces «activistas». Eso nos ha repetido hoy la prensa con empalagosa machaconería. También de Hiroshima se dijo que era un plácido pueblo de pescadores.
Civiles.
Gocemos de esos «civiles», «activistas» sin uniforme, según reportaje que Al-Jazeera ―la nada sospechosa de simpatías por Israel Al-Jazeera― enseñaba horas antes del salpafuera. Atiéndase a esos inocentes civiles: sus cánticos, sus palabras, sus jetas.
¡Solavaya!
Visto, pues, que los pacifistas entonaban cánticos llamando a la muerte de los judíos y se consideraban llamados al martirio, se comprende por qué decidieron desafiar al Tsahal y se negaron a aceptar las propuestas israelíes de desembarcar fuera de Gaza y trasladar la carga humanitaria por tierra hasta ese enclave. Ojo al dato: Israel ofreció canalizar toda esa ayuda: los «pacifistas» se negaron, porque buscaban su Normandía.
Y visto que los pacifistas no eran precisamente pacíficos, a nadie sorprenderá que recibieran a los soldados israelíes como lo hicieron. ¿Resistencia pacífica? ¡Ná, que va! Linchamiento en toda regla. ¿Que te bajan unos judíos del cielo, aunque sea del cielo bajo que es un helicóptero? Pues, a matarlos a golpes e intentar cobrarse rehenes.
Y se afanaron. Atiéndase a esas barras de hierro que golpean a soldados que llaman al orden, en lugar de bajar a tiros. (El vídeo puede requerir verificación de edad).
Algo huele mal en Israel. Y ese mal olor ha de preocuparnos.
La operación en enero pasado que consiguió eliminar a Mahmoud al-Mabhouh, jefazo de Hamás, se saldó con la identificación de once agentes del Mosad. Todos quedaron inhabilitados para trabajos operativos. Así, se perdieron once efectivos de la lucha anti-terrorista.
La de hoy exigía la neutralización de decenas de beligerantes activistas que viajaban hacia Gaza al grito de «Alá Akbar» ―Dios es grande―, gente dispuesta al martirio ―lo que llaman martirio― y profundamente antisemita. Haber permitido que generaran una situación que solo podía resolverse a tiros fue un error mayúsculo, porque debilita la posición de Israel en un momento crucial ―si no lo ha sido alguno en la historia de ese país.
La celebrada eficacia del Mosad y el Tsahal, responsables de la seguridad de los israelíes, parece cosa de ayer. Ello cuando toda acción de Israel entraña un reto político y un reto de imagen.
Ojalá que el coste operativo de Dubai y el coste mediático de hoy sirvan para devolver la ejemplaridad de antaño, porque en ese trozo del mundo hay más en juego que en desiertos enteros, montañas distantes y todas las elegantes capitales de Occidente.
De contra:
Ah, mira tú qué cosa, resulta que el cooperante español que andaba en esa refriega, cierto Manuel Tapial, se interesó por Palestina ―por jalear a Hamás, entiéndase―, en fase tardía de su dedicación a las grandes causas.