Jorge Ferrer - 04/03/10
Categoría: Memoria | Etiquetas: Agua corriente
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Guillermo Fariñas
El primer recuerdo que tengo de una asociación entre Cuba y la idea de inmolarse data de 1983. Eran los días de la intervención norteamericana en Granada y tarde en la noche mi padre recibió una llamada desde la Embajada de Cuba. Le dijeron, y nos repitió después, que el coronel Pedro Tortoló se había «inmolado» junto a un último grupo de militares y constructores cubanos. «Inmolación» aquella que nunca fue y que por no ser, pero haber sido difundida, le costó a su desafortunado protagonista un ostracismo que no merecía.
Ahora en La Habana, tras larga pausa, suena otra vez la voz «inmolación». En clave bien distinta, por cierto. Resulta que hay cubanos dispuestos a inmolarse por la causa de la libertad. Tras la muerte de Orlando Zapata, hay al menos uno, Guillermo Fariñas, que lo proclama claramente y en términos, lo digo sin ambages, que muestran a un alucinado. «Hasta los psicólogos del Ministerio del Interior dicen que es mi perfil: yo tengo alta vocación de mártir», le leí ayer, cuando aún no había perdido el conocimiento.
A mí, francamente, esos llamados a morir por la patria me producen un intenso desasosiego. Primero y sobre todo, por la imposibilidad de conjurar esas muertes: resulta muy difícil convencer de las bondades de la vida, de la acción en vida, a quien ya ha elegido el camino del martirio. Segundo, porque en estos tiempos postnacionales morir por algo tan etéreo como eso que antaño llamábamos patrias, me parece que es un poco morir por nada. Tercero, porque ni si aún tuviéramos patria valdría la pena morir por ella, por esa Cuba ojerosa y magra como el propio Fariñas que ofrece su vida en holocausto.
Pero hay aun otra razón para mi desasosiego. Antes, muchas veces, los cubanos nos hemos preguntado cómo es que nadie en el entorno del dictador se haya decidido jamás a pegarle un tiro. En cincuenta años, no contamos ni con una sola conjura palaciega para descerrajarle un balazo en los hocicos a Fidel Castro. O a su hermano. Y cada vez nos hemos respondido que ello no ha sucedido por una sencilla razón: los cubanos no tenemos vocación de mártires.
Y mira, sí; ahora resulta que sí. Que tenemos mártires, bravos y negros los dos. Zapata ya reposa en Banes y Fariñas va camino de la agonía mientras los déspotas ríen en Punto Cero y Palacio, entretenidos en filmar sus muertes, macabros e ilesos los dos.
La fotografía es de la Agencia EFE.
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Jorge Ferrer - 03/03/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Leo que se podrían paralizar los vuelos chárter entre Estados Unidos y Cuba. Vuelos comerciales que transportan a los cubanos a visitar a sus familias en Cuba. Puente aéreo que reúne a familias divididas por el castrismo, a hijos de padres, a hermanos de hermanas…
¿Qué paraliza los vuelos? ¿Una guerra? ¿La puñetera crisis? ¿Un inopinado desplazamiento del imán del Triángulo de las Bermudas?
Nada de eso. Resulta que allá por 1993 en una lectura bíblica ―¡ojo al dato!― cierta Ana Margarita Martínez conoció a recién llegado de Cuba, se casaron, fueron felices, el tipo era «magnífico conmigo», «muy protector», cuidaba de sus hijos y los ayudaba a hacer las tareas, hasta que un buen día salió a comprar tabaco… y lo fue a comprar a La Habana.
¡Horror! El modélico marido era un espía de Cuba, Juan Pablo Roque… ¡Ay, qué dolor, qué pena!
Pero ¿qué coño tiene que ver esa historia de novelita de serie B con el trasiego de afectos entre el exilio y sus familias en la isla?, se preguntarán.
Pues resulta que la de la lectura bíblica cayó en crisis: ¡seducida por espía y no era Sean Connery! ¿Qué hizo? ¿Seguir con su vida y apartarse de los focos?
Nananina. Presentó una demanda contra el gobierno de Cuba por haber mandado a Miami al 007 que la sedujo y, ¡agárrense!, ganó, en dos juicios sucesivos, una indemnización de ¡27.1 millones de dólares! ¡27.1 millones de dólares, mamá! (Los cien mil esos que joden el redondeo, ¿por qué serán? ¿Por el palo de la noche de bodas, acaso?)
Y sí, ahora se podrían paralizar los vuelos que reúnen a las familias cubanas, cientos de miles de personas separadas por el castrismo, para hacer caja con la que pagarle a Ana Margarita Martínez su indemnización por que el marido le salió culeco. A fin de cuentas, pensará la medio viuda, su condición de seducida por espía merece reparación inmediata a expensas del dolor cotidiano de tantos exiliados y emigrantes.
¡Hay que joderse con los cubanos, señoras, caballeros!
¡Lo nuestro, mírese como se mire, es de alquilar balcones!
Reconciliación, dicen. ¡Puah!

De contra:
Por cierto, no contenta con los veintisiete y pico millones asignados, que no cobrados, la despechada lectora de la Biblia anda buscando wanikiki para hacer una película que cuente su historia.
Sigue el comercial…
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Jorge Ferrer - 01/03/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente, Mimbres de la Voz
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Me hago un lío con este tipo.
Responde por Willy Toledo… Y me gustaría que respondiera también ante un tribunal por injuriar a los disidentes cubanos.
http://www.youtube.com/watch?v=-mfX3mp3jr4
He visto el segmento de vídeo tres veces seguidas. Y no consigo establecer con certeza si este Willy es más miserable que imbécil o más imbécil que miserable.
Le pregunté a R. si lo sabía.
«No lo sé», me dijo, «para saberlo habría que abrirlo».
Protesté el uso de esa paronomasia que juzgué frívolo hablando de lo que hablábamos.
«Frívola es la anatomía, ese arte de cortar carne que uno no va a comerse», me dijo. Y añadió: «Pero no estoy hablando de anatomía».
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