Un cubano ante la Guerra civil española
Jorge Ferrer - 22/12/09Categoría: Letra impresa | Etiquetas: Letra impresa
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Estos días ha llegado a las librerías Diario íntimo de la revolución española de José María Chacón y Calvo, de cuya edición me ocupé por encargo de la editorial Verbum, Madrid.
Sigue el prólogo que escribí a ese diario magnífico cuya lectura les recomiendo vivamente.
Diario íntimo de la revolución española se puede comprar en librerías o contactando a Editorial Verbum.

José María Chacón y Calvo: su propia guerra
[Prólogo a José Maria Chacón y Calvo, Diario íntimo de la revolución española, Verbum, Madrid, 2009]
Por Jorge Ferrer
Este es el diario que escribió un hombre triste en una ciudad de hombres separados por la euforia y el miedo, esos dos rostros que nos ofrecen siempre las guerras. Un cubano en el Madrid de 1936, al que los albores de la Guerra Civil colocaron ante el horror que vivían los españoles, un dolor que no podía percibir como ajeno. Porque para él no lo era.
José María Chacón y Calvo no fue uno de los largos centenares de cubanos enrolados en las Brigadas Internacionales que viajaron a luchar en el bando republicano. Tampoco figura su nombre entre los de naturales cubanos asesinados por elementos favorables a la República, como Fray José López Piteira, fraile del monasterio de San Lorenzo del Escorial, que encontró la muerte ante el pelotón de fusilamiento en Paracuellos del Jarama y recientemente reconocido como mártir de la Iglesia católica. No fue Chacón y Calvo –a pesar de su destreza con la pluma- un periodista llegado a la península para escribir sobre la guerra para periódicos distantes. Tampoco integró la nómina de escritores cubanos que acudieron al II Congreso Antifascista por la defensa de la cultura celebrado en Valencia en 1937, como sí hicieron Nicolás Guillén, Juan Marinello o Félix Pita Rodríguez.
El autor de este diario no se encontraba en Madrid por azar al inicio de la contienda ni vino a ella a encontrarla; tampoco huyó de la ciudad, como hicieron tantos otros extranjeros haciendo uso de su legítimo derecho a ponerse a salvo de un conflicto que ponía en peligro sus vidas.
No siendo ni combatiente, ni corresponsal, no siendo, en esencia, partidario de ninguno de los dos bandos, ¿qué convierte en valioso este documento, entonces? ¿Será acaso su propia existencia, como sucede con tantos otros diarios escritos desde el horror?
José María Chacón y Calvo nació en La Habana el 29 de octubre de 1892, año en que se celebraba el Cuarto Centenario del descubrimiento de América. Su niñez y adolescencia transcurrieron entre la capital y Santa María del Rosario, población de la periferia habanera, donde su familia conservaba una casona señorial. Por su origen familiar, Chacón procede de una familia de larga tradición en las armas y la administración españolas. La dignidad de conde de Casa Bayona, cuya rehabilitación solicitó con éxito a la Corona en 1950, lo sitúa en la estela de una familia de la nobleza, cuya hispanidad, entendida como “servicio a su raza y su país” reivindicó siempre.
Tras cursar estudios en La Habana y Nueva York, Chacón y Calvo se doctoró en Derecho y Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana. En 1918, convencido de que sus intereses intelectuales mal casaban con el oficio de abogado, consigue un puesto en el servicio exterior cubano con destino en la Legación de Cuba en Madrid. Desde entonces, y hasta la página final de este diario, su vida iba a estar unida a la capital de España desde su piso en la calle General Pardiñas, en el barrio de Salamanca, aun cuando algunas estancias en Cuba y numerosos viajes por España, introdujeran paréntesis en la activa vida social madrileña que tuvo el intelectual y diplomático cubano. Con breves pausas, Chacón y Calvo estuvo destinado en la Legación –Embajada, desde 1926– de Cuba en Madrid entre los años 1918 y 1936, cuando la enfermedad de su madre lo obliga a marchar a Cuba. Conservó, sin embargo, el referido apartamento hasta la década de los sesenta, mientras permanecía en La Habana en una suerte de “exilio interior” que se prolongó hasta su muerte en 1969.
Pero las labores como diplomático no fueron las únicas que ocuparon a Chacón en España. Ni siquiera fueron las principales. En cambio, su pasión por la filología, la historia de la colonización española de América y la literatura y la poesía de España y Cuba tuvo esos años un desarrollo fundamental, gracias a las investigaciones que realizó en archivos de la península y al propio clima intelectual del que se rodeó. El autor de este diario es, sin dudas, uno de los hispanistas cubanos más notables de la primera mitad del siglo XX.
Su círculo de relaciones en Madrid incluía a los más importantes intelectuales de la época. Con uno de ellos, sin embargo, la relación fue particularmente intensa, a medias entre el discipulado y la amistad: Ramón Menéndez Pidal. Con él realizaría el cubano numerosos viajes por España y Cuba. Entrañable fue también su amistad con Alfonso Reyes, como estrechos fueron sus lazos con Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca.
César González-Ruano, quien lo trató en el Madrid de los años treinta, recuerda a Chacón y Calvo en sus memorias como a «un curioso personaje en más de un aspecto…» González-Ruano detectó la compleja visión de Chacón acerca de la religión y la política, una constante en el diario escrito en Madrid: «Tenía profundas ideas católicas, yo creo que a dos pasos del misticismo, pero al mismo tiempo simpatizaba cada vez más con todos los extremismos izquierdistas».
Otro de sus amigos madrileños, Rafael Alberti, lo describe como «un hombre bueno, con cierta blandura de fruta tropical, gran aficionado a las nieves serranas, por las que se pasaba esquiando la mayor parte del invierno… Fue el amigo más entusiasta de mis canciones marineras y de mis primeros tercetos. Siempre que yo quería romper mi reposo me invitaba a cenar a su casa de la calle Pardiñas. Y allí me hacía repetir mis versos, a él solo o a sus convidados, que a veces eran muchos.» Entre esos convidados, recuerda Alberti, estuvo una noche Eugeni D’Ors, otro gran amigo del cubano. Continúe leyendo… »

