Jorge Ferrer - 10/01/13
Categoría: Agua corriente
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Esto es una suerte de repost dictado por las circunstancias.
Como es sabido, junto a Ángel Carromero viajó a España otro preso español, el alicantino Juan Miguel Vives Cutillas. De Vives Cutillas me había ocupado antes al menos en dos ocasiones en este blog y ello hace que muchos periodistas me estén escribiendo a propósito de una carta suya al entonces presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su Ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Publiqué esa carta utilizando un widget que por razones que desconozco ya no está activo —ese post se puede leer aquí—, de manera que solo unos pocos y mediante búsquedas exhaustivas consiguen encontrarla en el archivo de imágenes de este blog.
En aras de facilitar su acceso, enlazo aquí a los tres folios de la carta de Juan Miguel Vives Cutillas pidiendo entonces la intercesión del gobierno de España y denunciando las condiciones de su procesamiento y encarcelamiento en Cuba.
Carta #1
Carta #2
Carta #3
En cuanto a la situación a día de hoy de este preso español retornado a España, atiendo al ruego de su familia y me abstengo de comentarla. Cuando resulte aconsejable hacerlo, volveré sobre el asunto.
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Jorge Ferrer - 09/01/13
Categoría: Agua corriente, Exilio, Oposición
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…una parte del problema son un atroz branding y un no menos atroz imaging.
Visto hoy:
1) Avanza erección de monumento al exilio cubano en Coral Way y la Avenida 112 del SW, Miami

2) Branding del nuevo tiento de la disidencia interna:
Proyecto Emilia
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Jorge Ferrer - 02/01/13
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Castro & Family
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Hoy me tropecé con mi viejo amigo M. N., uno de los líderes de la oposición a Theodoro Obiang en el exilio. Intercambiamos sobre el saldo del último año para las dictaduras ecuatoguineana y cubana. «¿Este año si volvemos a casa?», me preguntó retóricamente: «porque ya no aguanto más esto». Eso lo dice quien lleva algo más de 20 años exiliado en España y las ha probado todas para organizar una oposición creíble y potente —en el caso de Guinea ecuatorial, una además que dé cuenta de la diversidad étnica del país—, capaz de enfrentarse al déspota africano. Obiang, me dice, resulta cada vez más atractivo para un mundo sumido en la corrupción y, encima, el dinero le sale por las orejas: compra voluntades con facilidad pasmosa, incluso entre los opositores, incluso entre los exiliados… Por otra parte, de la antigua metrópoli, es decir, España, nada que esperar. «¿Y Cuba qué?», pregunta, «¿podrás volver este año?»
Le resumo, a mi vez, el saldo de cubanerías de los últimos meses. Enseguida surgen los paralelos: la patrimonialización del futuro económico de Cuba y Guinea por parte de las élites del entourage palaciego y las élites castrenses; la oposición debilitada y carente de discursos capaces de contrarrestar el (dudoso) atractivo de los “cambios”; el exilio desunido y desconectado de la gente del país, etc. Lo que todos ustedes saben, vaya.
Siempre nos han maravillado los paralelos entre Guinea ecuatorial y Cuba en lo que a la imposibilidad de escapar de la bota de sus tiranos respecta —salvas las diferencias, que son también muy notables. Eso sí, desideologizada Cuba y puesta en marcha la reforma de su «modelo», si los Castro se hicieran con la capacidad de producción de petróleo que buscan con uñas, dientes y, sobre todo, la participación de empresas rusas, chinas y vietnamitas, entre otras, el «modelo Obiang», como el «modelo angolano», podrían situarnos en una lógica similar a la que viven algunas naciones africanas. Ojo: que nadie tome lo de «africanas» desde una perspectiva sigloveintesca: los índices de crecimiento de que gozan hoy muchos países del África negra son absolutamente extraordinarios.
Pero todo esto viene a cuento, a la manera de Esopo, de lo saludable que resulta que cuando pensemos hoy en Cuba y en la evolución de sus «cambios» escapemos del fatal ombliguismo de su presunta excepcionalidad. De hecho, Cuba se parece hoy más a Guinea ecuatorial o a Vietnam, que a la Cuba de hace diez o quince años. ¡¿Qué decir de cuánto se parece a la Cuba republicana?! Y para entenderla resulta mucho más provechoso fijarse en esa urdimbre globalizada de las subdemocracias que en la entelequia de una recuperación democrática que nos devuelva al Edén de El Encanto o el Bazar de los Tres Quilos.

De contra:
A punto de despedirnos, el agudo M. N. me pidió mi opinión sobre el affaire Carromero. Se la di. «Eso imaginaba yo», me dijo, «es como si alguno de aquellos buenos muchachos de Londres hubiera viajado a la Sudáfrica del apartheid para ayudarnos y saliendo del aeropuerto hubiera arrollado a Nelson Mandela, sacándolo del mapa de la lucha». ¡Brillante!
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