Jorge Ferrer - 22/04/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Evo (el-hombre-que-pudo-llamarse-Adán) Morales, presidente de Bolivia, atribuye la homosexualidad al consumo de alimentos transgénicos. Lo mismo la calvicie.
Según la prédica de este líder de la izquierda, un ogro llamado Monsanto estaría creando generaciones de maricones calvos a los que se enfrentará la viril civilización indígena que masca hojas de coca mientras destruye el capitalismo para salvar el mundo. (¡Ojo, Cameron, que esto tiene que ver con tu giro!)
De Evo (el-hombre-que-pudo-llamarse-Adán) Morales ya sabíamos que se dice comunista, que idolatra a Fidel Castro y que Hugo Chávez le sirve de mentor. Resumiendo: ya sabíamos que es un imbécil.
Lo que no sabíamos era que además es homófobo. Como tampoco sabíamos que los hombres le gustan peludos. Siempre se aprende algo, oye. Los caballeros las preferían rubias: los cocaleros los prefieren melenudos.
Ahora que ya es notorio que Evo (el-hombre-que-pudo-llamarse-Adán) Morales considera la homosexualidad una patología, cabe esperar que sus valedores en Occidente denuncien a este patán. Que Mariela Castro vete su entrada en la Cuba de su papá. Que a España, país pionero en materia de reconocimiento de derechos a los homosexuales, no se lo invite más. En definitiva, que se lo tenga por lo que es.
Pero, ay, ya les adelanto que nada de eso sucederá. Y todo por culpa de las matemáticas. Por culpa de esa extraña ecuación que reduce siempre a cero el desprecio que merecen los abusadores y los idiotas cuando son de izquierdas, cuando son «antiimperialistas».
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Jorge Ferrer - 19/04/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Me voy a la cama en domingo con Europa todavía paralizada por una nube de ceniza volcánica salida de esa isla de pastores pertrechados con teléfonos móviles, al decir de Björk.
Tres días y pico con todo un continente, o casi, que suspende el transporte aéreo. Donde los aeropuertos, esos «no lugares» siempre llenos, que dicen los sociólogos, se han convertido en espacios de veras vacíos, inútiles. Y donde periódicos y televisiones parecen obsesionados con esta hecatombe dulce. Tan dulce que no ha matado ni a una mosca, que se sepa.
«Ahora al fin sabemos por qué se extinguieron los dinosaurios», me dijo alguien hoy desde Caracas. «¿Por qué?», le pregunté. «¡Coño! ¡Porque los volcanes les jodieron las vacaciones!»
Va y sí.
Por otro lado, a Rustiom Adagámov, magnífico fotógrafo ruso, se le ocurrió darle la vuelta a una imagen servida por satélite y ahí los tres cráteres del glaciar Eyjafjallajökull aclararon algo la cosa.

De pronto, el Moloch incruento adquirió un rostro ―¡si eso es un rostro!― y el azote del ClubMed y demás entretenimientos frustrados por la humareda de Islandia nos avisó de lo que a Europa, bien peinadita y afeitadita, le toca aguantar.
¡Solavaya!
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Jorge Ferrer - 16/04/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Mimbres de la Voz
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Pronto nos podríamos encontrar con tal sobresaturación de mitos que habrá que apagar la televisión y cerrar periódicos y (los malos) braguetas. Y, sobre todo, resucitar al bueno de Mircea Eliade para que ponga orden.
Aquella Sonnet Ehlers que se hizo (relativamente) famosa cuando Teeth ganó premio en Sundance en 2007 propone ahora repartir su artilugio, el Rape-aXe, entre las muchachas que asistan al Mundial de Fútbol en Sudáfrica ―«faltan menos de cien días», repiten una y otra vez banners aquí y allá.
Sí: treinta mil trampas ocultas en otras tantas vestales.

El Rape-aXe, recuérdese, consiste en una suerte de preservativo trampa que espera al violador agazapado en la vagina. Cuando se produce la penetración indeseada se cierra el cepo y el émbolo abusón queda atrapado por una suerte de sierra. Se lo propone como remedio antirape en país donde las violaciones son frecuentes, además de igualmente odiosas que en cualquier otra parte del mundo. (Véanse los detalles en la sección de su webpage llamada, cómo no, Introduction.)
De aprobarse la sugerencia, la Vagina Dentata, mito que entretenía al vienés y turbaba al Foción lezamiano, cobraría cuerpo ―buscaría cobrar cuerpos―, mientras los ases del fútbol mundial, esos mitos de mitología que algunos quieren demeritada, se entretengan corriendo en Sudáfrica, en docenas menos uno, detrás de un balón y un trofeo. Ambos, fieros delanteros y feroces vaginas al alcance del mundo entero o casi. Y al unísono.
En Las invasiones bárbaras, sin dudas el mayor de los tantos libros mayores de J. M. Coetzee, una frontera siempre mudable y siempre porosa, separa civilización y barbarie de nuestra idea de la distinción entre ambas.
Ese propuesto trasvase del mito de la vagina dentada a espectáculo con tanta Niké estampada en camisetas y shorts promete ser la apoteosis de la mitología televisada.
Corre el mito Leo Messi; nadie se corre cuando el mito de la Vagina Dentada pega un mordisco. Argh…
¡Y todavía hay quien dice que futbol y televisión no son cultura! ¡Que son barbarie y no civilización!
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