Jorge Ferrer - 04/02/10
Categoría: Actualidad, Arte, Poscomunismo | Etiquetas: Agua corriente
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Me froto las manos a la espera del show de mañana donde el furibundo ateo, el anticlerical José Luis Rodríguez Zapatero se entretendrá en leer versículos de la Biblia, según The Washington Post.
Para complacer a su idolatrado Barack Obama, claro.
A Zapatero, Obama le gusta más que a mí la vecina del ático. Y en su necedad, como yo, hace lo que sea por compartir ascensor con el objeto de su deseo.
«El acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta», remember? ¿En qué quedará? Pues, en que los dos übermenschen de la izquierda planetaria leerán la Biblia en el Desayuno Nacional de Oración organizado por The Family.
De lo visto hoy, nada me ha parecido más semejante a la performance de Zapatero mañana, cosa de ir haciendo boca, que la protesta que organizó anoche el grupo feminista ucraniano FEMEN en una galería de arte en Kíev.

Protestaban las muchachas por la exposición de Serhiy Bratkov en PinchukArtCenter. Les parecía pornográfica y al grito de «Ucrania no es una vagina» se manifestaron mostrándose poco más o menos como la modelo de Bratkov. Supongo que las animaba aquello de que similia similibus curantur.
Así hará mañana Zapatero-¡Es-que-soy-rojo!: «protestará» contra la religión, entregándose a sus ritos.
¡Con estos tipos hay que joderse!
No me sorprendería que le corresponda leer Proverbios, 17.

De contra:
Vídeo de la protesta de FEMEN.
h/t: Drugoi; Barcepundit
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Jorge Ferrer - 03/02/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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He dedicado un par de horas a pensar en lo de Venezuela. Como quien no quiere la cosa, ya saben… Como quien no quiere ESA cosa, ni para otros…
Tampoco se las dediqué en exclusiva, no… Entretanto, he estado manoseando libros en busca de unas citas que requiere un editor; me he ido un rato a leer al balcón ―nada tan vigorizante como el frío bajo el sol―; he jugueteado con Bruno preguntándole también a él―¡buf!, ¡buf!, ladró en catalán y ahí ya tuve pista que desaproveché entonces―; zapeé entre la Fox y Al-Jazeera unos minutos; envié un par de e-mails; le dije ladrona a una que me llamó del banco y se lo dije por ladrona; me puse de cabeza, los pies contra la pared, unos instantes, y recité medio poema de René Char que estoy memorizando y medio de Vallejo hasta que me descolgué porque comenzaba a marearme; me freí un par de huevos; me los merendé con galletas; resolví, o eso creo, un problema doméstico que me traía también de cabeza desde hace días… Y todo eso mientras pensaba, así como sin quererlo: «¿Cómo salir de ese hijo de puta de Hugo Chávez?»
Y, de pronto, oigan, ni sé cómo, pero así son los fogonazos, ¿se acuerdan de aquello del huevo de Colón?, descubrí que es facilito el cómo comenzar: ¡basta meterle un tiro en la cabeza a Hugo Chávez! ¡Bang!
Entonces nos veríamos devueltos al problema de Venezuela antes de Chávez. A los «noventa años» despues de los once, pero antes de los novecientos. ¡Ya sería algo!
Oh, sí, ya sé que suena a salvajada. Ah, claro, antidemocrático, me dirán. Que si llamo a la violencia, que qué vergüenza; que no, que si el revocatorio, que si las urnas, la oposición, las elecciones…
Pero, seamos francos: ¿alguien piensa de veras que cuando un megalómano de esta naturaleza se adueña de las mentes de poco más de medio país y con ello del país entero hay más solución que el estridente «¡Bang!» del magnicidio?
Bah…
¡Bang!
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Jorge Ferrer - 29/01/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Cucu Diamantes, la prima putativa de Elpidio Valdés, y esa parodia de una fallida parodia que es Edmundo García. Dos invitados a hablar en La Habana en nombre del exilio.

No saben qué hacer con el odio esos dos, esos tantos, pero lo sacan a pasear cada vez que tienen ocasión. O revolución. Lo han criado, lo han mimado.
¡Mira qué lindo mi odio, papi! (O mami, según el caso.) Y los espasmos, la pelvis martilleando la tibia… Pim, pam… Pim, pam…
Tienen ese animalito ahí. El odio, esa bestiecita. Le acarician el hocico para que gruña. Grrr… Grrr… Raspa, sí, pero parece que raspa rico.
¿De dónde lo sacaron tan grande y tan perdurable? Ese odio, digo. A veces es lo único que tienen para distinguirse. «Yo odio», dicen y enseguida comienzan a conjugar en negativo y con adverbio añadido: «Tú no odias bastante; él no odia bastante; etc…»
Bueno, sí, allá está el odio de la gentuza castrista. Ese odio es por comer. Ñgrr… Ñgrr…
Pero el odio de los que ya comen… Ese otro odio, odio prestado… Llenito el carro en el Publix o el Carrefour…
Yo lo conozco a veces, ¿a qué negarlo? Pero me lo guardo. Lo amaso y amanso. El odio, como el amor, es una pulsión íntima.
Hay tipos de estos que odian por odiar. Por vicio. Por oficio. Vificio.
El odio. ¿Qué coño van a hacer con él cuando se mueran? ¿Se heredará el odio? ¿Se mama el odio, Cucu, Edmundo?
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