Los Van Van, una banda cubana, darán un concierto hoy en Fort Zachary Taylor, Key West, aka Cayo Hueso. El primero de unos setenta en los EE.UU.
La casualidad ha querido que este primer concierto tenga lugar en el mismo fuerte al que llegaron muchos barcos llenos de refugiados cubanos en 1980, cuando se salía de Mariel. El mismo fuerte que jugó un papel relevante durante la guerra entre EE.UU. y España en 1898 que nos regaló una república. El mismo fuerte que atesora una de las más grandes colecciones de cañones de la Guerra civil norteamericana. Encima, por si fuera poco, hoy se celebra natalicio de José Martí, al que algunos cubanos llaman «Apóstol».
Las presentaciones de Los Van Van en EE.UU., especialmente la venidera en Miami, han provocado un duelo de vallas ―mercado vs. política―, miríficas, aunque bravuconas, llamadas a la reconciliación, airadas convocatorias a protestar contra los «esbirros». Con todo, los tickets están todos vendidos y en bolsillos de exiliados o emigrantes…
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Ay, mamá, cuánto me divierte e ilumina la imaginaria nube de tags que emana de esa docena de líneas meramente descriptivas:
Veía hace unos minutos con emoción ―no me duelen prendas en reconocerlo― la comparecencia conjunta de Eduardo Frei, derrotado, y Sebastián Piñera, ya presidente electo de Chile.
La cortesía ―la courtoisie― esa forma sublime de la democracia como teatro en el que todos somos protagonistas, cuando lo somos, porque ella es. Esas tablas donde nadie espera a Godot, porque ya votó. ¡Qué vuelva dentro de cuatro años con el carné de identidad ese ciudadano!
La mancha del pinochetismo hace olvidar a muchos que Chile es uno de los países de mayor tradición democrática de Sudamérica. Lo fue, con escasas y breves excepciones, hasta el golpe del ’73; lo volvió a ser con Patricio Aylwin tras el plebiscito en 1990.
Después de décadas de sinrazón, de muerte y tras feliz episodio de cordura, Latinoamérica lleva unos pocos años jugando a la perversión del péndulo. Ese Chávez, ese Ortega, ese payaso de Zelaya sentado ante flat screen que sintoniza Telesur en la embajada de Brasil en Tegucigalpa. (Sigue allí todavía, sí.)
Chile, esta noche, nos ha mostrado que otro mundo es posible. El de una Latinoamérica madura, responsable, cordial, eficaz. Donde las transiciones se dan como en Cuba el marabú. Y todos tan tranquilos.
De contra:
Ah, Cuba… ¿Pa’ qué la mencioné?
Bueno, esa isla es otra cosa. Cuba es país donde hay dictadura por casi sesenta años y algunos de cuyos ciudadanos se permiten llamar a la América Latina «Letrinoamérica» y a los latinoamericanos «tiraflechas».