Jorge Ferrer - 19/06/10
Categoría: Arte, Exilio | Etiquetas: Agua corriente
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El llamado «intercambio cultural». Músicos cubanos cantando a oídos con residencia al norte de la mancha de petróleo de la BP.
Pero no todo es tan armónico y trufado de nostalgia como las presentaciones de Silvio Rodríguez con su mar de banderitas cubanas, la jeta de Ernesto Guevara impresa una y otra vez sobre algodón y las menciones a los cinco espías confesos. No. ¡Qué va!
Porque hay otros cubanos. Pinos cada vez más nuevos. Y ellos también gozan de su propia cultura.
Se vio durante el concierto que ofreció Gente de Zona el pasado 11 de junio en el Silver Nugget Casino, Las Vegas.
Duración del concierto: unos siete minutos. Y rápido abandono del escenario cuando la masa se revolvió, llovieron los puñetazos y crujieron las botellas. Los del «intercambio cultural» ya no volvieron a aparecer. Un muy breve intercambio, oigan.
Mientras zumba la vuvuzela cubana, atiéndase a esa dulce vocecita de emigrante con acento oriental quejándose en Las Vegas, Nevada, EE.UU. (05:40): «Qué cosa más grande, caballero. Qué atraso… Vaya, yo te digo a ti: ¡ya ni soñar con nada!»
¡Vaya aportación al tema: «La Voz del Exilio»! Esa entelequia…
La bronca a partir del minuto 03:00
http://www.youtube.com/watch?v=UZnWqy3VG0w
h/t: Lester de la Tejera @ Facebook
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Jorge Ferrer - 16/06/10
Categoría: Arte, Deportes | Etiquetas: Agua corriente
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Sí, tal vez, como sostenía Seth Stevenson hace unos días, este anuncio para NIKE del mexicano Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos, Babel, etc.) sea uno de los mejores que uno haya visto. (Viva recomendación: véaselo en HD: en Youtube, esa opción abajo a la derecha y la Pausa para esperar a que cargue todo el vídeo.)
http://www.youtube.com/watch?v=idLG6jh23yE
Hoy pude ver una suerte de museo de cera con sus protagonistas en la tienda que los de la Swoosh tienen en el Passeig de Gràcia. Pase por allí quien ande cerca.
«El fútbol es así», suelen decir en las ruedas de prensa quienes viven de él, quienes lo practican, para aludir al carácter absolutamente impredecible de cada lance a la vez que eludir cualquier razonamiento lógico sobre juego basado, como tantos, en una serie de gestos repetidos una y otra vez hasta que se produce el milagro. ¿Quién mejor que Iñarritu para pensarlo, pues?
El tedio ―y el tesón― que acaban en el milagro de un gol. Algunos pocos jugadores parecen más proclives a conseguirlos. Son los que pueden, en eventos como este Mundial, «escribir el futuro» ―el «Write the Future» del anuncio de NIKE.
Escribir el futuro, siquiera en historia tan mínima como la del balompié. ¿Quién pudiera en otros ámbitos, chico, cuando a veces ni siquiera nos es dable soñarlo?

De contra:
Mucha gente me ha preguntado quién me gustaría que ganara este Mundial.
La respuesta es fácil y la explicación le podrá parecer pueril a más de uno.
Quiero que gane España.
El por qué: a nadie alegra más que su país gane un Mundial que a los niños. Les da confianza en su país y en sí mismos. Les alienta a ser mejores, a esforzarse, a competir.
Luego, como España es el país donde vivo, será a los niños españoles a los que veré felices, veré esforzados, veré competitivos, si la selección nacional se trae a casa la Copa ―y ¡ojo! con ese «nacional» escrito por quien vive en Cataluña y padece su sonsera identitaria: razón añadida.
Que gane España, pues. Si se puede.
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Jorge Ferrer - 05/06/10
Categoría: Arte, Israel, Memoria | Etiquetas: Agua corriente
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«Go back to Auschwitz!», recomendó uno de los «pacifistas» que viajaban a bordo del Mavi Marmara al oficial israelí que les advirtió que se dirigían a zona sujeta a un bloqueo naval.
«Go back to Auschwitz!»
La frase remite a la experiencia de los sobrevivientes que dudaron durante años si regresar o no al campo de concentración. De visita. Para recordar. Para contar lo que habían visto allí. Y lo que habían hecho.
Todos los relatos de los sobrevivientes contienen esa angustia por la pertinencia del regreso. «¿Regresar a Auschwitz?» Para muchos era la segunda pregunta más angustiosa después de la que inquiría por el por qué o el cómo habían sobrevivido.
Con el tiempo, algunos volvieron. Los ganó la evidencia de que el exterminio podía volver a repetirse. De que el odio volvería a sacar su puño de hierro y nuevas chimeneas mancharían el paisaje con columnas de humo salidas de la grasa destinada a fabricar jabones.
Nina Maria Kleivan, artista danesa, ha abordado esa latencia del horror en forma que escandaliza a muchos. Lo hace en su serie Potency. Kleivan ha vestido a su hija, un bebé, con uniformes de célebres genocidas. «Todos llevamos el mal dentro», sostiene. «¿Cómo saber que esta niña no se convertirá en dictadora y genocida mañana?», nos reta.
Y en efecto. ¿Lo sabe alguien?
«Go back to Auschwitz!», recomendaba el dicen que pacifista.

Imágenes cortesía de Nina Maria Kleivan: su hija como Hitler. De la serie Potency.
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