Aun en clave de rap ruso, un lugar común

- 26/05/10
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Que después no se diga que no se ha visto de todo.

AK-47 se llama este dúo de raperos rusos que se fueron a La Habana. AK-47, sí, señor, como los que antes hacían el mismo recorrido.

Par de bichitos poscomunistas, estos aterrizan en La Habana que es buena, repite el estribillo, «lo mismo en invierno que en verano». Buen sitio, dicen, para pedirse un ron, marihuana o cocaína, ciudad donde todos se pasan el día singando ―ya saben lo que dijo de esa palabra GCI― sin preocupaciones. Ciudad cara, eso sí, para los que tienen «jeta blanca», como los rusos. Coches antiguos, ropa demodé. ¡Pero qué playas, oye! Y «Fidel Castro» y «Che Guevara» asomando entre la maraña del rap, ¡que no falte el redondeo del cliché!

Círculo cerrado, pues. De aquella noche de la que cuentan que Alexéiev, el enviado de Moscú, se reunió con Fidel Castro con botella de vodka y bote de caviar por medio hasta este clip urdido por dos hijos del poscomunismo que regresan a la misma Cuba, cincuenta años después, para dibujarla desde la sonsera inmisericorde del lugar común.

Eso es Cuba a fin de cuentas, ¿no?

Un lugar común. Menos lugar; demasiado común.

http://www.youtube.com/watch?v=BA77Rg11tqA
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Opíparo vs. Aparicio: más arte, más cuernos, más sangre

- 22/05/10
Categoría: Arte | Etiquetas:
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aparicio-cornada

Un toro de nombre Opíparo ―¡Opíparo!― le destroza la lengua a artista vestido de lo más cursi. ¡Esas hombreras con pinta de charreteras o viceversa, por favor!

Artista, por cierto, que llevaba largos minutos martirizándolo y se aprestaba a matarlo con la esperanza de pasearse después empuñando ufano una, o hasta dos, de sus orejas cortadas.

Si a favor de la perpetuación de la tauromaquia no bastara la feliz circunstancia de que casi cada año los toros cornean en Pamplona a muchachotes beodos llegados desde otros mundos, negligentes lectores de Hemingway, esta imagen debería servir de vindicación rutinaria de la necesidad de esta fiesta, devenida espectáculo pop, guerra con sangre en casa y los domingos.

Es una imagen TOTAL, como grato es el alivio de saber que Julio Aparicio vivirá para hacer el cuento.

Una imagen, la miré embelesado durante largo rato, que nos recuerda que los artistas juegan con sangre y, ante todo, con la propia. ¡Que se la juegan! Fíjense bien en cómo se juntan esos dos cuerpos dispares: ahí hay mucho de tango.

«I like to see bullfights in sunny old Spain», cantaba Frank Sinatra . (Y ello a pesar de que Ava & Dominguín le dieron más de un dolor de cabeza, que en materia de toros todo son cuernos.)

Eso, pues. Más fiesta. Más cuernos. Más arte, más sangre y más bravura compartidas.

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Castro, Jruschov y Lincoln: fotos de la Guerra fría

- 17/05/10
Categoría: Arte, Memoria | Etiquetas:
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Son dos fotos de comunistas ―uno de ellos aún usufructuaba el prefijo «cripto-»― ante marmóreo Abraham Lincoln. Dos magníficas instantáneas de la Guerra fría. Extraordinarias ambas.

La Guerra fría, fría por eso, fue guerra de discursos, gestos y escaramuzas ―aunque algunas de las últimas dejaran muertos regados. Unos cuantos miles. Decenas de miles. Acaso cientos de miles.

Una fotografía, la de Fidel Castro, se la debemos a Alberto Korda. El fotógrafo dejó dicho que desde que Fidel la vio ya no llamó más a sus jefes para solicitar sus servicios. Le gustó tanto y tanto le gustó, que a partir de ahí lo llamaba siempre directamente. Le valió ―aunque él lo negara― la categoría de fotógrafo oficial. Korda tituló la foto «David y Goliat». Le estaba dando nombre, sin quererlo, a babosada de medio siglo y más.

fidel-castro-lincoln-memorial

La segunda fue fruto de la casualidad, como tantas buenas fotografías cruciales. Burt Glinn ha contado que llegó tarde al set y tuvo que contentarse con las espaldas de Nikita Jruschov. ¡Bendito retraso! El tosco campesino que redimió de la esclavitud a millones de esclavos de Stalin mira al abolicionista por antonomasia. ¿Qué importan sus ojos cuando ese iluminado occipital -¡flash!- sobre nuca de aparatchik lo dice todo?

khrushchev-jruschov-lincoln-memorial

Sendos momentos fijados en imágenes que ahora nos parecen de otro mundo. Porque fotografiar, por aquel entonces, era fijar de veras y fijar lo de veras relevante. Así estos dos episodios apenas protocolares que sendas lentes elevaron a categoría suprema.

Ambas fotografías fueron tomadas en 1959. Cuatro años más tarde allí mismo, dónde si no, pronunció Martin Luther King su célebre «I have a dream».

Korda y Glinn fueron los fotógrafos del año en lo que a Cuba se refiere, aunque el último se vio privado de darle a Magnum lo que Korda le dio a la historia.

Pero Burt Glinn nos legó la que probablemente sea la galería más completa del pathos revolucionario. ¡Véasela!

Encima, nos ha contado esa historia terrible a la vez que banal:

Shin-Divider

De contra:

A quien no le funcione el embed de Magnum -trabajo me ha costado insertarlo y aun así me corre a veces y a veces no- acuda al original aquí.

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