Gracias, bienamados dirigentes: «Cuba estudia permitir…»

- 10/05/11
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Leo, estremecido e incrédulo: «Cuba estudia permitir que los cubanos residentes viajen al extranjero como turistas»

Vuelvo a leer, boquiabierto y estupefacto: «Cuba estudia permitir que los cubanos residentes viajen al extranjero como turistas»

Y una vez más, enternecido, lloroso: «Cuba estudia permitir que los cubanos residentes viajen al extranjero como turistas»

Dios bendito, ¡qué felicidad me embarga, snif, qué orgullo siento por esos benévolos dirigentes que se disponen a «estudiar» si permiten viajar a sus súbditos después de medio siglo entretenidos en resolver los enigmas del Universo! Snif. ¡De cuánta generosidad hacen gala! Snif. ¡Cuánto desvelo por el pueblo que los vitorea a cada oportunidad!

¡¡¡Van a «estudiarlo»!!!

Solo me queda rogarles que no se den prisa en el «estudio» de materia tan ardua. ¡Imaginen de qué recóndita ciencia se trata! La de permitir que un cubano cualquiera, así porque sí y tan solo porque le venga en gana, pueda viajar al extranjero sin antes pedir permiso a sus gobernantes.

Tan solo de pensar en lo trabajosa que será esa ciencia, en las insondables dificultades metafísicas que entraña, en las poco menos que insolubles dificultades de orden práctico que plantea, se me ponen los pelos de punta. De hecho, no creo que nadie se haya atrevido antes a abordar reto de mayor envergadura epistemológica.

Pero hete aquí que, y vuelvo a leer, mientras las lágrimas me corren por las mejillas, «Cuba estudia permitir que los cubanos residentes viajen al extranjero como turistas»…

Gracias y mil gracias, benévolos dirigentes. «Estudio, trabajo y fusil», cantábamos, ¿se acuerdan? Pues, bien: ya le llegó la hora al «estudio». Poco a poco, que dice Castro II, va y llega la hora del fusil.

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Poscastrismo a golpe de adverbios

- 02/05/11
Categoría: Cambios en Cuba, Transición | Etiquetas: ,
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Poscastrismo a golpe de adverbios

Por Jorge Ferrer

Si alguna razón explica mejor que ninguna otra la obscena perdurabilidad del régimen de los hermanos Castro es su capacidad para reinventarse a sí mismo una y otra vez. De la misma manera en que un actor representa en temporadas consecutivas a anciano avaro y a seductor galán, así eso que aún llaman «revolución cubana» ha sabido mutar sobre las tablas a las que se encaramó en enero de 1959 en un alarde histriónico verdaderamente admirable. Dado que el propósito principal de ese desfile de disfraces no ha sido otro que la permanencia de una misma claque en el poder, el éxito está a la vista.

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) estaba llamado a ser la consagración de una de esas esporádicas operaciones quirúrgicas que maquillan el rostro del régimen. Una muy especial, porque ante el forzado retiro de Fidel Castro y su paulatino desvanecimiento, sus herederos en el poder se vieron ante la necesidad de la más perentoria de las mutaciones.

La apuesta era tan alta que requería arriesgar idea mayúscula. Ya no valían viejas operaciones como la recuperación de José Martí y la clave autóctona para deslindarse del socialismo que caía en la Europa del Este o la llamada “rectificación de errores” que creara ilusión de enmienda de las élites. La palabra “cambio”, en alebrestado plural, era esta vez el mantra. “Cambios en Cuba”, la promesa; “lineamientos”, el nuevo catálogo de sustos. Ejército de adverbios, la pragmática: Raúl ha echado mano estos últimos años al “poco a poco”, al “todavía” que anuncia un “ya” más o menos distante, siempre retrasando la llegada de una Cuba que anuncian con escaso entusiasmo y menos convicción.

A lo largo de los últimos cuatro años hemos visto cómo el régimen, obligado a responder con hechos a las expectativas creadas, añadía nuevos trazos al paisaje. Cambios, deslizamientos más o menos apreciables y algunos de veras notables. Con todo, la retórica del socialismo a salvar y perpetuar –la contumacia en concebir como irreversible un sistema que no les ha servido ni para producir chubasqueros reversibles– sigue en pie, como lo estará hasta el hundimiento. Alexei Yurchak, profesor en la Universidad de California, Berkeley, ha estudiado los discursos de los jóvenes soviéticos en el socialismo tardío y encontrado cómo vivían en un régimen que percibían como inmutable hasta que un buen día colapsó de repente sin que ese súbito fin los tomara por sorpresa. “Todo era para siempre, hasta el día en que se acabó”, titula su libro. Una expresión que podría servir como un guante a una mano a la situación cubana, donde una jerarquía jurásica es incapaz de renovarse y se muestra reacia a contender con las ideas que otra generación podría hacer irrumpir en el discurso político de la isla con ímpetu de elefante en cacharrería.

En ese teatro a punto de echar el cierre, ahora la incógnita es si esa retórica de adverbios que dibujan tiempo de posposición basta a los gobernados y, sobre todo, si los espacios ganados con las reformas incipientes se convertirán en plataformas desde las que exigir y negociar una liberalización más amplia que ponga en peligro la transición hacia el poscastrismo que esa misma elite y sus vástagos buscan controlar a placer.

Con motivo de la reciente inauguración del Museo Napoleónico de La Habana, Raúl Castro donó el último reloj que perteneció a Napoleón Bonaparte, una pieza que guardaba desde su noche de bodas. Entretanto, su hermano Fidel no cesa de hablar del fin del mundo. Son dos hombres que se creen dueños del tiempo y parecen haber abandonado toda prisa. Tal vez han olvidado que la historia la han hecho siempre unos tipos cuyos nombres nunca supimos hasta que asomaron de entre el silencio. Todos esos nombres están ya allí y algunos asistieron al Congreso del Partido Comunista. Son hombres y mujeres que, a la sombra de dos dictadores, se guardan sus relojes para dar la hora precisa en lugar de donarlos para solaz de nostálgicos de un emperador. Los verdaderos amos del tiempo no saben de nostalgias.

El artículo Poscastrismo a golpe de adverbios apareció publicado en la edición del domingo 1 de mayo de 2011 en el diario El Nuevo Herald.

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De imágenes poscomunistas en movimiento (y el gol de Cristiano Ronaldo)…

- 21/04/11
Categoría: Cambios en Cuba, Deportes, Poscomunismo | Etiquetas:
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The Big Picture recoge hoy una serie de fotografías cubanas. No es una buena selección, que ya se sabe que desde que Alan Taylor se piró a The Atlantic los del Boston Globe andan renqueantes.

No obstante, hay una que me seduce por ser/parecer una deliciosa foto postcomunista. Pronto volveré sobre la curiosa circunstancia de que toda imagen de la Cuba raulista tiene decidido aire postcomunista. El cómo la imagen se adelanta a la historia y deviene imagen que fija el movimiento antes de que se produzca el movimiento mismo. Ante la cámara, aquí, un veterano de la mayor escaramuza librada en la Guerra Civil cubana, Playa Girón aka Bay of Pigs:

Y esta otra, donde se ve a votantes de los “lineamientos” en una de las tropecientas reuniones de las que tanto se ufana Castro II. Atiendan a esas caras. Digo yo que contentos, lo que se dice contentos, no estaban esos refrendadores de los “cambios en Cuba”.

De contra:

Con todo, para imágenes en movimiento, esta de hace un rato.

También en el fútbol la historia se hace a golpes que nadie puede prever hasta que lo testimonia el susto de las redes cimbreando.

http://www.youtube.com/watch?v=cbd7Ggvz9Qc

(Advertencia: como los videos del gol de Cristiano Ronaldo en el partido entre el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona de esta noche irán siendo eliminados de Youtube por aquello de los derechos de reproducción, si este no corre cuando se acceda a ETDLV, váyase a Youtube, pídase por “Cristiano” y por los últimos subidos. Allí estará.)

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