A punto estaba de ilustrarnos…

- 06/07/13
Categoría: Bruno, Cambios en Cuba
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…con sesudo post sobre la gira de Guillermo Fariñas, “huelguista de hambre” que produjo uno de los titulares más hilarantes que ha soportado el papel: “Cuban hunger striker begins tour in Miami” (con permiso de Prince y Madonna y sus anuncios de tours), y a quien se debe, siendo de hambre huelguista, frase que entra en los anales -no pun intended- de la obscenidad (trans)nacional cubiche cincuenta y pico años después de la irrupción de La Niebla, porque calcada de la cruel pragmática castrista: “es mejor pasar hambre y tener dignidad que tener comida y ser indigno”…

A punto estaba de aquello, digo, cuando escucho a Bruno machacando el parquet en el salón, bailando al son de melodía llegada de esa Cuba. “¿Quién te menea así, cánido infernal?”, pregunto. “Los principales con David El Embajador, amo”, responde babea(n)do.

Principales y Embajador. ¡Cuánta excelencia! ¿El tema? “Huevo frito y boniato”.

Bueno, “el tema”. Sucede que no sabemos exactamente cuál es el tema. El de ellos. Todos ellos, incluyendo al clownesco Fariñas.

¡Dale, Bruno! Y Bruno le da.

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Los Castro y el impúdico mañana

- 12/06/13
Categoría: Cambios en Cuba, Castro & Family, En El Nuevo Herald, Letra impresa, Transición
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El impúdico mañana

Por Jorge Ferrer

La alegre impudicia con que los vástagos de la familia Castro se han asomado al paisaje del postcastrismo no niega la existencia –algún lector preferirá que escriba “la inminencia”– de este. En cierto modo la confirma, en tanto la dota de una dimensión insospechada hace una década. A saber, la de un mañana en el que los viejos Castro permanecerán como memoria y referencia, sea por exclusión o reafirmación para los agentes sociales que vendrán –eso ya lo sabíamos–, pero en el que también los nuevos Castro sean actores encaramados a los titulares, porque partícipes, beneficiarios y, en cierto modo, tal vez también agentes de la transición.

Se asoman ya hoy, sea en paisajes tan distintos de esa Cuba emergente como la reivindicación de los derechos de los homosexuales que ha hecho célebre a Mariela Castro y le ha granjeado no escasas simpatías, o sentando cátedra en los predios del béisbol –la vicepresidencia de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF) que ostenta no es precisamente una bicoca– y el golf, como Antonio Castro, hijo de Fidel y Dalia Soto del Valle. El trofeo que el último ganó hoyo a hoyo en Varadero antes de que los estanquillos de La Rampa o Cuatro Caminos cuenten con versiones locales de revistas que nos cuenten sus hazañas en papel couché no es más que un avance de lo que vendrá. Que vendrá. La fotografía que el hoy jubilado Benedicto XVI se hizo rodeado de Fidel Castro, Dalia Soto del Valle y tres de sus hijos fue, tal vez, la expresión más conspicua de ese outing.

Con todo, y aun siendo los primos Mariela y Antonio Castro los dos rostros más visibles de esa segunda generación, mucho más relevantes, por obscenos, son los roles ejercidos por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y Raúl Rodríguez Castro. El primero, casado con Deborah Castro y según algunas fuentes en trámites de divorcio, es quien controla el holding empresarial GAESA, lo que equivale a dominar el núcleo de la economía cubana del hoy y el mañana; el segundo, nieto que no se aparta de las cámaras que enfocan a Raúl y hasta apareció sentado entre los presidentes invitados al funeral de Hugo Chávez como un cargo electo más –nieto, por cierto, cuyas luces se dicen más escasas que las que alumbraban La Habana a principios de los noventa. Ahí asoma también Alejandro Castro Espín, autor de un libro cuya presentación me sorprendió hace unos meses en una librería de Moscú mientras buscaba, vaya paradoja, las cartas de Vasili Grossman en sus años más tristes. La misma ciudad donde he conocido a tantos que se apearon del coche oficial del “partido” o la KGB para subirse enseguida al Mercedes-Benz de la prosperidad postcomunista.

No era así en el pasado, ¿lo recuerdan? Antes corrían anécdotas de quienes compartían escuela con los vástagos de los Castro, de quienes decían haber visto a las hijas de Raúl viajando en guaguas empujón a empujón y dejando el níquel en la ranura de la alcancía. Antes era evidente que gozaban de privilegios mayúsculos en medio de una población empobrecida, pero sus vidas, piscinas y comidas servidas por solícitas criadas, transcurrían bajo la opacidad de un régimen sin herederos de sangre. Eran hijos, sobrinos y nietos invisibles para los ojos y la historia. Antes los Castro presumían de una vida espartana y una ausencia de vocación hereditaria que los alejaba de otras dinastías. Lo suyo iba a acabarse con ellos, creíamos. Pero, ay, también eso era mentira.

Ahora, parafraseando a Cicerón, otros son los tiempos y otras las costumbres.

No ha de sorprender a nadie que así sea. El retorno de la Cuba de la anormalidad a la condición de paisito normal presupone también que la sobrevivencia de las elites sea la regla. Y los Castro que nunca dejaron escapar a la Cuba miserable, menos la dejarán escapar cuando dé los réditos, políticos o económicos, que ya se anuncian.

Una Cuba que abandone su excepcionalidad será también una Cuba en la que nos toque convivir con esta impudicia.

La columna “El impúdico mañana” aparece publicada en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.

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Va de baseball; de “pelota”, vaya

- 17/05/13
Categoría: Cambios en Cuba
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Una pieza de exposición postcubana que se anuncia en Nueva York. Una sobre baseball, lo único redondo que nos interesa de veras. Lo demás son asuntos que nos ven parapetados en los ángulos. El cuadro del terreno de baseball, anguloso que es con sus cuatro esquinas, ¡bases!, es la única redondez que conocemos, aun cuando nos inventáramos esa deliciosa imposibilidad que es la pelota cuadrada.

Esta es:

Se la debemos a Arles del Río y va destitulada/titulada a guisa de “Untitled from the series Esperando que caigan las cosas del cielo o Deporte nacional”. Es de 2012. Un oil on cardboard (55 x 74.8 pulgadas), informa el galerista. No la conocía.

Y me encanta.

Retrata a Cuba y a su exilio con la prístina claridad que solo puede ofrecer un juego perfecto como es el baseball. Como ese otro juego perfecto que ha sido el castrismo, inning a inning.

Presencia y ausencia. Juego, drama, espera, color y silueta. Y yo veo más: a Röntgen. Su rayo X. El futuro ignoto. Esa X. ¡Rayos! ¡Out!

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