Loo-EES’ poh-SAH’-duh cah-REE’-lehs ha sido absuelto hoy de los 11 cargos por los que se lo juzgaba en El Paso, Texas.
Comparto plenamente la opinión del jurado y me alegra que Poh-SAH’-duh no haya sido declarado culpable y, tal vez, enviado a cumplir una sentencia de hasta ocho años.
El gobierno de los Estados Unidos se gastó $ 40.000.000 (¡cuarenta millones de dólares!) para llevar a la cárcel a un anciano de 83 años que pudo haber ingresado irregularmente al mismo país al que sirvió durante décadas.
Hoy el asunto es que un jurado de El Paso ha considerado inocente a Loo-EES’ poh-SAH’-duh cah-REE’-lehs. ¡Magnífica decisión!
De eso se trataba y ese es el veredicto del jurado.
También podríamos hablar de otro tema, claro. De un proceso a, entonces sí, Luis Posada Carriles por otros delitos que se le imputan y cuya autoría pudo haber confesado. Delitos graves, cuya comisión repudio con toda firmeza.
Y cuando de eso se trate, hablaremos de ello con igual claridad. Pero entonces, solo entonces.
Ahora felicitémonos de que ese hombre haya sido puntillosamente juzgado y debidamente absuelto.
Marco Rubio no quiere que los cubanos residentes en los Estados Unidos viajen a Cuba. No ha pisado ese país en su vida el bueno de Marco y busca que lo imiten. Lo propone y se lo batean. Y yo me alegro no saben cuánto por tantos cubanos que podrán viajar a Cuba desde los Estados Unidos sin pagar el sobreprecio de la triangulación cada vez que les dé la gana de ver a sus madres, hermanas o hijos. Huyeron del castrismo en busca de libertad, pero Marco Rubio, que de esa isla sabe lo que yo de Kazajastán —esto es ser generoso, ¡tengo mis días!: yo sé más de Kazajastán que Marco de Cuba diez veces— no quiere que viajen. Odio prestado el de Rubio.
Entretanto un «Evento» en Facebook en favor de un «Levantamiento popular en Cuba» para la semana próxima cuenta, ahora mismo, con 152 personas que sostienen que asistirán. La cita es en los «alrededores» del Museo de la Revolución. Ciento cincuenta y dos que han hecho click en el casilla del «I’m attending», cuando no acudirán ni remotamente. Todos viven fuera de Cuba y no existe ni la más puñetera posibilidad de que ese día aterricen en La Habana a la que Marco Rubio no quiere que vaya nadie. ¿Por qué mienten? ¿Qué mueve a alguien a sostener que «I’m attending» a evento que, de producirse, solo podría acabar a cabillazos contra los pocos que se crean, si tales inocentes hubiera, que mira voy a ir porque otros 152 estarán ahí conmigo?
El psicoanálisis de ciertos sujetos cubanos deberá ocuparse, claro, de la «transferencia», pero también, ay, de su insondable trauma con la traslación.