Debajo de esos dos tornillos con las cabezas bien lacradas viajan hoy a Miami las cenizas de Orlando Zapata Tamayo, la última víctima mortal de la represión que el castrismo ejerce contra los opositores. Tal vez la penúltima.
Supongo que manda a lacrarlos alguna disposición sanitaria, como sanitaria será para los Castro la ley que dispone aplastar a quienes les dicen que no están dispuestos a soportar la dictadura. Que quieren otra Cuba, una que nos incluya a todos.
No sé qué destino espera a Reina Luisa Tamayo lejos de Cuba. Me gustaría pensar que envejecerá rodeada de los suyos, los más próximos y todos nosotros, llevando flores al monumento que guardará las cenizas de su hijo, acudiendo a misa los domingos y riendo, cuanto pueda, en cenas en familia, mientras ve prosperar a quienes la acompañan. Que vivirá una vida como cualquier otra vivida lejos de un Estado abusador. Una vida cualquiera. Pero una.
Muchas madres cubanas han sufrido mucho. Muchas sufren. Esta mujer digna y valiente, esta mater dolorosa, encarna el dolor de miles.
Honrémosla sin pompa ni alardes ventajistas. Como se honra a los buenos de quienes nada se quiere más que su propio bienestar, su propia paz.
Hoy ha muerto en Miami Nicolás Quintana, arquitecto y hombre extraordinario.
Con Quintana, como antes con Guillermo Cabrera Infante, se va alguien que dedicó su vida a imaginar La Habana en la distancia. Un hombre que no volvió a pisar esa ciudad que dibujó desde lejos, historiándola a la vez que figurándola en su mente y la mesa de dibujo. Quien pensó no en una ciudad fosilizada, mera rea de la nostalgia, sino en La Habana moderna, un paisaje narrado desde una concepción moderna del urbanismo. La Habana que pudo ser y ojalá sea. Havana and its Landscapes es apenas uno de los proyectos que nos lega.
Leer la noticia de su muerte hace apenas unos instantes me produjo una gran desazón.
A modo de homenaje, inserto aquí la que fue una de sus últimas intervenciones públicas. Una conferencia extensa y hermosa, como lo fueron su vida y su obra. Un ensayo de “historia de La Habana” y un repaso de su propia obra y la historia del arte moderno cubano, trufado de anécdotas deliciosas y fundamentales, que todo aquel que ame a esa ciudad hecha a la escala del hombre y a ese país que tanto ha maltratado a muchos de sus mejores hijos debería escuchar. (Hay un momento a partir de 01:16:00 que, si de política y castrismo se trata, les recomiendo. Es apreciable testimonio del porqué de la pérdida.)
No le ahorren tiempo a quien tanto tiempo suyo nos dio y, luego, tanto tiempo de todos merece. Yo acabo de dárselo, el mío, y les aseguro que incluso para quien escuchaba esa conferencia por segunda vez el regalo fue mayúsculo.
—Uno, en realidad: Mario Alberto Pérez Aguilera, el cuñado de Antúnez. Un preso y diez familiares…
—¿Qué tiene esa gente en la cabeza, Jorge? Groseros con quienes los acogen, malagradecidos, cerrados de mente… ¿De dónde salen?
—…
—¿Es que no se dan cuenta de la imagen que dan de los presos cubanos a la sociedad española? ¡Con lo que cuesta sensibilizar a la opinión pública aquí!
—…
—De ampanga, socio.
—…
—Oye, Jorge, pero ¿de verdad no vas a decir ni una palabra de esto?
—Yo es que, cuarenta y ocho horas después, todavía estoy absorto en la contemplación del personal expatriado…
(Click en la imagen para agrandar. Se trata de (parte de) los familiares que acompañan al expreso político Mario Alberto Pérez Aguilera en su exilio en España.)