Días de coronavirus en The Miami Book Fair 2021

- 16/12/21
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En la edición de la Feria del Libro de Miami de 2021 celebrada en el mes de noviembre pude presentar mi libro Días de coronavirus. Un itinerario, junto a los colegas Verónica Murguía y Edmundo Paz Soldán.

La charla que los tres mantuvimos en la mesa “Historias en tiempos de pandemia” partió de nuestros libros escritos en el confinamiento o el desarrollo de la Covid-19 para llegar más allá: a la manera en la que la literatura se ocupa de las catástrofes, a la forma en que nos obligó a mirar dentro de nosotros para sobrevivir a una con la mente sana. 

Al vídeo completo de la presentación se accede haciendo click en el enlace en el segundo recuadro.

En la barra lateral de esta página aparecen enlaces para comprar Días de coronavirus. Un itinerario en formato tradicional o en e-book 

Historias en tiempos de pandemia

La grabación de mi presentación en el Hotel The Wittmore 5* se hizo por cortesía de este espléndido espacio en la Ciutat Vella de Barcelona: Carrer de Riudarenes, 7. 

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Lecturas de Dostoievski: vida, obra, eternidad

- 15/12/21
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Comparto aquí para archivo las tres charlas sobre Fiódor Dostoievski que impartí por encargo de las Librerías Gandhi, de San Luis Potosí, en México. Las charlas, que buscaron ser amenas a la vez que abarcadoras, las dividí en tres sesiones que titulé “La vida”, “La obra” y “La eternidad”.

Los títulos de las dos primeras son bastante transparentes.

En “La vida” me ocupo de trazar el itinerario vital del Maestro: su infancia y entorno familiar, su primer acercamiento a la política y la literatura, su condena a muerte y el destierro, sus amores por tres mujeres muy distintas y sus deudas, su adicción al juego, su éxito como escritor y su muerte…

En “La obra” repaso los motivos que más me interesan en los libros de Dostoievski y me centro en unos pocos de ellos, todos fundamentales: Crimen y castigo, El idiota y Los hermanos Karamázov, principalmente.

Por fin, en la última de las charlas, que titulé tal vez algo pomposamente “La eternidad”, me pregunto por qué Fiódor Dostoievski es el escritor ruso que con más delectación y durante m´ás tiempo leemos en todo el mundo y comento algunas intuiciones mías o de otros escritores que arrojan luz sobre esa posteridad.     

Primera charla. Fiódor Dostoievski: La vida

Segunda charla. Fiódor Dostoievski: La obra

Tercera charla. Fiódor Dostoievski: La eternidad

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La Habana y el Malecón: fotografía y poesía

- 14/06/21
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La fotógrafa cubana y mexicana Mina Bárcenas me hizo parte de un proyecto que ha acabado en un libro hermosísimo.

Para él, Apostillas, Mina invitó a una docena de amigos a escribir lo que se les antojara a partir de una foto suya y un texto literario que cada escribiente y ella compartieran como jalones de una educación sentimental común.

Yo elegí (o lo eligió ella, no lo recuerdo ya) ‘Tres Tristes Tigres’, la novela de Guillermo Cabrera Infante y recreé un viaje en Buick junto al muro del Malecón de La Habana, el que ahí se ve en esa fotografía espléndida.

Se trata de una suerte de poema en prosa recreando a Guillermo, buscando a Guillermo, recreando a La Habana y su frontera mitificada que es el Malecón, buscándola. 

El libro fue publicado por la editorial Tres Nubes en México, donde está a la venta. 

La introducción de Juan Antonio Molina fue reproducida en RIALTA.

 

 

El muro

Por Jorge Ferrer

 

MALECÓN,  promenade, paseo marítimo, набережная. Malecón, así en cursivas temblequeantes, como quien no quiere decir que Seawall, que Waterfront. El coche vuela de punta a punta llevado por Bach, “Bacho”. Dos habaneros —dos hombres sin más, porque todos los humanos son en cierto modo habaneros que fijan los ojos en un muro— corren en un descapotable y uno supone que bajo un techo “tachonado de estrellas”, pero los astros están a pie de calle. La Habana fue un trasunto de la Vía Láctea.

Rrrrr, ruge el motor. La gomina es una fábrica de artistas que fija el cabello. Todavía no hay melenas en La Habana. No sobre las cabezas de los hombres, al menos. Rrrrr. El carro se desplaza a lo largo de un muro largo que es un muro antes de los muros. Ni Berlín sabía entonces del que le iba regalar Chruschtschow, hasta que así de chucrutesco se lo tropezó. Zzz, zumbaba La Habana de los Zzzifties. ¿O eran Fifties? Una ciudad que silbado siempre. Una urbe que chifla porque es una metrópolis chiflada.

Y ahí, en medio esto “…la cosa que es en el presente lo más perturbador y si existe el tiempo que es en el presente lo más perturbador es la cosa que hace al presente lo más perturbador…” (en TTT, que es más que la apoteosis del té).

Medio siglo y pico después, el muro no ha sido capaz de abolir el presente. Ni el azar…Rrrr. Rugen los motores. Hay rugidos nuevos, pero hay motores que continúan rugiendo como antaño, porque son los mismos. ¡Cuánto gustan esos motores a la lente del bobo armado con su Canon! Y el muro, el murito, el malecón, el maleconcito: ¿el canon de los bobos?

Rrrr. Hay otro muro. Divide tierra y cielo. Ciudad y país y mundo. Mundo y mundo. Un murito. Un trozo de muro y del muro un segmento. Rrrr, ruge, renquea, raja.

Si closeupe-ado, divide vía bacheada y playa de dienteperro. Abres la lente y hay mar, a un lado, y fachadas mordisqueadas por la carcoma del salitre, del otro. Igual paz y misma guerra: la Vía Láctea es la vía laxa de esa Habana que es un tanto una ciudad como una frontera. No la guardan los hombres. La cuida el runrún. La eterniza su condición de mero fragmento de un muro —un mundo— que vemos correr a toda prisa ahí al lado. Rrrr.

 

Publicado en: Mina Bárcenas, Apostillas, Tres nubes, México, 2020

 

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