Veinte añitos (de exilio)

- 23/06/14
Categoría: Exilio, Memoria
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Fue muy de mañana hace diecisiete veinte años. G. y S. me esperaban en la Estació de Sants, a la que llegué en un tren que salió de la Gare d’Austerlitz la tarde anterior. Un capitulito de Minimal Bildung narra aquel viaje nocturno en el que no pegué ojo, charlando y fumando hachís, viendo pasar los postes, como quien corre a toda prisa junto a un largo código de barras.

Barcelona, a aquella hora temprana de hace hoy diecisiete veinte años justos era una ciudad vacía y olorosa a pólvora. Amanecía después de la verbena de San Juan y los rastros de las hogueras eran visibles aquí o allá.

Llegaba a una ciudad que me recibió con lo que parecía el paisaje después de una batalla. Me pareció paisaje auspicioso. Y no me equivoqué. Aquí estoy todavía y encantado de la vida, como decía siempre mi abuela cuando alguien le preguntaba, meciéndose ella en el portal, que qué tal estaba.

Conozco unas cuantas ciudades y en algunas he tenido cama y sueños. Pero pocas mecen como esta con su permanente olor a fiesta (ciudadana) y pólvora (dialéctica).

De contra:

Una Barcelona vista desde helicópteros, perspectiva tan actual:

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El de SATS: un buen estado

- 15/04/14
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba, Exilio, Oposición, Poscastrismo, Transición
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Cuando publiqué aquí el 15 de noviembre de 2012 una nota titulada ‘Antonio Rodiles: lo que hay en juego’ no podía saber que se iba a convertir en la cuarta entrada más vista, y reproducida, en este blog en todo ese año, como consigné más tarde al ofrecerles ese resumen. Que lo fuera me hizo feliz, porque leí en ese desparrame una señal de que aun habiendo sido derrotados por el castrismo –y no se me hagan los gallitos–, todavía sabemos leer las señales que indican la puerta de salida. La puerta de emergencia.

Era un post que reaccionaba a la carrera a una de las detenciones de Antonio G. Rodiles por la Seguridad del Estado cubana y llamaba a rebotar la denuncia de su arresto tanto como pudieran mis lectores. Y los lectores de otros que fueran también los míos.

Abundé entonces sobre lo que ya había dicho antes más de una vez: que Estado de SATS es la plataforma de oposición al castrismo que me parece la más genuina de cuantas –¡ay, como si fueran tantas!– pueblan –mal que meta aquí verbo con raíz en pueblo– el paisaje de la oposición interna. Un paisaje donde asoma el rostro grotesco de los buscavisas que inundan Youtube con sus performances de camino al principio de la cola de la SINA e ismos varios, el peor de ellos el delirio del protagonismo. El peor después del buscavisismo, esa cifra constante y agobiante y vergonzante.

Mucho se ha hecho mal y más se hace peor desde que los opositores viajan en masa al extranjero y conocen a un ‘exilio profesional’ que les ofrece sus oficios, que son los del dinero para quien garantice el suyo… El exilio de los anticastristas profesionales. Los que viven de los Castro cobrando en dólares y no en CUCs repartidos en La Habana a los esbirros y periesbirros, sean en nómina o pagados a destajo como esa gentuza que abre la boca en los actos de repudio. Que la abre para insultar y para que se la llenen de comida. Comida en cajita de la DSE, carne’e’puerco de usar y tirar, de jamar y cagar y preguntar cuándo es el próximo pogromo.

No repetiré aquí lo que escribí en aquella nota sobre Estado de SATS. Sería parodia y más conveniente es que la repasen. Aquí está.

¿Que a qué esta nota ahora si ya teníamos aquella? Sencillo: he tenido ocasión de compartir con Antonio Rodiles unas cuantas horas en recientes días sucesivos. También de ver ‘Gusano’, el documental producido por Estado de SATS acerca del acto de repudio que sufrieron hace unos meses (se vio aquí entonces), de verlo sentado precisamente junto a Rodiles, de constatar su serenidad, su ausencia de cualquier vedetismo, su certeza de que es posible hacer oposición vertical e inteligente, una oposición firme y eficaz al castrismo. Al castrismo que conocíamos, pero sobre todo, sobre todo también, al castrismo que viene. A la máquina del poscastrismo.

Oigan, nenas, nenes: es bueno que sepan ustedes que hay camino que recorrer, lo que es obvio para todos, y que hay una vía opositora que entusiasma, que es motivo de admiración en teoría y praxis. Y ojalá también de movilización.

Cuando todo está perdido es bueno saber que no lo están todos. Se los dice alguien que dedicó algún tiempo de su vida a vagar por las montañas. A escalarlas con esfuerzo mayúsculo y a volver a casa después, montaña abajo y campo a través.

De contra:

Con Antonio G. Rodiles en Barcelona

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Y si yo me despertara en Malabo

- 29/10/13
Categoría: Exilio
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Coincido esta tarde con M. N. en una esquina de la calle Escorial. He contado al menos una de nuestras charlas aquí. Son habituales, porque somos vecinos en Gràcia y nos unen el exilio y años, ya remotos, trabajando juntos. M. N. es uno de los líderes más firmes de la oposición ecuatoguineana. Un tipo muy especial, hijo y nieto de opositores. La suya ha sido, y es, una vida vivida contra la sinrazón de Macías Nguema, primero, y de Obiang, después y aún. Un hombre que sabe de lo que habla y lo habla en ese español decimonónico que es propio de los intelectuales de Guinea Ecuatorial. Una lengua prístina y hermosa. Una rectitud de espíritu la suya igualmente bruñida, porque hija del dolor postcolonial y la triste evidencia de ser hablada en un mundo postdemocrático.

Como ya no los hemos dicho todo, nuestras charlas son las de dos exiliados que se entretienen manoseando ficciones. Como siempre, nos maravillan las similitudes entre uno y otro país en sus desgracias disímiles pero comparables y la esterilidad de los afanes opositores en uno y otro. Somos, cada vez, dos perdedores de pie en una bonita esquina del mundo –hoy, peluquería, restaurante y dos edificios de modesto lujo dibujaban la cruz– a miles de kilómetros de donde escaparon un día a edades parejas. Dos tipos que no tienen a dónde volver. Dos tipos vencidos por dictadores eficaces. Bruno, el único de los tres sujeto allí por una correa de la que puede liberarse, nos miraba con pena. Eso Bruno, nacido en un criadero a las afueras de Praga que sé odioso.

Con mi buen amigo M. N. solemos jugar al quién volverá primero: si él a vivir en Malabo, si yo a vivir en La Habana. Él dice que nuestros destinos están asociados y lo sostiene con una convicción tan firme como africana. Hoy ya nos despedíamos, hecho el repaso de penas y agravios, cuando me ofreció de repente, sus ojos brillando como ascuas:

“¿Qué tal si cambiamos, Jorge? Va y somos tú y yo los de la mala suerte. ¡Vete tú a lidiar con Obiang y yo me ocupo de los Castro! ¿Quién sabe si esa no será la cifra para ganar estas batallas?”

Exilio y ficción, ay, esa fecunda pareja…

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