A la una, mi mula; a las dos, mi reloj; a las tres…

- 23/02/12
Categoría: Exilio
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Después de probarlo con éxito en Europa, la Sección de Intereses de Cuba en Washington quiere mimar a quienes podrían servirles en EE.UU. de conejillos de Indias en el dame que te daré migratorio.

Más bien, quiere ponerlos a hablar y a mirar a las lentes de las cámaras de acuerdo a guión. Hacer un retrato de grupo: un lobby feroz que seduzca a la Caperucita/Mulita. Quiere ponerle rostros y voces a token compacto.

A tales efectos acaba de convocar a encuentro de mimos. Dice en nota que acaba de circular por e-mail:

NOTA DE PRENSA

El 28 de abril de 2012 tendrá lugar en la ciudad de Washington DC, el I Encuentro Nacional de Cubanos Residentes en los Estados Unidos de América, convocado por la Sección de Intereses de Cuba en este país.

Participarán en este evento una representación de nuestros compatriotas que residen en los EE.UU. Su convocatoria y formulario de acreditación se harán llegar oportunamente a los invitados.

Esta importante cita se inscribe dentro del proceso irreversible de normalización de las relaciones de la emigración con su Patria, iniciado por nuestro Gobierno durante el “Diálogo de 1978” y que continuó con las Conferencias “Nación y Emigración”, celebradas en La Habana.

La cita acogerá a los residentes cubanos en Estados Unidos, que se vinculan con su país de manera respetuosa, conscientes de la urgencia de defender su soberanía e identidad nacional.

La reunión brindará la oportunidad de examinar en común, el camino recorrido y las vías y medios para continuar trabajando a favor de la normalización de las relaciones entre la nación y sus emigrados, además de los efectos de la política norteamericana de hostilidad y bloqueo hacia Cuba y su manipulación del tema migratorio, así como la situación de los “Cinco luchadores antiterroristas”, presos injustamente en los EE.UU.

Washington, 22 de febrero de 2012

Ya le tengo hashtag, si Twitter nos acepta la ñ: #ÑangarizeWashingtonDC

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La cuchara en la sopa boba

- 22/02/12
Categoría: Exilio, Literatura
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He leído —algunos con mucho interés; otros con la económica estrategia del caballo del ajedrez: este, este, este, este, este y alguno más—, los artículos aparecidos al hilo de una intervención de tres escritores en la UNEAC acerca del más sobado de los sobados temas entre escritores y juntaletras cubiches: ese de que la literatura cubana es una. (¡Todo un tema! «Mami, ¿por qué lloras cuando pelas cebollas?» Ese es otro de profundidad pareja. Ambos tratan sobre lágrimas que brotan cada vez que hay mero roce, íntimo contacto. Y mientras se sirven los platos de sopa.) De la intervención de marras apenas aguanté unos minuticos; muy pronto se le hace evidente a quien la ve que su curso es más predecible que la órbita de Mercurio. Encima, he estado demasiadas veces en el trance de escuchar a tres escritores reunidos ante el ojo de mosca de un micrófono y hasta me he visto en la circunstancia de ser uno de ellos. Luego, conozco por experiencia propia el empalagoso sabor de la catibía.

Recortada visión y lectura con escaques me dejan ligeramente perplejo cuando me sitúo a un lado. Al único relevante cuando de escritores se trata por muy foucualtianamente que diriman sus saberes y poderes, que se quieran consciencia y elocuencia de la sociedad mientras se proclaman incluyentes o excluyentes, que vaya palabras de oenegé.

Del lado de los lectores, los únicos que deberían dar de comer a los escritores filetico en vez de sopa de cebollas o sopa boba.

A los lectores de libros, esa bendita legión, maldita la falta que les hace que tres cotizantes de la UNEAC se entretengan en juntar lo que ellos ya ven junto siempre. Y maldita la falta que les hace que quienes trabajamos fuera de Cuba nos entretengamos kanteando que te cantinfleando al son de los cotizantes de marras.

¿Visitan ustedes, como yo, casas de lectores cubanos en Madrid o Barcelona, Moscú o Miami, Nueva York o Málaga? ¿Acaso no han visto en los libreros los nombres de Guillermo Cabrera Infante, Leonardo Padura, Zoé Valdés, Wendy Guerra, Antonio José Ponte y Miguel Barnet juntos y apretaditos? ¿De verdad creen que alguien tiene que explicar que la literatura cubana es una para sus lectores? ¿Que tienen que contárnoslo en La Habana, que tenemos que reaccionar a ese bobo relato desde el exilio?

«Son los lectores, estúpido», parafraseando a aquel. Ellos, los que compran los libros y los leen deciden. Y decidieron hace mucho rato.

Lo demás son áreas verdes. Muy verdes.

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Cómo llegó la noche

- 09/02/12
Categoría: Exilio, Memoria, Oposición
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Las memorias de Huber Matos. Llevan título espléndido: Cómo llegó la noche. No les había dedicado el tiempo que merecen —todas las memorias de los presos políticos del castrismo merecen nuestro tiempo y no es que sean muchas— y ahora, tardísimo si se atiende a que llevan década publicadas, me enmendé.

Pasen por ahí, si no lo han hecho. Tuvieron editor puntilloso y se agradece. Huber Matos —comandante de la Sierra Maestra, temprano descubridor de lo que venía y pronta víctima de lo que vino— es un personaje con pasado al que atender.

¿Las máculas? Las propias del género: todo libro de memorias barre las letras para casa. (Yo sigo prefiriendo cuando de recordar el presidio político cubano el excepcional libro de Mignon Medrado Todo lo dieron por Cuba, pero no es ahora que les explique el por qué.)

¿Algún apunte? Uno, sí. Y me perdonará Huber que sea otro el protagonista, porque es vindicación del estilo de este Cómo llegó la noche. Es conocida la historia de Ricardo Olmedo, opositor a Machado, Batista (fue uno de los jefes del fallido asalto a Palacio en 1957) y Fidel (a quien preparó un atentado también lamentablemente fallido). Olmedo fue fusilado por el último tan pronto como en 1962. Su historia la he visto contar unas cuantas veces, alguna en términos de complaciente ficción.

En Cómo llegó la noche aparece en los siguientes términos:

Mis compañeros me cuentan también del fusilamiento de Ricardo Olmedo, quien, tras ser arrestado por sus actividades contra el régimen, fue amenazado de ser llevado al paredón a menos que compareciera ante las cámaras de televisión incitando a los cubanos a abandonar la resistencia contra el régimen. Él contestó: “Yo no soy artista” (p. 431)

«Yo no soy artista», dijo sabiendo que esa frase le valía ir a recostarse al paredón. ¡Qué grande!

Aquí, en Amazon.

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