Una fiesta esperada

- 08/10/10
Categoría: Libros | Etiquetas:
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Un premio para un escritor insobornable. Y, sobre todo, para la lengua en la que escribe.

Quienes crecimos a y con la lectura leyéndolo no podemos más que saludar hoy al más ameno de los historiadores de la América latina del siglo pasado, al más atrevido de sus cronistas, a quien retrató cuarteles, alcobas y palacios de gobierno con la misma fe en la fuerza emancipadora de la imaginación.

Respeto y agradecimiento, Mario. ¡Y enhorabuena!

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¿De veras es a mí a quien único repugna…?

- 29/09/10
Categoría: Libros, Literatura | Etiquetas:
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¿De veras es a mí a quien único repugna que un escritor cubano tenga que recurrir a lo que sigue para vender unos pocos cientos de ejemplares más de un libro?

(Zoé Valdés) también ha criticado al ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien -ha dicho- “tiene un amiguito allí que se llama Bartolo; el negro Bartolo, que parece que tiene una trompa bastante interesante, lo tiene tan loco que en la UE tiene que defender a la dictadura castrista”.

¿De veras es a mí a quien único repugna que en la presentación de libro que se ofrece como secuela de otro que viene con fajín que asegura se trata de «La mejor novela sobre Cuba de todos los tiempos» ―¡que hay que tener jeta (o autoestima, que le llaman los técnicos) y despreciar a tantos pa’ aprobar eso!― se apele a la mendacidad, y de paso a la homofobia, para juntar euros?

¿Acaso no hay elementos suficientes para criticar la política del Gobierno español hacia Cuba sin embarrar ni embarrarnos? ¿Acaso no hay palabras bastantes para ofrecer a los lectores una obra literaria, sin bartolizarla?

(Ah, sí, claro: guárdese también este post en la hipotética carpeta etiquetada como «¡Y todavía queremos que nos respeten!».)

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…lo que escribió un comunista cubano…

- 27/06/10
Categoría: Libros, Memoria
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Leo atentamente todo lo que escribió un comunista cubano de los años 20-30. Sus libros y sus cartas; sus artículos y sus versos ―los que garabateó y los que le dedicaron―; los recuerdos de sus contemporáneos, también los de sus adversarios.

Lo leo disparando y matando y lo leo disparado y muerto. Lo leo llamando a odiar y matar en aras de lo que concebía era la libertad.

Desde la distancia ventajosa y la seducción ventajista de mi lectura, me es fácil advertir que era un peón más del totalitarismo. El siglo XX entero, ¿cuántos escaparon allí a la condición de peones del ajedrez totalitario?

Pero hay que ir más allá cuando se lo lee. Al siglo, digo. Raspar con la uña para llegar al fondo de esa centuria de horrores. Levantar la piel para leer la carne de la letra de Céline, Heidegger o Jünger; o la de Ehrenburg, Grossman o Neruda. Despellejar.

El lector que se atreva a adentrarse en serio por ese bosque habrá de arrancar a tiras la piel de la época.

Ah, y dejarse la suya.

Los lectores incapaces de atreverse con la declinación del verbo desollar no merecen leer según qué cosas.

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