Esta noche estuve conversando con Roge Blasco en el programa La casa de la palabra, de Radio Euskadi, a partir del libro El fin del homo sovieticus, de Svetlana Akleksiévich, que traduje para Acantilado.
Váyase al segmento 20:00 – 35:20 de la pista de audio del programa.
El fin del homo sovieticus, en mi traducción, se puede adquirir en todas las librerías online, además de en librerías en España y el mundo.
El pasado 24 de enero recogí en la Embajada de Rusia en Madrid el Premio ‘La literatura rusa en España’. Se trata de un Premio que concede la Fundación Borís Yeltsin a la mejor traducción al español de un autor ruso. La Fundación concede idénticos premios a las traducciones al inglés, italiano, alemán y francés.
En esta edición se me premió por la traducción de las memorias de Alexandr Herzen El pasado y las ideas. En las ediciones primera y tercera de este mismo Premio, el jurado me distinguió con sendas Menciones especiales.
Me referí aquí antes a la emoción que me produce recibirlo y allá remito.
Estas fueron (casi todas) mis palabras de agradecimiento:
De contra:
Con Mario Muchnik, editor del libro premiado y admirado amigo.
No es la primera ocasión en que la Fundación y los jurados de este premio me distinguen con su atención. Antes, en las ediciones primera y tercera, recibí sendas Menciones especiales por mis traducciones de Ronda nocturna, de Mijaíl Kuráyev, para Acantilado, y de El libro negro, de Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg, para Galaxia Gutenberg.
Esta vez el jurado ha querido concederme el Premio y cuatro Menciones especiales a cinco colegas –María García Barris, Marta Rebón, Jorge Saura, Bibicharifa Jakimzianova y Fernando Otero Macías– a quienes doy mi enhorabuena y agradezco me honren con su compañía y la de los magníficos libros que han traducido a lo largo de los años.
El propósito del Premio “La literatura rusa en España” es agradecer la promoción de esa literatura en este país y, por natural extensión, en todo el ámbito de la lengua española. Ya es sobrado premio hacerlo y multiplicar los lectores de literatura rusa en todos los rincones de la lengua. Cuando, encima, se me distingue por ello, el honor es mayúsculo y el aliciente para continuar trabajando como hasta ahora, mayor.