Sarkozy, los gitanos y nosotros: ni tanto ni tan calvo

- 17/09/10
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Oh, sí, sí. Yo el primero que cree que las instituciones europeas han de seguir de cerca el proceso de expatriación de gitanos rumanos emprendido por el gobierno francés.

Y el primero en recordar que el Tercer Reich exterminó en los campos de la muerte a unos 220.000 gitanos.

Y uno más de los que creen que un procedimiento de retorno obligatorio no tiene nada que ver con el Holocausto, ni en el más remoto de los extremos, y consideran que es repudiable, además de imbécil, haberlos asociado.

Uno más, también, de los que creen, no obstante, que cualquier singularización de una etnia, cuando se trata de aplicar medidas punitivas, aun en materia de inmigración, es de todo punto repudiable. En Europa y donde sea.

Y uno, por último, que atiende en medio de toda la alharaca presuntamente democrática lo que manifiestan, ocultos en el anonimato de la red, pero votando click a click, los lectores, esos ciudadanos ante una pantalla rutilante.

Y lo que dicen los biempensantes lectores de La Vanguardia, periódico editado en Barcelona, capital de la región de España a la que se sospecha podrían venir a parar muchos gitanos salidos de Francia, es esto:

Y lo que dicen, ay, guardados sus nombres a buen recaudo, los lectores requetesocialdemócratas de El Periódico de Cataluña, es esto:

Luego, oigan, ni tanto ni tan calvo. Que el problema aquí no es Nicolas Sarkozy, ni mucho menos los Roma: el problema somos nosotros.

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Hamburguesas, helados y perdón

- 16/09/10
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Dos anuncios…

Uno tremendista. Pero pertinente. Que hay que cuidarse la boca con la que pedir perdón por comer fast food. Es del Physicians Committee for Responsible Medicine (PCRM) y será emitido el 16 de septiembre.

(Via Guerra Eterna)

El otro, delicioso, como lo que anuncia.

Y sé de él porque resulta que hoy lo han prohibido en Reino Unido. Lo ha hecho la Advertising Standards Authority a partir de diez quejas. Léase la «sentencia». Los lamentos de The Lady, que no es la monja sino la revista que publicó el anuncio, ilustran la estupidez reinante.

Los anuncios de los helados Antonio Federici han jugado siempre con la idea del pecado dentro de la Iglesia. Nada extraordinario, porque no se han metido en el fondo de la cuestión. Nada que escandalice demasiado, porque no se han ocupado de la realidad. No han mostrado a sacerdotes sodomizando a niños o niñas impúberes, por ejemplo. Ni a curas abriéndoles las boquitas a esos mismos niños y niñas para meterles dentro sus penes fríos como rincones de sacristía. ¡Y mira que eso último para anuncio de helados iría que ni pintado!

¡Nada de eso! Simplemente han mostrado a sacerdotes homosexuales o a monjas con pinta de tener ganas de follar. O como ahora, a una bella novicia follada y preñada. ¡Vaya cosa! ¡El mundo se va a acabar!

Hoy, por cierto, aparecerá por allá Joseph Ratzinger, actual usufructuario de la silla de Pedro. El teólogo Ratzinger, capataz de institución a la que le crecen los enanos ―expresión, ay, algo desafortunada en este caso. Y seguramente pedirá perdón, como se estila ahora, cuando no vivimos en «sociedad del perdón», sino en sociedad de gente que pide perdón como quien pide la hora.

Diez cristianos ofendidos y dale a prohibir.

¡Bah! Eso Diocleciano nos lo hubiera resuelto en un pispás.

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Jeffrey Goldberg y Fidel Castro: los titulares y la novela

- 09/09/10
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La segunda entrega de la crónica de Jeffrey Goldberg sobre su visita a Cuba no tiene desperdicio. La razón es sencilla: el periodista de The Atlantic tiene algo de lo que carecen el resto de extranjeros que han visitado al dictador en el retiro regalado por la resucitación. Tiene sentido del humor. No es que no lo tengan otros de los visitantes de marras, como los aquiescentes venezolanos y el imbécil de Daniel Estulin, un tipo que sostiene que Theodor Adorno escribió las letras que cantaban los Beatles ―supongo que Help me!, cuando huía de los nazis. Pero Goldberg los supera en algo: no tiene reparos en «mirar» a Castro I desde la sorpresa del norteamericano que se encuentra con un déspota comunista. Y eso me divierte tanto como lo divirtió a él.

Goldberg ha producido dos titulares que The Atlantic tendrá largo tiempo entre los mejores que ha conseguido publicar. Primero, un Castro que riñe a Ahmaddineyad por su rabia antisemita. Y hoy, ese desopilante: «Fidel: ‘Cuban Model Doesn’t Even Work For Us Anymore’». Sin dudas, el mejor titular que ha dado Cuba en décadas.

No hay que engañarse. El hombre que habla con el periodista llegado del norte es el mismo que habló a Herbert Matthews en la Sierra Maestra. Alguien que domina el arte de convertir los titulares en píldoras que ubicar en el gaznate de la maquinaria informativa.

Pero otro es ahora el decorado y otra es la página de su biografía que leemos. Y no sé ustedes, pero yo estoy gozando de lo lindo.

Las crípticas palabras del entrevistado, que Goldberg hace explicar a la sosa funcionaria del Departamento de Estado Council on Foreign Relations que lo acompaña, me interesan menos que el relato del ocaso de un dictador que leo en esta crónica. Ese Acuario Nacional que se abrirá en día feriado para que le lleven su butaca y pueda admirar a los delfines ―animales tan inteligentes. Su desprecio por todo lo que no sea la gloria que ya ni siquiera cabe en el hongo de una explosión nuclear.

He asked us, “Would you like to go the aquarium with me to see the dolphin show?”

I wasn’t sure I heard him correctly. (This happened a number of times during my visit). “The dolphin show?”

“The dolphins are very intelligent animals,” Castro said.

(…)

Someone at the table mentioned that the aquarium was closed on Mondays. Fidel said, “It will be open tomorrow.”

And so it was.

Hace décadas leíamos, ¿recuerdan?, aquellos ciclos de novelas sobre dictadores. Ahora asistimos en directo a la redacción del final de esa novela sobre «Fidel» que nadie quiso o nadie pudo escribir.

Y entendemos el por qué. Faltaba todo esto. A saber, la resucitación del protagonista y su empeño en escribir de su propia mano el final de ese libro. Y asistir al cómo lo que iba a ser arcilla de la épica y la tragedia se convierte en comedia diseminada al instante por el rizoma de neón que es la red de redes.

No es la fábrica de sueños, sino la fábrica de una biografía que busca conjurar la pesadilla.

¡Gocen!

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