He dedicado la tarde del domingo a leer La saga de los catalanes en Cuba, de Joan M. Ferran Oliva. Lo publicó en edición bilingüe ―español y catalán― el inconstante sello editorial de la Casa Amèrica Catalunya: KM 13.774. Y es regalo que agradezco.
Continúo pensando que el mejor libro escrito sobre catalanes y cubanos es La petjada dels catalans a Cuba, de mi amigo José Joaquín Moreno Masó, aunque por desgracia se quedó en la primera mitad del s. XIX. Y que el más espectacular en términos visuales es Cuba a Catalunya. El llegat del indians, de Tate Cabré. Escribí aquí sobre el último. El primero, que ya cuenta dieciocho años de publicado, se me adelantó, pero va y lo alcanzo.
Pero este de Ferran Oliva resulta un compendio conciso y casi notarial del tema que lo ocupa. Y lo he leído con el gusto de quien encuentra libro al que acudir en busca de un dato preciso, porque su sino es la precisión. Las palabras, pocas y (bastante) justas. El libro está disponible en SCRIBD, gracias a la generosidad del autor.
Allí encontré una cancioncilla que divertía a los Voluntarios catalanes que se alistaron desde la península para luchar contra los independentistas cubanos. Que hubo catalanes que se enrolaron en el españolista Cuerpo de Voluntarios en Cuba, pero también otros que viajaron desde aquí a pelear por el dominio colonial español. Ya me he ocupado antes de aquel Manuel Bringué i Sanfeliu, que participó en la operación que acabó con la vida de Antonio Maceo y fue honrado a su vuelta a Cataluña.
Quede constancia ahora de los ánimos con que algunos catalanes viajaban a su adorada Cuba a luchar por España.
Ah, sí, oiga, ya sé que a algunos no les gusta recordarlo, pero los hechos son tozudos, que decía aquel.
Esto cantaban:
A l’illa de Cuba
Ja hem arribat.
A on són els negres
que no se’n veu cap?
Quan han vist que veníem
ja s’han amagat.
Diu que s’amaguen
com eriçons.
Ja los destapen
els nostres canons.
El soldat d’Espanya
mai pot recular.
Si és voluntari
n’és bon catalá.
(A la Isla de Cuba / hemos llegado ya. / ¿Dónde están los negros / que no se ven asomar? / Al vernos llegar / se han escondido. / Dicen que se esconden como erizos. / Pero los descubren nuestros cañones. / El soldado de España / nunca recula. / Si es voluntario / es buen catalán.)
Hacía mucho, sin embargo, que no me tocaba encontrarme con algo como lo que sigue: una versión en «clave cubana» de Noche oscura (Tiómnaya Noch), una de las canciones más arraigadas en la memoria de los rusos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial o la padecieron.
Aparecida originalmente en Dos soldados, de Leonid Lukov, película rodada en medio de la guerra, ahora Leonid Agutin, a quien recordarán cantando en La Habana en enero pasado, y el cubano Orlando Valle, «Maraca», le han adosado flauta y modificado la letra, cantan a medias en ruso y español, en busca de movimientos de caderas.
El resultado me parece espeluznante. (Tal vez no se lo parezca a todos ustedes, pero no apostaría por eso.)
Con todo, aquí lo comparto: es música escrita por cubanos y rusos sobre el pentagrama del poscomunismo.
El hombre que mira a la cámara es Fidel Castro. Lo que parecen ignorar sus ojos en busca de la lente es montañita de dólares. La foto fue tomada durante su viaje a los EE.UU. en octubre de 1955. Fue tomada -agradeceré el dato preciso- en alguno de los numerosos actos animados por Juan Manuel Márquez para recaudar fondos de la emigración cubana que financiaran la lucha contra Batista y la restauración de las libertades en Cuba. Al menos, tal era el discurso.
El mensaje que llevaron y resonó en Palm Garden, Nueva York, o el teatro Flagler, en Miami, tenía sabor de cónclave sionista: ¡Batista no finaliza 1956 como presidente! Un magnífico documental de Ricardo Vega –el primero de los tantos que ha hecho en el exilio- concluye con el discurso del teatro Flagler, aquel donde prometía que, triunfante la revolución, jamás volvería un cubano a querer exiliarse en Miami.
Con lo del Batista depuesto antes del lechón de la Nochebuena del 56 se equivocaban los feriantes del Movimiento 26/7. Al muchacho sentado tras la montañita de dólares del exilio le faltaba hacerse a la mar, llegar a la tierra prometida y ganar la condición de profeta. Tardó tres años en hacerlo.
Desde entonces, ese abogado cubano nacido en Birán ha dirigido los destinos de Cuba como yo gestiono mis libreros. Pleno dominio, tiránico orden, purgas periódicas, regalos decididos al albur de cualquier pasión inopinada…
Fidel Castro cumple hoy 81 años cumplirá 84 años en un par de días. Es un año Son cuatro años más de los muchos que quisimos que no cumpliera. Pero es el peor de todos ellos, porque es el año son cuatro años de una sobrevida que le han regalado la historia y la medicina. Una historia que tampoco quisimos y que nos colocó en un nuevo escenario del que también hoy es cumpleaños. El primero cuarto.
En casi medio siglo de gobierno, Castro hizo de Cuba cárcel y parque temático, símbolo de equívoca significación y objeto museable.
Y durante años millones de cubanos soñamos la Cuba sin Fidel Castro como quien imagina reino librado de ogro. Imaginamos resplandeciente arco iris y bullicio de duendes felices saliendo de bajo las piedras. Nos movíamos en los brillantes predios de la literatura infantil.
Ahora nos hemos topado, como el más pusilánime o desmañado de los novelistas, con personaje que se adueña del libro en extenuante e inesperado postfacio.
La atroz epopeya de Castro I se nos continúa en una secuela con Castro II por la que pululan personajes secundarios aupados al índice onomástico con mañas de ganar dos y tres líneas. Un libro nuevo que nos sorprende con su lengua extranjera. Uno, donde transición no es palabra aceptada. Uno, donde la voz marabú es espinoso eufemismo de las palabras fin y desastre.
Y todos, lectores ávidos o renuentes, esperamos ahora a ver si ese muchacho ante puñado de dólares cierra, ya cadáver y viajando en catafalco, una de esas páginas de la historia que dan para miles de notas a pie de página. Las mismas notas al pie de las que Walter Benjamín decía que son equiparables a los billetes ocultos en las medias de las prostitutas.
Una espera sin infantil esperanza. Una espera que, desvanecidas ya las esperanzas en un rápido cambio, vuelve a colorearse con tintes de desespero.
Este post apareció publicado en ETDLV el 13/08/2007 con el título “Un año de sobrevida”. Reaparece ahora con motivo del cambio de ritmo estival. Bueno, y con motivo de ver que lo escrito entonces vale tres años después como si escrito hoy. Mal rayo nos parta.