De guetos, horrores y efemérides, neurocirugía mediante…

- 16/11/10
Categoría: Israel, Libros | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


Al maestro de escuela A. Yerushalmi, un judío lituano, le debemos uno de los escasos Diarios escritos en los guetos del Este de Europa bajo la ocupación nazi. He dedicado el fin de semana y parte del día de hoy a trabajar en su traducción al español. Un documento de veras extraordinario: la obra de un notario que da fe de una esquina del Holocausto.

Como saben mis allegados, y mucho mejor mis colegas, traducir textos donde uno se pasa horas trasegando con el horror, me requiere desarrollar estrategias de contención, vías de escape. Algo, por cierto, que no es privativo de este oficio ni mucho menos. Recuerdo mi impresión cuando hace años un neurocirujano amigo me invitó a pasar una mañana en el quirófano. Tenían tres operaciones quirúrgicas previstas para la jornada y dos de ellas buscaban extirpar tumores ubicados sobre la silla turca, operaciones estas que, al menos entonces, se realizaban abordando al enemigo por medio de un corte sobre la encía del maxilar superior del paciente y levantándole la piel del rostro como quien descorre una cortina. Un espectáculo nada alegre para profanos. No tuve espejo a mano, pero sé que mi cara, aun pegada a mis huesos, fue blanca y lila, lila y blanca, mientras se descolgaban aquellas caras de tipos anestesiados y condenados a muerte, o casi. Eso sí, los neurocirujanos amables que se divertían con mi turbación metían el bisturí y discutían sobre baseball. Así se relajaban, me explicaron más tarde.

Con el Diario de Yerushalmi he ensayado juegos distintos que me distraigan de la relación de muertes que anota, una a una, millar a millar. Una de ellas es la de conectar las fechas de las entradas con otras fechas, con efemérides. Así, por ejemplo, esta entrada, escrita exactamente diez años antes de que Fidel Castro comenzara su ascenso al poder, me arrancó una sonrisa, salvas sean las abismales distancias.

26 de julio de 1943. La noticia de la dimisión de Mussolini fue recibida en el gueto con estupor a la vez que con alegría. No obstante, todos se comportan con serenidad. Saben cuánto les puede costar la menor ostentación de sus sentimientos. ¡Es mucho lo que nos queda por sufrir todavía!

© www.eltonodelavoz.com

¡Esas deliciosas estampas del postcomunismo!

- 31/10/10
Categoría: Poscomunismo | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


¡Esas deliciosas estampas del postcomunismo!

¡Cuánto conviene atenderlas! Y no digo para conjurarlas, no. Digo, porque así gozamos la condición diacrónica del prefijo «post».

Atiéndase al delicioso espectáculo que proporciona a los súbditos del postcomunismo soviético la caravana de vehículos que acompaña a Ramzan Kadyrov, conspicuo cacique de la comarca nombrada Chechenia.

Démonos prisa, oigan, en contar los agravios, y en contarlos bien, porque puede que mañana, atontados con el prefijo ganado como juguete nuevo, contemos coches (estos ¿setenta y cuántos?) como esos muchachos que jamás pertenecieron al KOMSOMOL ni saben lo que ese acrónimo decía y escondía.

h/t: Drugoi

© www.eltonodelavoz.com

Los Estados Unidos retoman relaciones con los comunistas

- 29/10/10
Categoría: Poscomunismo | Etiquetas:
Imprimir Imprimir


Maxim Litvinov (née Max Wallach) anunciando que los Estados Unidos y la Unión Soviética retomaban relaciones diplomáticas. Fue el 20 de noviembre de 1933.

Litvinov no fue un mal tipo, fíjense. Hasta la YIVO poscomunista lo lleva suave porque más o menos todo el mundo coincide en que se lo sacrificó por judío para firmar el Ribbentrop-Mólotov… Churchill, que supo de todo y más, le dedica palabras muy amables mientras que a Mólotov le dio la categoría de trapo que mereció.

Le correspondió a Litvinov jugar la papeleta y, sí, la URSS y los EE.UU. retomaron relaciones un buen día sin mayores reparos. La primera consecuencia del feliz acontecimiento fue la gira de Harpo Marx por las tierras de Lenin y Marx. Un viaje que Harpo narra en términos hilarantes en sus memorias. Litvínov en persona subió con él al escenario el primer día y montaron un número cómico. Fue la apoteosis, parece ser.

A falta de esas imágenes que nadie ha divulgado a mí me basta para reír el último segmento de este video del anuncio, de 01:07 en adelante.

Ese Washington rotundamente silente y hasta «quemado» que abrazó de repente a aquellos rojos tan malos.

(Ojo: nuestro intercambio de cómicos sigue dirección contraria. De la estatura, ni hablar).

© www.eltonodelavoz.com