Jorge Ferrer - 06/01/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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Mañana, Día de Reyes, me gustaría encontrar que uno de los tres magos de Oriente, o juntos, me ha dejado en la sala a Miguel Ángel Moratinos, a «Curro». Que sea ese mi regalo. No quiero otro.

Ese Miguel Ángel Moratinos, ministro de Zapatero, que cada día se esfuerza más por demostrar que su desprecio a los cubanos supera al de Antoni María Claret, aquel arzobispo de Santiago de Cuba a quien un guajiro picó la cara y pasaba hasta ahora por ser el español que nos odió con más saña. También está en liza Valeriano Weyler, sí, ya sé, pero en su caso se trataba de hijo de puta en guerra. Moratinos, en cambio es un hijo de puta de «período especial en tiempo de paz». Un cerdo criado en una bañadera de Alamar, vaya.
Y quiero que me lo regalen mañana. Sentir desde la cama el hedor que vendría del salón y el gimoteo de ese crápula. Desperezarme, escuchar unos minutos de radio y pasar a aliviar vientre y vejiga, tomar una ducha, afeitarme y bañarme las mejillas con Old Spice, mientras mi regalo me espera acuclillado junto al sofá con su aire marcadamente porcino.
De la ducha iría a la cocina, me tomaría un café revisando sin prisas las portadas de los diarios en el laptop. A esa hora ya Curro estaría recibiendo los mordiscos de Bruno, mi perro, que lleva en sus documentos, y juro que por pura casualidad, el nombre de Bruno Rodríguez ―Rodríguez es el primer apellido de su legítima ama; y mía también, ¡qué caray!―, homólogo cubano de Moratinos.
Saldría por fin al encuentro del regalo dejado por Melchor, Gaspar o Baltazar, o los tres, cuyos camellos habrían despachado de madrugada los dátiles que les dejé hace un rato, como cada año, junto a la puerta de casa.
«¡Sí, me tocó! ¡Me lo trajeron!», exclamaría lleno de gozo mientras Bruno redoblaría sus mordiscos al ministro fofo.
¿Que qué haría después con él?
Ah, no sé. Se me ocurren varias cosas. Bueno, tres. Espera: cuatro…
Pero cuánto me gustaría, ay, cuánto me gustaría encontrarme cara a cara con ese funcionario que nos desprecia y busca humillarnos. A mí, por cierto, por partida doble: como cubano y como español. ¡Vaya si me gustaría encontrármelo!
¿Es tarde ya para escribir carta a los Reyes Magos?
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Jorge Ferrer - 05/01/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente, Cuba futura
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Bueno, rueditas.

Ese tipo sonriente, en mono deportivo y sobre ruedas. Ruedas en la silla y ruedas en la mesa ajustable. Dos artilugios nada sofisticados, pero muy apropiados para quien ya apenas puede moverse. Dos gadgets de hospital que separan del suelo al deportista baldado, lo llevan rodando, rodado.
Este dictador reducido a cuerpo que rueda y hace rodar la mesilla con el zumo de naranja y el cuaderno donde ir escribiendo su delirio no es una mala metáfora del fin de una época.
Recibe a viejos camaradas, da los últimos toques a su teoría fin-del-mundista, odia con la misma intensidad que siempre, y rueda, separado del suelo. Levita ya, encaramado en tiras de caucho.
Un viejo chiste español dice que unas monjas van a visitar a Franco, moribundo ya el dictador, para verlo antes de que se lo llevara la parca. «Han venido unas monjitas a despedirse», le avisan a Franco. «Y ¿a dónde viajan?», preguntó el agonizante.
Este Castro sobre ruedas, como quien viaja él solito hacia el olvido, tras intensa estancia en el escarnio.
De contra:
Todas las fotos en El 19 digital.
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Jorge Ferrer - 04/01/10
Categoría: Actualidad | Etiquetas: Agua corriente
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¡Tremendo!
Los kamikazes nos amenazan con sus calzoncillos bomba y en Washington deciden que hay que cachear a los cubiches que se suben a los aviones. Los toman, nos toman, por terroristas suicidas, por tipos capaces de inmolarnos por una causa.

Decididamente, ni en Washington ni en Langley saben de qué materia estamos hechos. ¡Qué despiste, mamita! ¿Inmolarnos los cubanos? ¿Explotarnos? Más: ¿explotarnos los huevos? ¡Por Dios!
Medio siglo de dictadura y hemos protestado tan poco que ni se ha arañado la raspadura. En la década de los Cincuenta, en cualquier día de esa década, en cualquier sábado patrocinado por Hatuey o Jabón Candado, probablemente se protestó más que en años enteros del último medio siglo.
Y aun así ahora se los va a cachear, a los cubanos con pasaporte expedido en La Habana o en Holguín, y alargar las colas para avanzar por los fingers.
Uno creyó que se había librado de ellos y de sus quién-es-el-último y ahora los van a tratar como a yemenitas o paquistaníes. Como a mártires.
No son mártires, no. No lo somos. ¿O acaso no es evidente?
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