Los hermanos Castro han vuelto a matar (y no van a parar)

- 08/05/11
Categoría: Castro & Family, Oposición | Etiquetas:
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«Los hermanos Castro han vuelto a matar» titulé aquí cuando supimos de la muerte de Orlando Zapata Tamayo hace catorce meses.

Ahora lo han vuelto a hacer. Juan Wilfredo Soto García falleció en un hospital del centro de la isla a consecuencia de una paliza recibida unos días atrás. No murió, como Zapata, tras una huelga de hambre. Los esbirros actuaron esta vez de forma activa. No murió porque lo dejaran morir: murió porque lo golpearon llevándolo a un estado clínico que acabó en fallecimiento. Lo asesinaron.

Raúl Castro lleva cuatro años gobernando Cuba. Y ya se ha cobrado las vidas de dos opositores. Un hecho revelador amén de monstruoso. Si la persecución del gobierno de Cuba a sus opositores discurría por cauces incruentos desde hace décadas, ahora se suman dos muertes en poco más de un año y nada hace pensar que estas no acaben arracimándose a medida que avance —es un decir— la adecuación del «modelo cubano» al neocastrismo.

La muerte de Juan Wilfredo Soto García no es un mero accidente producido por el exceso de celo de un par de esbirros. Bien al contrario, es una siniestra manifestación del neocastrismo. Uno donde el celo represor se desbordará con fuerza de marea criminal.

Volveré pronto sobre el asunto. Ahora apenas les doy la mala noticia: la muerte ha visitado por segunda vez a la oposición cubana porque va a quedarse a vivir con ella. A matarla a ella.

Fotografía: Los hijos de Soto García en su entierro. Cortesía de Yoani Sánchez @ Twitpic. Hay más.

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(Bin Laden again): Una delicia de footage el servido hoy…

- 08/05/11
Categoría: Freaks, Islam, Media | Etiquetas:
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Una delicia de footage el servido hoy:

Bin Laden mira a Bin Laden. El tipo estudia el resultado de su alocución. Se pregunta, cabe suponer, el efecto que tendrá sobre sus seguidores y sobre nosotros, las víctimas a asustar: «¡Uhhh, que te mato, kafir!»

Se pregunta, como cualquiera que se mira en un espejo: «¿Luzco bien?» Es el terrorista Narciso a la vez que el metemiedo en la duda. El CEO de una empresa en la ruina. Es una parodia de Bin Laden en la que aparece Bin Laden.

¿Que querían fotografía del psicópata con túnel abierto en el cráneo? Esto es superior, es mayúsculo: es su cráneo enfrentado al efecto catódico; «craneándose» el tipo, que diríamos en cubano.

El set es penoso. A uno se le ocurre enseguida llamarlo «guarida». Esos cables que cuelgan. El desmañado electricista que conectó esto y lo otro. Un amateur al servicio de quien nos modificó la entrada en el siglo XXI que nos prometíamos feliz. Nosotros aquí con iPad y demás tabletas, mientras un vejete enturbantado y con técnica setentera nos aguaba la fiesta. ¡Y ni conexión a Internet tenía!

Fiesta esa sí y en toda regla este making off de las bravatas en Al Jazeera del hijoputa. ¡Zappeando el bobo!

Y un poco de decepción y un tanto de vergüenza, porque vaya mierda de enemigo y vaya enemigo de mierda.

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Doce minutos después, ya se habrán llevado al muerto

- 07/05/11
Categoría: Urbanas | Etiquetas:
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Algunos lectores recordarán aquel post de hace poco menos de medio año dedicado a un pobre hombre «atrapado» en el exterior de un cajero automático. El de La Caixa en la calle Escorial con Fraternitat.

Pasamos por delante cada noche Bruno y yo. Y venimos de hacerlo.

Ahora había tres policías en la puerta y un cuarto junto a una de las dos patrullas, hablando por la radio.

Adentro, al fondo, el cadáver de un indigente.

Bruno se abalanzó sobre los policías no más verlos. Dócil ataque, claro, que a Bruno le gusta más la gente que lo que a Michael Jackson le gustaban los niños.

Dos de los policías se acuclillaron para jugar con el perro. Con el tercero, más circunspecto, quise asegurarme.

—Está muerto, ¿no? —le pregunté mirando al cuerpo tumbado sobre cartones entre dos cajeros de color amarillo pollito.

—Es cachorro, ¿no? —preguntó uno de los acuclillados, antes de que el otro me respondiera que sí, que el tipo era fiambre.

Me maravilló la geometría de la escena. No la geometría moral, que en esa los roles habría que asignarlos con otras mañas, porque todos se quieren hipotenusa. La mera geometría que reunía al cadáver, al perro, a los cuatro policías y a mí: ellos uniformados; yo en sandalias, con la camisa del mismo color que la tez del muerto, en la pendiente de una calle que a estas horas desanda gente sin rostro.

Tres árboles y el doble de minutos más allá, Bruno adoptó gimnástica postura de cagar. Me di la vuelta mientras extraía del bolsillo la bolsa de nylon perfumada con la que recoger las heces. A la espera del juez o la ambulancia o lo que llamen en tales circunstancias, y de espaldas al muerto, los policías —los cuatro ahora—, nos miraban. Y sonreían.

Sentí un súbito escalofrío al que Bruno no fue ajeno. No sé él, inocente, pero a mí se me ocurrió que inmersos en ciertos roles adjudicados por caprichosos —¿o debo decir «azarosos»?— trazos sobre la regla que dibuja el paisaje, o eres policía o eres fiambre.

Y corrimos ambos a echarnos aquí en casa. Él sobre la alfombra; yo, sobre estas teclas.

A buen resguardo ahora, Bruno es un simpático perrito y yo un tipo que junta palabras. Doce minutos después, ya se habrán llevado al muerto.

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