¡¡¡LOS HERMANOS CASTRO HAN VUELTO A MATAR!!!

- 24/02/10
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Orlando Zapata Tamayo, preso político cubano, ha muerto hoy en La Habana después de 86 días en huelga de hambre.

Orlando Tamayo Zapata

Orlando Zapata Tamayo

¡Respétese la memoria del horror sobre la que escribía justo antes de conocer su muerte!

¡MEMORIA Y JUSTICIA!

¡Descanse en paz!

¡Carezcan de ella sus asesinos!

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«Nosotros no somos como ellos»

- 24/02/10
Categoría: Actualidad, Memoria | Etiquetas:
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Toda esa larga letanía judicial en torno a John Demjanjuk. Hoy será la última vista del juicio. Toda esa babosada en torno a un guardia de Sobibór. Toda esa larga demostración de la incapacidad que encuentra la ley para juzgar a un asesino en masa. Toda esa culpa que se derrama sobre nosotros excretada por el colaboracionista ucraniano.

Perdónenme, por favor, las señoras: ¡estoy hasta los cojones de Demjanjuk y quienes lo han juzgado y juzgan!

Revísese aquí o aquí. Repásese nuestra infinita bondad tejida de paripés y argucias de leguleyos y amparada en la desmemoria.

¡Ay, nuestro garantismo! La imbécil alegría con la que pronunciamos eso de que «nosotros no somos como ellos», cuando se trata de conceder regalías a los asesinos. Así, por ejemplo, se captura a talibán en ejercicio de su talibanidad, que no precisamente «estudiando», se lo envía a Guantánamo a escuchar a Metallica vestido de naranja y, ¡oh!, asoman los garantistas: «Nosotros no somos como ellos», claman a gritos.

¡Claro que no somos como ellos! Esos tipos no ponen a sus detenidos a escuchar suras armonizadas con el qânun: ¡ojalá lo hicieran! Mas no: ¡los degüellan! (Sin embargo, nadie, nadie, protesta porque le metan un misil en la cabeza a talibán o similar: lo que jode, parece ser, es que los hagan prisioneros y los manden a «cantar» a la Cuba de la Guantanamera.)

Demjanjuk (Иван Демъянюк) y los colaboracionistas ucranianos o letones. Pocas veces ha conocido la humanidad, por así llamarla, crueldad como la desplegada por nacionales de esos países en la Europa ocupada por los nazis. ¡Váyase a los documentos, oigan! Los testimonios pesan toneladas.

En Jmélnik, Ucrania, por poner apenas un ejemplo entre millares, llevaron un día a medio millar de madres con sus hijos a la ejecución. La fosa ya estaba abierta. Pero, ay, llegaron una hora antes y no podían alterar la orden recibida de los alemanes. Animaron a los niños, naturalmente incapaces de imaginar la razón de aquella zanja, a jugar en la fosa abierta. Observados por los asesinos, los muchachitos se deslizaban hacia el fondo de la fosa como si se tratara de un tobogán. Las niñas más tímidas recogían florecillas. Llegó la hora, los formaron en sucesivas hileras ante la zanja y los asesinaron a mansalva. Algunas víctimas caían todavía vivas, pero se ahogaban en la sangre que iba llenando la fosa.

¡Oh, sí! ¡Quietos! Ya sé que Demjanjuk no estaba allí aquel día preciso. Que no se lo juzga por aquel jardín de infancia montado en vísperas de la muerte. Ya sé que no era más que un guardia de Sobibór que, como tantos de sus colegas, se proveyó después de documentación que lo acreditaba como víctima, etc., etc.

¡Y, oh, sí, oigan! Ya sé que no somos como ellos…

¡Por supuesto que no! ¡Claro que no somos como John Demjanjuk! ¡Somos mucho más imbéciles que él!

Y además, somos negligentes; él no lo fue.

Y eso, en cierta forma, nos hace peores que los John Demjanjuk, porque somos incapaces, dominados por una lasitud incurable, de hacerle justicia a las víctimas.

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Cuba y los globos

- 23/02/10
Categoría: Poscomunismo | Etiquetas: ,
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Zeppelin in Berlin

Los guarismos de la serie que anuncian en La Habana sobre los intentos de asesinar a Fidel Castro aka Castro I:

1)      638 tentativas de magnicidio;

2)      8 capítulos;

3)      1 + 81 guerrilleros;

4)      3 años de trabajo (luego, comenzaron cuando se lo creía a punto de catafalco);

5)      243 actores y actrices;

6)      800 figurantes.

¡Tremendo! ¿Alguien imagina mejor regalo a dictador que muere en la cama que la minuciosa exposición de fracasos de quienes quisieron acortarle la vida?

Con todo, la serie falseará la realidad, porque los figurantes en esta historia fueron, son, somos, muchos, muchísimos, más. ¡Millones! Y el actor uno solo.

Consuela pensar, sin embargo, que también en España el dictador murió en su cama y ello no se convirtió en losa que pesara (demasiado) sobre el posfranquismo. Aunque, bien pensado, aquí voló Carrero Blanco. El imaginario social contaba con esa parábola espectacular. Mientras que entre nosotros creo que el vuelo más sonado sigue siendo el de Rafael del Pino. O no: ¡más bien el de Matías Pérez!

Al final va y terminamos todos navegando ufanos en la estrecha barquilla del globo patrio: el globo de los 20.000 muertos del Batistato, el globo de los 638 intentos de asesinato, el globo de la revolución, el globo del pueblo rebelde y amante de la libertad. Dos objetos que flotan: el castrismo como aerostato y el exilio como brillante zepelín.

Cautivos a la vez que atomizados, puede que ahí encontraremos la única salida cubana hacia la globalización. En la parodia.

Un país de globos. Un país como un eterno cumpleaños.

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