Confesión (que ya era hora)

- 15/09/12
Categoría: Cambios en Cuba, Cine
Imprimir Imprimir


Ya va semana de ausencia. Ay, ¡haberlos acostumbrado a que esto es una feria constante! ¡En mala hora (si la expresión vale para cinco años y pico)!

Algunos me han pedido explicaciones. «¿Dónde te metes?», exigen. «Mucho trabajo», me excuso. Y es cierto, pero igualmente falso, porque un blog se alimenta hasta con el meñique si está dispuesto el muchachito para algo más que para rascar la última de las costillas.

Y no les basta, claro. «¡Con Cataluña clamando por la independencia y tú callado!», reclaman otros y esgrimen lo del millón y medio de manifestantes que, en verdad, no pasaron de trescientos mil, ya saben. Y toda una tropa, sé. Pero entre 300.000 manifestantes y 1.500.000 hay la misma diferencia que entre una paja y un coito.

«¡Con la Arab Spring convertida en aquelarre antiamericano!», protestan otros. «¡Obamista!», me acusan, cuando yo no tuve siquiera la desgracia de ser cederista. ¡Y mira que hay excederistas acusando hoy a diestra y siniestra en este Comité de Defensa de-la-que-sea-ción diasporizado!

«¡Con más huelgas de hambre en La Habana y tú mudo como un pez!», me reclamaron hoy sentado yo a la mesa de comer, que es distinta a la de escribir, porque es posterior.

Bueno, vale, ok, sea: es hora de complacer mostrando la disposición que me ha dominado esta semana, ¿estos últimos meses?

Delirios secesionistas, energúmenos mascatrancas, huelguistas de quita y pon.

Esta grabación fue hecha sin mi consentimiento y me muestra cavilando sobre un mundo que cada vez me seduce menos, mientras muevo sus piezas por la mesa de mis intereses, cambiantes.

(Y sí, el perro que gime es Bruno, criatura.)

https://www.youtube.com/watch?v=nebX1eNj4Gk

Las imágenes corresponden a la secuencia final de Stalker, de Andrei Tarkovsky.

© www.eltonodelavoz.com

Castro I: ¿otra rubia en el dormitorio?

- 06/09/12
Categoría: Castro & Family
Imprimir Imprimir


The Atlantic vuelve hoy sobre Michael Dweck y su proyecto cubano. Aquello de la farándula habanera que el fotógrafo norteamericano vendió como una élite en la sombra. Y lo hizo con tanto éxito que hasta exposición en La Habana se agenció. Aquí me entretuve con eso entonces y daba ya el asunto por finiquitado.

Pero, decía, The Atlantic retoma hoy la historia y trae una curiosa especulación sobre el dormitorio donde agoniza Castro I en Punto Cero. Esta:

«Fidel is said to display, hanging over his bed, a portrait of a nude woman from one of Dweck’s previous projects».

¡Alto ahí!

Dejando de lado que «Fidel» y «hanging» forman linda parejita de vocablos y que la idea tiene mucho de inverosímil, ¿cómo es que Dalia habría permitido que otra rubia se encarame sobre el protocadáver a estas alturas/honduras?

Una de las de Dweck, que no son rubias desmejoradas, oigan. Son esta o esta.

Sobre la cabecera de la cama de ese dormitorio que cabe imaginar un monumento a la estética de los Fifties, el renqueante y balbuceante dictador se tumbaría cada noche bajo una musculosa muchacha del norte que le velaría el sueño. («Fidel» y «tumbar» es otra feliz, aunque también desafortunadamente falaz, conjunción.)

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Sueñan los dictadores seniles con rubias esculturales?

Ná, oigan, que en este circo nos crecen los enanos. No solo morirá en su cama el satisfecho octogenario. Encima, pa’ jodernos, lo hará con dos rubias metidas en el cuarto.

© www.eltonodelavoz.com

(Transiciones): Las minifaldas de Pyongyang

- 03/09/12
Categoría: Agua corriente, Poscomunismo, Transición
Imprimir Imprimir


Desde que Kim Jong Un fuera aupado a la cúspide del poder en Corea del Norte el pasado diciembre, las noticias de un aggiornamento del régimen más cerrado del planeta se suceden una tras otra. Los analistas, ya se sabe, suelen ser más generosos que los déspotas.

Se trata de un goteo escaso, pero constante. Nada apunta al desmontaje del aparato totalitario de los Kim, pero sí hay indicios de que el feudo de la idea Suche se muestra cada vez más permeable a la influencia todoabarcadora de China, ese estadio superior del capitalcomunismo.

Este grupo de sensuales muchachitas norcoreanas que ostentan una estética desusada al norte del Paralelo 38 y responden por Moranbong -nombre de un barrio de Pyongyang- son un botón de muestra de esa puesta al día. Sus canciones están inspiradas por el mismo pathos revolucionario de siempre, pero, ay, la minifalda y el falsete, las lentejuelas y las caderas serpeando dentro de esos vestidos ceñidos prometen no sé si una transición, pero seguro una cadena de imitadoras y un mundo de soldaditos soñando con mujeres sin uniforme.

Pocas cosas entrañan mayor peligro para un régimen totalitario basado en la represión de la mente y el cuerpo.

De contra:

Jordi Pérez Colomé, periodista y amigo, ha viajado a Corea del Norte este agosto. No pasen por alto su recuento de lo visto y pensado allá.

© www.eltonodelavoz.com