Oswaldo Payá, quien reinventó la oposición cubana, ha muerto

- 23/07/12
Categoría: Agua corriente, Oposición
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Oswaldo Payá Sardiñas, el hombre que reinventó la actividad disidente en Cuba en la segunda mitad de la década de los ‘90, acaba de morir como resultado de un accidente de tráfico cuyos pormenores todavía desconocemos en detalle. El accidente ocurrió en el oriente de la isla y se habría producido por el choque de un camión contra el vehículo en el que viajaba el líder opositor. Su hija confirmó la noticia.

Payá revolucionó la oposición al régimen de los hermanos Castro con la puesta en marcha del Movimiento Cristiano Liberación y el Proyecto Varela, con toda certeza la mayor victoria opositora en lo que a apoyos se refiere: las más de 11.000 firmas entregadas a la Asamblea del Poder Popular en apoyo de un sucinto y diáfano programa de reformas económicas y políticas. En diciembre de 2002, al recibir el Premio Andrei Sajarov, pronunció un discurso memorable ante el Parlamento europeo. No fue el único galardón que le concedió el mundo libre.

Los exiliados y los opositores cubanos solemos lamentar la muerte de aquellos que soñaron con ver una Cuba libre del régimen totalitario y mueren viéndola todavía oprimida.

Con la muerte de Oswaldo Payá, un hombre de apenas sesenta años de edad y que no solo soñó con esa libertad futura, sino que trabajó por ella activa, imaginativa y corajudamente durante largos años, el sentimiento que me embarga es de un dolor mayúsculo.

Hombres como él dignifican a Cuba y muestran que, a pesar de tanto cambiacasacas y tanto esbirro, en ese país hubo y hay hombres y mujeres que dijeron y dicen NO.

En paz descanse ese hombre que fue justo y sencillo, como esos “justos ocultos” que venera la tradición judía. Los pocos que soportan la dignidad de todos.

 

 

 

(Update:)

Rosa María Payá, hija de Oswaldo Payá, sospecha que la muerte de su padre fue un asesinato. Sería otro más.

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En Corea del Norte se llora, pero también se baila

- 20/07/12
Categoría: Agua corriente
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¿Se acuerdan de aquellos norcoreanos que lloraban en diciembre pasado la muerte de Kim Jong Il?

Pobres criaturas, entonces sin consuelo.

Bueno, es sabido que Dios aprieta, pero no ahoga. Y el Dios de los norcoreanos otro tanto.

Medio año después salen a bailar a las plazas, porque tienen noticia que festejar: el hijo del entonces difunto, ese Kim Jong Un, ufano gordito en país de famélicos, ha accedido al rango de Mariscal. Una tradición familiar, se diría.

Y aquí los tienen, a los llorones de antes, bailoteando por las plazas de Pyongyang para felicitarse ante tamaña sorpresa.

Y sí, ya sé que a algún malpensado se le ocurrirá que hay algo coreográfico ahí. Ná, bobos, todo eso es tan espontáneo como la pasión cubiche por la moringa oleifera.

 

 

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Dos misterios, tres, cuatro

- 06/07/12
Categoría: Agua corriente, Castro & Family
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Me aparto de la mesa de trabajo y me encuentro con que hay dos misterios encaramados hoy a los titulares que conciernen a Cuba.

Uno, el súbito descenso en los fondos del gobierno de Cuba en bancos occidentales ―que es misterio que ya se anunciaba hace unos días, pero ahí está hoy. Bajaron un 25% en el último trimestre del año pasado. ¡Misterio, dicen!

Otro, el largo viaje de Raúl Castro a China. Habría dedicado dos jornadas completas a llegar a Beijing, ¡figúrate!, y cabe imaginar entonces que hizo larga pausa en el camino. ¿Dónde la hizo? ¿Por qué triángulo se paseó en bermudas o esos trajecitos picúos? ¡Misterio, proclaman!

A mí me encantan los misterios en general y cuando se trata de Cuba es que me froto las manos con tal fruición que se me pone cara de mosca.

Hace un par de noches cené con una señora recién llegada de esa hermosa isla. El tema de la moringa asomó a la mesa bien provista de otras viandas. Mi invitada me contó que estuvo hace una semana en el CIMEQ y mientras aguardaba su turno en la sala de espera la conversación fluía sobre el árbol de las salvaciones. El CIMEQ, ya se sabe, clase media y media alta -digo, por traducir los escalones de la nomenklatura castrista a una lengua viva. Fluía la charla, oleaginosa como el árbol de marras ensalzado por el dictador en avatar zombi. Todos tenían alguna idea para aprovecharlo, todos estaban encantados con el descubrimiento. Todo eran plácemes. Panacea, pharmakón, todos acariciaban la moringa. ¿Misterio, también?

Miren, si de misterios, de inescrutables arcanos cubiches, de cifra ocultas en baile de caracoles, se trata, preguntémonoslos otra vez por el mayor de todos, el supremo: ¿cómo es que 52 años después estamos aquí? ¡Ese es el misterio, nenes! Todo lo demás, mordida más o mordida menos, no pasa de ser un largo desayuno con mesa servida de catibía… acompañada ahora, por lo visto, de mousse de moringa.

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