Birmania y Cuba: los pequeños detalles

- 17/06/12
Categoría: Agua corriente, Cambios en Cuba
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Aung San Suu Kyi recibió esta mañana en Oslo el Premio Nobel que le fue concedido en 1991. La célebre opositora ha viajado al extranjero por primera vez después de largos, larguísimos años de ostracismo y arresto domiciliario. Su discurso, que les recomiendo encarecidamente escuchar (comienza en 09:20), fue espléndido. (Quien prefiera leerlo, puede hacerlo aquí.)

El jueves pasado The Coca Cola Company anunció su disposición a “regresar” a Birmania, o Myanmar, tras 60 años de ausencia.

La puesta en marcha de la transición birmana y la vuelta de Aung San Suu Kyi a la política después de las recientes elecciones celebradas por el régimen militar pueden ser tomadas equivocadamente como un atisbo de lo que pudiera ocurrir en Cuba. Ambos regímenes tienen una duración parecida y semejantes prácticas totalitarias; en ambos países los militares han utilizado su influencia para acaparar en unos pocos años todos los sectores de la economía más prometedores: turismo, comunicaciones, energía…

La mala noticia es que hay dos diferencias rotundas entre Cuba y Birmania en lo que al camino hacia una transición se refiere.

La primera la anoté aquí alguna vez a propósito de una conversación con un colega ruso que recorrió el país el año pasado hace un par de años (y post que es tan actual ahora como entonces, mal que me pese). Le pregunté qué había oído de Aung San Suu Kyi durante su viaje. “Todos la respetan y la adoran”, me dijo: “Los barqueros y los académicos, los tenderos y los campesinos, los estudiantes y los borrachos. ¡Todos la ven como una persona íntegra y capaz!”

La segunda. Bueno, ya saben: decenas de miles de birmanos salieron a las calles en 2007 a protestar contra el régimen de Rangún. Cinco años más tarde, aquellas protestas masivas los han puesto en el camino de la transición.

Los cubanos, en cambio, ni tienen líderes que respeten más de cuatro gatos (y alguno tuerto) ni, ay, han salido a protestar jamás.

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El modelo chino aka Slavery – A 21st Century Evil

- 11/05/12
Categoría: Agua corriente, Poscomunismo
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La cadena de televisión Al-Jazeera vio expulsada hace unos días a su corresponsal en Pekín, Melissa Chan, y el consiguiente cierre de la corresponsalía en China.

Una lástima, porque el trabajo que hacía Al-Jazeera en ese país era formidable. En general, Al-Jazeera se ha convertido en una fuente de información que nadie que busque ver este mundo en toda su complejidad puede pasar por alto. Quien lo haga, por prejuicios o pereza intelectual, se estará perdiendo mucho.

Este es el documental que colmó la paciencia del gobierno chino, el mismo que nos está enseñando que el poscapitalismo y el poscomunismo se pueden articular en un terrible artefacto que ya no tenemos Deleuze & Guattari que nos expliquen.

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IKEA, Bruno y la mano de obra cubana

- 09/05/12
Categoría: Agua corriente
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Así me encontré hoy a Bruno al volver a casa:

—¡Bruno! —grité—. ¿Qué haces con esas bolsas de IKEA?

—Me fui a comprar unos detallitos para la perrera nueva. Sabes que estoy a punto de echarme novia, ¿no? —Y añadió, socarrón—: Lana, la peluíta esa de la esquina.

—Pero ¿cómo vas a ir a IKEA, alma de Dios? ¿Tú no sabes que utilizaron a presos cubanos para hacer unas mesas y unos sofás? Lo publicaron hace unos días y hay tremendo buzz con eso.

—¡¿Cubanos fabricando muebles para IKEA?! —saltó Bruno meneando como loco el ridículo apéndice que cierra su espinazo sin llegar a merecer el nombre de cola—. ¡Esa es una noticia estupenda! ¡Eso hay que celebrarlo ahora mismo!

—Explícate, cánido, nene, porque no le veo la gracia.

—A ver, amo. IKEA es una de las empresas más prósperas del mundo y encarna como pocas la idea de la globalización exitosa. Y nuestra Cuba —Bruno, como Marco Rubio, no ha visto a Cuba en su vida, pero igual que aquel cada vez que pronuncia el topónimo lo hace con lacrimosa firmeza— tiene una oportunidad de oro de subirse a esa estela. ¿No lo ves? Saber que hubo cubanos produciendo esos muebles que se venden en el mundo entero y son un símbolo de calidad sitúa a la clase trabajadora cubana en un lugar de privilegio. ¡Nos lloverán las inversiones en cuanto se vayan los Castro! ¡Todo el mundo querrá dar trabajo a esa mano de obra cualificada que ya cuenta con la bendición de IKEA! ¡Obreros de excelencia! ¡Es tremendo, de verdad! Huelo ese próspero futuro y ya sabes que mi olfato nunca falla.

—A ver, Bruno, hay una cosa, espera…

—¡La Silicon Island, amo! ¡Cuántas veces no te he dicho que seremos una Silicon Island!

—A ver, Bruno, ejem, lo cierto es que cuando IKEA recibió los muebles fabricados en Cuba, ejem, los desechó…

—No puede ser…

—Sí, por lo visto dijeron que eran una mierda, vaya…

Gruñó, se rascó un flanco con rabia. Olisqueó una de las bolsas.

—Entonces, todo sigue igual, ¿no? —preguntó con aire derrotado.

—Sí, bueno, esa es una forma de verlo que hasta ahora nunca ha fallado.

—¿Te importa que Lana se quede a dormir mañana? Se cumple una semana desde que nos olisqueamos por primera vez y no sé, va y…

—Ta’bien, dale, pero no quiero bulla.

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